viernes, 4 de marzo de 2011

Merece una respuesta señor presidente.



Mujica sobre la ley de Caducidad:

"Aprender a convivir"

Mujica expresó que cumplió con el compromiso de "hacer respetar en todos sus términos la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado" y de seguir aplicando el artículo 4º de dicha norma. Expresó que debemos "aprender a convivir" con las heridas del pasado, "convivencia que no significa aceptación o resignación, simplemente intentar que las mismas no nos impidan avanzar como sociedad".

Luego acotó que como presidente tiene la obligación "de aceptar lo que toda la sociedad, por intermedio de sus representantes o por sí, decidan" respecto a la ley de Caducidad. Pero aclaró que "siempre que ello encuadre en el más estricto respeto por el pacto más sagrado de todos, el que se refleja en nuestra Carta Magna".

Difundirlo es sembrar Memoria.

Merece una respuesta.

La identidad ya sea la individual o la de un grupo o de una nación se construye esencialmente sobre el fundamento de la memoria a través de la relación que mantenemos con el pasado.

Y para toda nuestra sociedad ese pasado está ensangrentado, por más que se lo quiera ocultar.

La violencia ejercida por el Estado a través de sus funcionarios (policía y ejército) provocó la violencia social, sojuzgando a una sociedad entera durante años desplegando una acción mortífera.

Por esa razón hablamos de –terrorismo de Estado-

El estado fue responsable de haber ejecutado políticas económicas, siempre lo es.

Y para llevar adelante esas políticas o recetas que fueron mandatadas desde EEUU, devinieron en un plan de demolición de una buena parte de la sociedad uruguaya que enfrentaron esos planes, con protestas populares en diferentes frentes o “trincheras”.

Demolición que causó persecución, cárcel, asesinatos políticos, exilio, y desaparición de personas; todo mediante torturas aplicadas a los opositores al régimen.

La desaparición forzada.

Este fue uno de los más crueles métodos empleados como represión; hasta nuestros días.

Las personas fueron secuestradas en forma clandestina, (por uniformados del ejército, policías o personas de civil pertenecientes al Estado).

Luego torturadas ferozmente y luego….la desaparición.

Esta modalidad dejó a casi 200 personas uruguayas en el cono del silencio, de la impunidad, hasta nuestros días.

Y usted señor presidente nos habla de “aprender a convivir”.

Las familias de los desaparecidos tienen que convivir obligadamente, durante décadas

con el dolor, con la angustia, de nos saber nada de sus seres queridos.

Casi todos ellos se preguntaron muchísimas veces, le diría que todos los días: si las torturas habrían cesado. O si estarían perdidos por algún lugar, a consecuencias de los malos tratos, y no recordaran como volver a sus casas.

Cada vez que sonaba el timbre en sus casas, ansiaban que fueran ellos… los suyos…

Cada llamada telefónica… las madres pensaban que eran ellos…los suyos. .sus hijos.

Con cada indicio de algún dato renovaron su esperanza… de encontrarlos a los…suyos

…vivos.

En la casa de una madre, la silla que ocupó su hijo; a pedido de ella

al resto de su familia, impedía que fuera ocupada… porque volvería.

Aunque han pasado ya décadas de estos hechos, le aseguro que en su fuero más íntimo aún los siguen esperando vivos.

Sabe señor presidente: mantuve una estrecha relación con María Ester Gatti, como otras personas que la quisieron también.

Un día había tenido que internarse por un mal, en el inicio de lo que luego devino en su muerte.

Cuando llegué con otra compañera a la cual también, María Ester le profesaba su cariño y confianza… nos mira a las dos… y dirigiéndome a mí me dice: ¿sos mi hija?

Y dice usted: “con las heridas del pasado”… ¿pasado? Señor presidente.

Y continúa diciendo: “convivencia que no significa aceptación o resignación, simplemente que las mismas no nos impidan avanzar como sociedad”.

Una sociedad señor presidente, no se funda sobre la mentira y el ocultamiento de la verdad. Queremos recuperar a nuestros muertos para darle la sepultura digna que se merecen. Porque Ellos son una parte de nosotros mismos, de la condición humana y de la sociedad toda.

Y por último: mirar el pasado significa afrontar las responsabilidades en tanto individuales, colectivas y como Estado.

¿Acaso no estábamos con ellos, en las mismas “trincheras?