General
(r) Pedro Aguerre
Defensa por izquierda
General Aguerre cuestiona misiones en
Haití y plantea reducir número de militares.
El general retirado Pedro Aguerre,
padre del actual comandante en jefe del Ejército, está escribiendo un libro
sobre el grupo de oficiales "constitucionalistas" del que formaba
parte, que fueron detenidos antes del golpe de Estado en 1973. la diaria
dialogó con Aguerre sobre sus tareas como asesor del Ministerio de Defensa, los
intentos por investigar el asesinato del coronel Trabal, las misiones de paz y
las Fuerzas Armadas que debería tener Uruguay.
-Estuvo trabajando en el
Ministerio de Defensa durante el primer gobierno del Frente Amplio. ¿Qué tareas
desempeñó?
-Sí, estuve más de un año como asesor
honorario de la ministra Azucena Berruti, como compañero de partido, no como
funcionario. Le puse como condición que siempre le iba a decir lo que pensaba y
no lo que quería oir, y que no quería cobrar porque ya tenía mi sueldo de
retirado. Soy general ascendido en base a una ley de reparación para militares
perjudicados por la dictadura por razones políticas. Trabajé desarrollando las
carreras que había tenido cada uno de los militares perjudicados para
repararlos. Se logró eso con los oficiales, pero un día llevé una lista de 41
suboficiales -a los que ahora les dicen personal subalterno, que es de soldado
a suboficial- y si bien para todos ellos el grado máximo es el de suboficial,
la ley orgánica militar establece que luego de 30 años de servicio se retiran
como teniente primero. Al llevar esa lista, que eran los primeros de casi 173,
[Azucena Berruti] me dice que eso no corresponde porque es demasiado caro; para
mí no era un problema de gastos, era el cumplimiento de una ley, así que le
dije que estuve 11 años preso por defender a todos lo uruguayos y que no podía
traicionar a mis subalternos, la saludé y me fui para mi casa. Todavía hoy no
han podido cobrar como corresponde, ni han sido reconocidos.
-¿Cuándo fue detenido por
primera vez?
-El 26 de junio de 1972 fuimos detenidos el
coronel Pedro Montañez, el capitán Rodríguez, 13 aviadores y yo, que
conformábamos una corriente de opinión legalista, y los servicios de
inteligencia ya sabían que nosotros nos íbamos a oponer al golpe. Para mí, el
golpe de Estado fue el 9 de febrero de 1973 porque fue una rebelión militar
triunfante que cambió la
Constitución y si eso no es un golpe, ¿que es? Desconocer al
presidente, al nombramiento del ministro de Defensa [Antonio]Francese,
imponerle el Cosena [Consejo de Seguridad Nacional] al Poder Ejecutivo... Fue
un gran error de la izquierda confundir defensa del presidente con defensa de la Presidencia. Estaba
preso cuando escuché el discurso de [Liber] Seregni que dijo: "Ahora todos
unidos civiles y militares", como avalando eso. Una vez le escuché decir
al Pepe D'Elía, ya veterano, que cada vez estaba más convencido de que la
huelga general tendría que haberse hecho en febrero.
-Tuvo una relación muy
cercana con el coronel Ramón Trabal.
-Éramos consuegros y nos conocíamos desde la Escuela Militar.
Cuando me liberaron por primera vez, Trabal me fue a ver y me dijo que no tenía
nada que ver con eso. Y era el jefe de los servicios de inteligencia. Eso
demuestra que había varios servicios trabajando, los golpistas tenían el suyo,
los norteamericanos también. En 1986 fui a un congreso de sociología militar en
España y luego me escapé a Marsella, hablé con la hermana de Trabal y me dijo:
"Usted va a chocar contra un muro". Estuve con el jefe de contraespionaje
en Francia, un almirante retirado y me preguntó: "¿Por qué quiere
averiguar sobre Trabal?", le digo: "Porque los nietos de Trabal son
mis nietos y yo quiero la verdad porque no creo la versión oficial". Es
ridículo decir que fueron los tupamaros, cuando tenían a todo el comando preso,
y atentar contra Trabal era ejecutarlos. Hay elementos que me permiten decir
que él estaba en una averiguación sobre un contrabando de armas. Le mandó el
dato a Núñez, que era ministro del Interior, de que habían desaparecido 192
fusiles en el Aeropuerto de Carrasco. En la investigación sobre su muerte
trabajaron cuatro cuerpos de la
Policía francesa y no pudieron averiguar nada. Si existe una
fuerza tan poderosa que es capaz de hacer callar de inmediato a las cuatro policías
francesas no creo que esté en Uruguay. Además, lo matan dos días después que se
publica en The Guardian de Londres una entrevista que le hacen sobre el futuro
de lo que ellos llamaban la revolución en Uruguay. Trabal dice que la
revolución se desvió de sus fines: "Tengo que volver allá para ponerla en
orden, pero todavía no es el momento", y expresa que la solución va a ser
como en Portugal, los oficiales progresistas con el pueblo organizado. Ahí hubo
una mano extranjera de mucho poder que creía que Trabal era un peligro. Los de
acá lo pusieron en el plato y alguien cumplió con la tarea.
