viernes, 11 de marzo de 2011

Ellos testimonian luego de 37 años.



Ellos testimonian luego de 37 años.

La memoria del horror subió a la superficie, este jueves en el juzgado de la calle Misiones, acá en Montevideo- Uruguay.

Ellos son mujeres y hombres que pasaron la barrera de los 50 años de vida.

Llegaron en grupo ayer jueves y hoy viernes, acompañados por otros compañeros- CRYSOL y el gremio de –Suntma -para mencionar.

Fueron citados por la jueza Mariana Motta, y la fiscal Ana María Telechea, por el inicio de la causa presentada por torturas, en esa unidad de la fuerza aérea llamada: Boiso Lanza.

El disparador de esta causa fue el hallazgo de los restos del militante Chávez Sosa- en la chacra de Pando y la búsqueda infructuosa de los militantes Arpino Vega y Abel Ayala, que permanecen desaparecidos y que también estuvieron detenidos y torturados en esa unidad aérea.

Hoy.

Se los vio emocionados, sensibles; un golpe a la emoción, pero esta vez sanadora.

“Tantos años para poder contarle a la justicia todo lo que pasamos; es un privilegio”

Dijo un hombre que ya anda por los 60 años.

Ayer.

La tortura configura un cuadro de alto impacto emocional con derivaciones fisiológicas y psíquicas.

Significa que se pone en juego todo un universo de efectos químicos y emocionales en el cuerpo.

/ “en los primeros momentos en que éramos capturados pasábamos al estado de amenaza permanente a nuestra integridad física y psíquica. Desde el primer momento nuestros cuerpos eran sometidos a salvajes torturas.

Los primeros minutos del secuestro: La indefensión de no saber que va a pasarme.

Allí comienza a funcionar el cuerpo como primera forma de defensa.

Aumenta la fuerza muscular y arterial. La respiración se torna agitada en extremo, corta, alta. La actividad cardiaca en paroxismo: taquicardias. Las descargas internas, corporales de las llamadas “hormonas del estrés”, adrenalina, cortisona, serotonina, endorfina en forma continua.

Y en el plano psicológico:

La atención activada en estado de alerta, los gritos, los ruidos se amplificaban a nuestro alrededor

. Se producía embotamiento de la emoción, disociación interna: replegado en sí mismo.

Al dolor del cuerpo se sumaba el dolor del espíritu, con aquellas torturas que no dejaban huellas visibles como las violaciones a mujeres y hombres por igual.

Pero a su vez se volvían a amplificar los dolores, el miedo, el terror de sentir los gritos de los otros/as, de familiares, hijos, hermanos.

Esto nos dejaba en la incertidumbre e impotencia de no saber si tuviese un fin inmediato, certero. Permanecíamos por días, meses viviendo de esa forma. Era estar a disposición de ellos: los torturadores.

Los cuerpos cimbraban, sudaban de miedo, se erizaba la piel como primera alarma de peligro.

Y el cuerpo psíquico respondía tratando en céntimas de segundos, elaborar y volver a codificar nuevas alternativas de contrarrestar los peligros descargando más y más hormonas del estrés invadiendo todo el cuerpo, todos los cuerpos. Sintiendo el propio dolor y el ajeno.

. “Llovían de todos lados los golpes”. Siento la carrera de pasos de botas, llegan más. Más golpes de karate, y patadas, yo también me defiendo y grito. . Los cables estaban pelados en las puntas y los pasaban por mi cuerpo de 19 años. Yo seguía gritando pidiendo auxilio. Insisten con agua, me tiran un balde con agua sobre el cuerpo. Así siguen un rato más. Sigo sintiendo los gritos desgarradores de los otros compañeros.

me bajaron la escalera de arrastro no podía caminar, y me dejaron tirada en un calabozo.”

Son infinidad los relatos del horror vivido.

Hay responsables de todo esto: de las muertes por torturas, de los daños que persisten hasta hoy en muchos que aún no pueden relatar.

Hay culpables de estos delitos de Lesa Humanidad.

Hoy se depositó en la justicia la verdad, para que se logre la sanción a quienes ejercieron desde el estado estos delitos que aún siguen impunes con una ley que los ampara.

¡Por Verdad y Justicia Nunca Más!

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