jueves, 1 de marzo de 2012

Por qué ahora?

La sencillez es una de las maravillas de la buena comunicación. Y Gallardo explica, con sencillez, porque, justo ahora, se les ocurre denunciar su pasado. Solo los miopes de conciencia se pueden preguntar ¿Por qué justo ahora?, creyendo que todos son sus iguales: gente mezquina que sabe actuar "para la tribuna"

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Daniel Bordes

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Por qué ahora?

A 38 años y 4 meses de mi primer caída, con 17 años, cuando intentábamos organizar las juventudes democráticas contra la dictadura pocos días después de levantada la Huelga General, en mi pago, y dejaba mi melena iracunda (era epoca de melenas iracundas) en la peluquería del Batallón de Infantería No.10, y me llevaba mi primer plantón, la capucha, los golpes en los riñones, y un brazo invalido por mucho tiempo.

Por qué ahora?

A 37 años y 5 meses de mi segunda caída, con 18 recién cumplidos, cuando pegaba pegotines hechos por mi mismo en los baños del Liceo 14 pidiendo la libertad de los compañeros del ENE (Encuentro Nacional de Estudiantes) y el director Miguel Villasboas (si, el de las orquestas de tango) y la sub directora (cuyo nombre no recuerdo) nos entregaron (a mi y otros cros.)a la Seccional 15, a los calabozos de la secc. 15, donde dije que soltaran a los demás porque ellos no tenían nada que ver (en especial un coterraneo mio que había estado detenido por tupa, Lucas o Nieto de apellido) y desde donde los de la DNII me condujeron al Cilindro, para que días mas tarde el Ejército me zarandeara durante 45 días, desaparecido para mi familia, entre los calabozos del 6to. de Caballería y los vagones de ferrocarril del 4to de Caballería, donde convivimos hacinados, haciendo nuestras necesidades en bolsitas y apretando las narices contra las rendijas para respirar, y donde me aplicaron la política de amedrentamiento y humillacion que a algun "inteligente" se le ocurrió, y me venían a buscar todas las noches para embadurnarme de carburo en el baldío de la fábrica de carburo del cerro cuando me negaba a blanquear muros, y a aguantar dos simulacros de fusilamiento, palizas con ramas y palos, y el frío cuando me desnudaban, y el manoseo, claro, el manoseo.
Y mi madre recorriendo cuartel tras cuartel, logrando el milagro de hacerme aparecer, cuando encontró un comandante ex alumno suyo.

Por qué ahora?
A 36 años y 3 meses de mi tercer caída, 19 años, cuando la Justicia Militar me requirió por el caso multitudinario de la UJC de Treinta y Tres y personal de la DNII allanó mi casa paterna, se robó lo que quiso de ella y me encerró encapuchado y de plantón en la oficina donde se archivaba información de quienes salían y entraban al país,en Maldonado y Paraguay, para que en las madrugadas un oficial jugara a la ruleta rusa conmigo porque al estar alli sabía demasiado y luego me enviaran al cuarto piso de jefatura desde donde poco tiempo después me reclamaran nuevamente acusándome de ideólogo de un grupo de estudiantes de mi clase con quienes había hecho una monografía (Cultura y Aculturación) y que según nuestro profesor de sociología era digno de denunciar a las autoridades ya que habíamos tenido la osadía de darle un punto de vista marxista y para ello nada mejor que a través del nuevo director Aguirre quien nos entregó a la DNII (bueno, a ellos, yo ya estaba) y allá marcharon Concepción Chiribao de 17 años, Anita Goncalvez Kroger de 17 también, Fernando Galán de 18, Eduardo Nola de 18 y Bartolota de 19, y me los encontré a todos de plantón, golpeados y también manoseados, para pasar luego un buen tiempo en el 4to piso de jefatura (si, las de 17 también); 4to piso que dejo porque luego me trasladan al Cilindro donde Ewe y otros gurises del liceo Zorrilla y cientos de presos mas esperaban su destino incierto, para salir el día de la muerte de Franco, yo contento ante el juez Camps que me procesa por "Complicidad en atentado a la Constitución en el grado de conspiración" y de ahí al Penal de Punta Carretas.

