domingo, 17 de junio de 2012

Difundirlo es sembrar Memoria.

Editorial.
Con el paso de las horas de la jornada vivida ayer 8
de junio en Mercedes, las emociones comienzan a decantarse.

En mi función de fotógrafa, una tiene que estar atenta a los
hechos que se van presentando delante de nuestra mirada.

Un recorrido previo y largo de nuestra vista; intenta interpretar lo
que va sucediendo, nos
pone en alerta y allí en ese instante una dispara la foto que quiere
capturar;
para dejar el documento necesario.

Se vive con intensidad, se vive pensando en el después de la
foto.

El corroborar si se logró trasmitir la emoción, que reinó en
el lugar de los hechos.

Muchas veces una se repara detrás del visor para que no
invadan las emociones y poder anteponer la imagen al llanto.

Otras veces sencillamente se baja la cámara, y ella reposa
serenamente hasta que pase el vendaval de los recuerdos vividos.

Desde el inicio de la salida desde el sindicato de AUTE; allí
el encuentro fraterno, los saludos, los abrazos para emprender el
viaje con El.
Con Ricardo Blanco Valiente.

Abriendo él, la caravana con los viejos luchadores/as, que con él
pelamos
contra la prepotencia del pasado
despiadado, inmoral y
totalitario.

Dirigía Él; el último
viaje con todos nosotros, magnífico, gallardo, leal a sus principios y
a sus
compañeros de lucha.

Allí en Mercedes, su ciudad natal, que lo vio recorrer esas
callecitas de adoquines, esas esquinas donde supo conspirar con los
suyos,
donde cobijaron sus sueños de un Uruguay mejor. Llegó para quedarse
definitivamente con los suyos: con su familia, con sus compañeros del
Partido Comunista Revolucionario.

Las banderas rojas,
con su martillo amartillo de su partido, rojas brillantes debajo del
sol, portadas por jóvenes de este tiempo.

Sus hijas, su esposa su nieto lo recibieron con ternura, con
amor infinito.

Una placa que lo recordará en todas las reuniones del
sindicato, porque vino para quedarse.

La larga marcha a pie hasta su lugar necesario, en silencio
solemne, con las fotos de todos los
desaparecidos.

Mi cámara disparaba ráfagas intermitentes queriendo no dejar fuera un
instante de ese
encuentro con él.

Y allí iba el jovencito quizás de 14 años, su nieto;
circunspecto serio durante todo el día.

Yo lo miraba y pensaba que sentirá, con tal magnitud de
circunstancia.

Y sentía el dolor de su pérdida, por los abyectos militares que hoy
nos siguen
insistiendo con su “honorabilidad” de su lucha contra la subversión.



Pero también mientras iba delante de la marcha con mis
colegas fotógrafos, masticaba la bronca por esas frases insultantes
de los “pobres viejitos”.

Luego vino el responso del cura del pueblo, el último adiós
de sus hijas, hermanos y esposa.

Y allí quedó para siempre con todos nosotros.

Por Verdad y Justicia!

Juicio y Castigo a los
responsables de su asesinato!
MARTHA PASSEGGI.
reportera-gráfica.