domingo, 18 de septiembre de 2011

A cinco años de su segunda desaparición


MARCHAS Y HOMENAJES PARA RECORDAR Y EXIGIR JUSTICIA POR JORGE JULIO LOPEZ

A cinco años de su segunda desaparición

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia convoca a marchar hoy a las 15.30, desde el Congreso hacia Plaza de Mayo. A las 17 habrá también una movilización en La Plata.


Jorge Julio López fue visto por última vez al salir de su domicilio.


Organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos se movilizarán hoy a la tarde en la ciudad de Buenos Aires y en La Plata para recordar la segunda desaparición de Jorge Julio López, el sobreviviente del Circuito Camps y testigo central del juicio que terminó con la condena del ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense durante la dictadura, Miguel Etchecolatz. Albañil y militante de una Unidad Básica de su barrio, López fue visto por última vez hace exactamente cinco años, al salir de su domicilio en la localidad bonaerense de Los Hornos, para dirigirse a los tribunales a presenciar la audiencia de alegatos.

El Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que reúne a un centenar de agrupaciones no alineadas con el gobierno nacional, convoca a marchar a partir de las 15.30 desde el Congreso hacia Plaza de Mayo. “Resistiendo el silencio oficial y la desmemoria interesada, seguimos enfrentando la impunidad, exigiendo en cada hecho y en cada acto por Julio López”, explica el colectivo de organizaciones en la convocatoria, en la que se exige “aparición con vida, castigo a los responsables y basta de represión y asesinatos a los luchadores populares”.

Con las mismas consignas, Proyecto Sur convoca a marchar media hora antes, a las 15, desde Riobamba y Rivadavia. “Porque no se fue por sus propios medios ni por su voluntad” y “porque no aparece Julio, volveremos a marchar”, destacó la candidata a diputada Patricia Walsh. “Hace cinco años que decimos, aunque algunos no quieran oír, que ¡acá falta López!”, destacó, y afirmó que “denunciaremos la impunidad de ayer así como lo hacemos con la impunidad de hoy”.

La movilización en La Plata partirá a las 17 desde la Plaza Moreno hacia la Plaza San Martín. También se realizará un festival folklórico en la plaza que lleva el nombre Jorge Julio López, en 66 y 52, organizado por la Asamblea de Autoconvocados por el Ensanche de la avenida 66, para pedir justicia por López y para reclamar por la construcción de un hospital en el lugar donde funcionó una fábrica de tomates.

En tanto, el lunes a las 11, en Berisso, el intendente Enrique Slezack nombrará “Jorge Julio López, por la verdad, la libertad y la justicia” a la plazoleta ubicada en 18 y 156. El viernes, en el Pasaje Dardo Rocha, se presentará Desaparecido en Democracia, un libro de fotografías que reúne cinco años de intervenciones urbanas por López.

OPINION

Ni olvido ni perdón



Por Walter Roberto Docters *

Hace cinco años que muchos estamos esperando una respuesta efectiva acerca de la suerte corrida por Jorge Julio López, y el consiguiente juicio y castigo de sus secuestradores. La mayoría de los sobrevivientes de los campos de concentración hemos testimoniado incondicionalmente en pos de la memoria de nuestros compañeros, y en pro de una condena efectiva para los asesinos que tomaron en sus manos la atribución de creerse semidioses, capaces de decidir sobre la vida y la muerte de otras personas. Lo hicimos ilusionados, cuando se recuperó la democracia, y a partir del Juicio a las Juntas de comandantes se obtuvo una oleada de declaraciones.

Lo hicimos cuando nuestro esfuerzo y exposición parecían en vano, en los Juicios por la Verdad, dado que estaban vigentes las inmorales leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los indultos, que permitían que, aun conociendo la culpabilidad de los personeros de la muerte, igual caminen por las calles con todos nosotros.

Volvimos a hacerlo cuando un nuevo gobierno pidió disculpas en nombre del Estado y tomó la decisión política de derogar las vergonzosas leyes de la impunidad. De esta manera dejó la puerta abierta para retomar los juicios y buscar justicia, basada en la memoria como única manera de la construcción de un futuro realmente sano.

Parece increíble que se pudiera pensar que porque no había un Estado terrorista capaz de avalar su accionar los grupos fascistas iban a dejar de operar en su siembra de muerte. Sería una ingenuidad difícil de aceptar creer en una estructura tan simplista de pensamiento. Sin embargo, recién después de la desaparición de López se comenzó a tomar en cuenta la protección de los testigos, cuyos testimonios dan un basamento jurídico fundamental a los pedidos de condena. Ahora ha comenzado el juicio del llamado “Circuito Camps”, y si bien no es lo ideal, porque las causas no se unifican lo suficiente, igualmente se va a avanzar en la condena a más genocidas, entre los que se incluye un civil.

Con López compartimos algunas charlas, el reconocimiento del destacamento de Arana y los testimonios del juicio a Etchecolatz. Y su ausencia es una llaga abierta en toda la sociedad. Resulta imprescindible que la Justicia tome seriamente cartas en este tema, porque de su resolución depende también no dejar impunes a quienes aún se sienten con la posibilidad de decidir sobre el destino de todos nosotros. La desaparición de López es sólo uno de los amedrentamientos que hemos sufrido los sobrevivientes que atestiguamos. Aunque hayan escondido el cuerpo, Julio igual está con nosotros. López va a testificar con cada uno de nosotros. Todos somos Julio López y no nos van a poder callar hasta que todos los asesinos estén encerrados en una cárcel común.