Por qué ahora?
A 35 años y 9 meses de aquel día en que los "gambuza" me avisan que hay unos milicos que están haciendo los trámites para llevarme, y vienen los funcionarios a mi celda y efectivamente me dicen que "con todo", y al grito de "se llevan a gallardito" empieza a generarse el milagro, y uno a uno los compañeros empiezan a golpear, y uno a uno los gambuza del cuarto y del segundo y hasta del cantegril y dicen que hasta del patio del recreo empiezan a gritar y golpetear cuanta cosa metálica, y ollas y puertas y rejas, todos regalándome un pedacito de lo que pueden, un pedacito de su trueno, y el estruendo me cubre las espaldas y siento que se transforma en rabia del Teniente Luis Alves que me está esperando, que me pone con bronca la capucha mas estrecha y larga, que me ata con cables los brazos a la espalda, que me hace tirar como bolsa de papas en la Chevrolet del cuartel de Treinta y Tres para que un compañero testigo dijera con pesar en el patio "gallardito no vuelve"; y que llegara a 33 para que con el correr de los días y en el último submarino, cuando empujaron el ancho tablón donde me ataban desnudo y encapuchado me golpearan en la frente y atontado me ahogaran me ahogaran me ahogaran, para conocer la muerte por asfixia, si, la muerte por asfixia, para que me trajera de nuevo al aire, al oxígeno, el médico que asistía la tortura, y yo porfiado y por las dudas, antes que hablar, intentara irme una y otra vez, golpeándome contra las paredes del calabozo, y desde donde volviera, me volvieran, arrastrándome, ayudado por mis compañeros a la "tercera especial" para que pudiera decirles con lo que me quedaba de aliento "acá estoy, acá estoy, casi no vuelvo, pero si vine es para devolverles su trueno".

Por qué ahora?
A 35 años y 2 meses de un 8 de octubre de 1976 cuando volví al estruendo de la libertad y caminé enceguesido, aferrado a mi colchón, con la reiterada promesa de volver a buscarlos, a los del vagón, a los del penal, a los de jefatura, a los de los regimientos de caballería, a mis camaradas, a mis hermanos tupas.

A 33 años de empezar a cumplir mi promesa y a pesar de firmar regularmente mi libertad condicional por varios años en la DNII retomar los laberintos de contraseñas y seudónimos, de autocontrol, de milimétricos criterios de seguridad, de códigos de luces y marcas y señales y macetas, de gente amojosada diciendo cosas ridículas envuelta en hojillas de fumar en el corazón de un puño, de tejidos y destejidos, de madejas pacientemente armadas y pacientemente desarmadas para esperar otros telares, en su momento, en el momento preciso, porque ellos seguían allí, seguían en todos lados, nos seguían por todos lados, caminando, en los ómnibus, durmiendo, si, señor juez, también estaban en los sueños.

Por qué ahora?
A 32, 31, 30... tantos años portando fueguitos, de aqui para allá, de allá para mas lejos, y de allá para acá de vuelta, porque aveces se nos apagaban, nos los apagaban, y ahora sabemos: nos los enterraban; de talones curtidos, de aliento de bestia, acorralada al final, desesperada, de reponernos de un golpe y de otro y de otro y de otro, de meternos en ratoneras y salir airosos y cargados con el mayor botín, de engañarlos a solo dos cuadras de su cabeza, de huir y vivir a monte pero no huir ni perdernos en el monte, volver como una pesadilla, su pesadilla, buscaban una dirección de superhombres, buscaban cabezas, no podía ser, tenían que estar por algún lado, a fines del 81 dan en el blanco, nos dan, nos dan, y ya era tarde, ya estabamos armados en 3 meses, y nadamos hasta la orilla, apagamos las luces y llegamos a la orilla!, apagamos todas las luces y sacamos a relucir el trueno de los presos y llegamos a la orilla, señor juez! apagamos todas las luces, rompimos con el trueno de la gente, "venciendo la soledad" decían esos gurises y estaban en la calle! que yo los ví, no podía estar todavía pero los ví los escuché como escuché de lejos también la música inconfundible de la libertad de los ríos!

Por qué ahora?
A 26 años de haber parado todos aquellos autos y ómnibus y camiones allá por Nuevo París, y del abrazo de la promesa cumplida, mudo abrazo, porque de aquel nudo solo podía salir un pequeño arroyito, como el de mi querido Olimar, ni eso, como el Yerbal si acaso, contenido para dar fuerza, para encontrar fuerza, para buscar desesperadamente la fuerza perdida del náufrago.

Por qué ahora?
A tantos años y tan pocos, dias, horas, de la devaluación de las palabras plebiscitadas por el miedo.
No se trata de la oportunidad precisa, de otro momento milimétrico, de una ocasión planificada, de un golpe magistral, de una catarata política,
de la frialdad militante de otro contexto, de otro mundo, de otros. Se trata de otra orilla, se trata de nuestro océano, de "nuestro" océano, el propio, el de cada uno, se trata de una solita persona, se trata de mi, de mi carga, de mi película personal, señor juez, que me costó subir esos escalones del juzgado, que me costó preparar el foco, visualizar la pantalla, golpetear el proyector...
usted vió, usted lo vió y quiso ayudar, me consta
se me cortó varias veces la cinta
fueron aquellos nudos del mudo abrazo
mi cara apretujada entre la pared y el fondo de un tanque de agua
mi nariz y pulmones intentando meter noche en un vagón
la manzana roja de las presas del Batallón no. 10
mi revolcón en el carburo que ardía en el alma
mis hermanos del alma de los calabozos
mis hermanos del alma de los laberintos
mi madre golpeando portones
mis hijas grandes que eran tan chiquitas
tan chiquititas
mi hijo chico que tendrá que ser grande

Y eso es ahora, señor juez.


Fernando Gallardo (alias Juan, el canario, el chiche)