-¿Nunca se planteó que los
militares que se opusieron al golpe volvieran a cumplir funciones?
-No, incluso tomaron la medida para hacer eso
imposible. Cuando [Julio María] Sanguinetti nos levanta la situación de reforma
(un tipo de sanción militar) nos pasa a todos a retiro, incluso a los que
estaban en condiciones de restituirse por edad y carrera. Además, nosotros
pasamos por tribunales de honor, y a los que hoy están en la cárcel de Domingo
Arena nunca se les hizo tribunal, quiere decir que para el Ejército lo que
hicieron no afecta el honor de la institución.
-¿Cree que hubo una guerra
entre dos bandos?
-La actividad de los tupamaros es anterior a
la dictadura. La guerra que hubo entre el Movimiento de Liberación Nacional
[MLN] y el Ejército duró cinco meses, de abril a setiembre de 1972. Luego el
Ejército declaró terminado el enfrentamiento, pero siguieron tomando el poder.
-Pero hubo reuniones entre
el MLN y militares, hay una historia de encuentros.
-Ellos tuvieron negociaciones que fueron
cortadas por el general Esteban Cristi. Habían llegado al punto de un arreglo
para terminar primero la tortura, que se soltara a los enfermos y,
progresivamente, a los demás. Pero la simpatía es recíproca. Para los Tenientes
de Artigas el nombramiento de [Eleuterio Fernández] Huidobro fue una
satisfacción. Pero es una parte de las Fuerzas Armadas y una parte de la
izquierda, no todos.
-¿Qué piensa de la
participación en misiones de paz?
-La de Haití la rechazo totalmente porque fue
una intervención para ayudar a los estadounidenses a hacer lo que no quisieron
hacer sus tropas. Dieron un golpe de Estado exterior sacando al presidente de
la cama, pero no quisieron continuar con sus soldados ahí porque iba a ser un
desastre y mandaron a otros países como Uruguay. Este país, que no le paga lo
suficiente a los soldados, está trabajando como proveedor de mercenarios. Los
soldados están en el cinturón de miseria de las ciudades y el campo, estan
viviendo en el mismo barrio que los delincuentes porque ganan 6.000 pesos por
mes. Entonces la salida es aceptar ir a una misión de paz, utilizan eso como
supervivencia y el Estado no se anima a pagarles más.
-¿Cómo deberían ser las
Fuerzas Armadas ahora?
-Primero hay que reducir los efectivos, antes
de la dictadura había 16.000 y ahora estamos casi en el doble, está
sobredimensionado. La función está específicamente determinada en la Constitución :
proteger la independencia, las fronteras, la seguridad y los habitantes. Pero
la conducción está totalmente equivocada. No hay que depender de una potencia
extranjera en la provisión de armas y municiones; un país se defiende con lo
que tiene, no con armas regaladas, cedidas o compradas. Ningún país pobre y
dependiente puede tener una fuerza armada capaz de defenderse de un ataque
extranjero. Se compraron ahora armas modernas, ¿para qué? La solución es tener
una fábrica propia de armas portátiles, precisamos aviones para cuidar la
frontera del contrabando de drogas y barcos para cuidar la pesca, sobretodo las
11 lanchas que tenemos en Haití, que las van a traer de vuelta cuando ya no
sirva para nada. El Ejército como defensa no nos sirve porque es odiado por la
población, y la defensa tiene que ser de la sociedad. Mientras no haya una
imbricación del tejido social y un soldado sea bien recibido en cualquier casa
civil no hay defensa nacional posible.
-¿Usted cree que es
necesario que siga existiendo el Liceo Militar?
-Sí, claro, porque el Liceo Militar sirve a
la gente del interior que no puede mandar a su hijo a estudiar a Montevideo. Se
vienen y hacen el liceo ahí porque tienen comida y techo. Además, 40% de los
alumnos no entra a la
Escuela Militar , o sea que lo que menos aflige es el Liceo
Militar. Lo que sí hay que hacer es que el Parlamento controle la enseñanza en
las escuelas militares, que pueda ver lo que se estudia, que haya un delegado
que tenga acceso directo a los entrenamientos, a los ejercicios, y no depender
de lo que le informan con papeles. Eso evitaría las barbaridades como la de
enseñar a los cadetes a criar un perrito y luego matarlo con las manos.
-Hay gente que plantea un
modelo como el de Costa Rica, sin fuerzas armadas...
-Lo de Costa Rica sólo sirvió para que
Estados Unidos apoyara a Somoza desde ahí, porque no había ejército. Pero,
además, tiene una policía que tiene tanques, aviones, todo lo que tiene un
ejército, pero con otro nombre. Tienen el inconveniente que los mandos los
nombra el gobierno cada vez que asume. Es una fuerza armada partidizada porque
cambia el jefe cuando cambia cada partido en el gobierno.
Luis
Rómboli
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