* Sobreviviente del Pozo de Arana y Pozo de Quilmes y ex preso político de 1976 a 1983. Testigo en varios juicios.

Fuente: Pagina 12

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Un juicio donde falta Julio López

Por
Laureano Barrera
El proceso por el Circuito Camps se inició bajo la sombra de las dos desapariciones de un testigo fundamental.

Asesinos! ¡Torturadores! ¡Secuestradores!” Las invectivas de rigor resonaron con fuerza en el anfiteatro de la ex Amia, desde el público que colmaba la sala hacia los 26 represores que ocupaban una tarima, a la altura del escenario.
–¿Dónde está Clara Anahí, la hija de Diana Teruggi y Daniel Mariani? ¡Devuelvan a los chicos que se robaron! –se sucedieron, quebrando el murmullo de la mañana del lunes, antes del comienzo de la paciente lectura de requerimientos fiscales que dio formal inicio al histórico juicio que hará justicia con casi 300 víctimas de la policía bonaerense en la dictadura cívico-militar.
El martes, ya no hubo interpelaciones. No sólo la asistencia del público mermó: sólo estaban presentes doce de los veintiséis imputados, aquellos involucrados en los delitos cometidos en el centro clandestino que funcionó en la Comisaría Quinta de la capital provincial. Uno de los testimonios evocados fue el del testigo desaparecido, Jorge Julio López, que fue clave para la condena a prisión perpetua en 2006 al ex comisario Miguel Etchecolatz. Además, se reparó en la articulación del Destacamento de Inteligencia 101 como el “sistema nervioso central” del aparato represivo, y se dieron detalles del feroz ataque a la imprenta más importante de Montoneros, donde asesinaron a cuatro militantes y se llevaron con vida a la nieta de Chicha Mariani, Clara Anahí.
Esta semana, está previsto que se continúe el repaso de esos hechos, aunque esta vez focalizados en una segunda tanda de represores de la Comisaría Quinta. Una vez terminados, aún resta la lectura de tres grandes requerimientos más: el primer turno será para las acusaciones de la Brigada de Investigaciones de La Plata y el Destacamento de Arana, y luego –seguramente la semana siguiente–, el de Puesto Vasco, Coti Martínez, y uno más breve, sobre la apropiación de Pedro Luis Nadal García. “Están leyendo sólo los requerimientos del fiscal, aunque no descarto que se lean también los autos de elevación a juicio, como se hizo en el juicio de Unidad 9”, dice una fuente del Tribunal Oral, lo que extendería la etapa de lectura unas semanas más.

Cinco años después. El encuadre de la filmación es ya indeleble: muestra un primer plano de Jorge Julio López, con el cierre de su suéter color borravino a medio bajar y su camisa a cuadros, y luego de un paneo descendente, su mítica boina posada en el muslo derecho.
–El gangoso lo saca a Rodas y le dice: ‘¡Carayá hijo de puta!’ –suelta López con apasionamiento, el salón dorado de la municipalidad platense de fondo, en ese documento fílmico.
–A Rodas le decían carayá porque era paraguayo –precisa López–. Lo sacan; y por ahí siento un martillazo y un tiro. Sería una pistola con silenciador. Siento un tiro y un grito: ‘¡Ah!’. Y no habló más nada”.
El fusilamiento del albañil Norberto Rodas, en un centro clandestino de Arana –posiblemente un casco de estancia conocido como La Armonía– es uno de los pasajes más estremecedores de su relato. También contó cómo, por la mirilla de la puerta, vio cómo Etchecolatz fusilaba a sangre fría, a pesar de los ruegos de clemencia, a su referente de militancia, Patricia Dell’Orto, y su pareja Ambrosio Di Marco.
Pero López no podrá sentarse ante el Tribunal esta vez: pasadas las 10.30 de la mañana de hace 1.825 días, el 18 de septiembre de 2006, un vecino lo vio por última vez en la calle 66 al 2.100, frente a las oficinas de Los Hornos de Edelap. Encima del comercio vive una mujer policía que formó parte del círculo íntimo del condenado Etchecolatz. Nunca fue citada a declarar.
Sin embargo, su testimonio volverá a estar. El Tribunal Oral Nº1 aceptó el pedido de Justicia Ya! de que ese registro audiovisual se pueda proyectar. Volverán como un mantra, en las inflexiones de su voz, los asesinatos de Rodas, de Patricia y Ambrosio. Retornará, en sus ademanes vivaces, la evocación terrible de su propio martirio, a manos de Etchecolatz, o la de su primer secuestro: unos 100 bonaerenses volteando la puerta de servicio de su casita sencilla de 140 y 69, ésa que había levantado con sus manos de trabajo, vendándolo con su pulóver y un alambre y llevándoselo en un carromato policial.
Su secuestro el 27 de octubre de 1976 es uno de los casos que la justicia federal de La Plata comenzó a juzgar. No puede decirse lo mismo de la segunda desaparición, de la que ya no va a volver: desde marzo de 2009, cuando el juez Arnaldo Corazza se apartó de la causa por “daño moral” (la familia del testigo lo acusó de no protegerlo bien), la investigación vegeta por juzgados y fiscalías federales, presa de internas judiciales y mezquindades políticas. La última noticia relevante resultó ser un bleff armado por un testigo reservado y amplificado por el ministro Ricardo Casal: tres días de excavaciones infructuosas en el Parque Pereyra Iraola, más precisamente en el patio trasero de la Escuela policial Juan Vucetich.

Fuente: Miradas al Sur