sábado, 14 de abril de 2012

VIDELA CONFESÓ QUE CADA UNO DE 8.000 DESPARECIDOS SON EL “ENMASCARAMIENTO DE UNA MUERTE”



Ex dictador argentino admitió
desapariciones en su gobierno

El ex dictador argentino Jorge Rafael Videla reconoció por primera vez que el régimen militar que encabezó en los años setenta mató a entre “siete mil u ocho mil personas” que habían sido secuestradas o detenidas y aseguró que hicieron desaparecer los cuerpos para evitar “protestas”.

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“Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión”, dijo al periodista Ceferino Reato para su libro “Disposición Final, la confesión de Videla sobre los desaparecidos”, del cual un adelanto fue divulgado por la prensa argentina.

En entrevistas realizadas entre octubre de 2011 y marzo de 2012 en la cárcel federal de Campo de Mayo, Videla sostuvo que “cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte”.

“No había otra solución”, sostuvo y expresó que en el régimen “estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Había que eliminar a un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas”.

Videla encabezó la junta entre 1976 y 1981. Esos años fueron los más duros de la represión de la dictadura que se extendió hasta 1983 y durante la cual desaparecieron unas 30.000 personas, de acuerdo con los organismos de derechos humanos.

En “las confesiones” de Videla se detalla el “método” que usó el régimen para reprimir, al tiempo que se subraya la importancia de la llamada Doctrina Francesa en la lucha contra los grupos armados, que había sido utilizada en Indochina y Argelia y fue enseñada a los militares latinoamericanos.

Reato grabó 20 horas de entrevistas en la celda 5, donde se encuentra el ex dictador condenado por cr menes de lesa humanidad. El ex represor admitió además que el régimen hizo desaparecer los cuerpos de personas que habían sido muertas en tiroteos, como el caso del jefe del grupo armado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Mario Santucho.

“Era una persona que generaba expectativas; la aparición de ese cuerpo iba a dar lugar a homenajes, a celebraciones. Era una figura que había que opacar”.

Según explicó, “la frase ‘solución final’ nunca se usó. ‘Disposición final’ fue una frase más utilizada; son dos palabras muy militares y significan sacar de servicio una cosa por inservible. Cuando, por ejemplo, se habla de una ropa que ya no se usa o no sirve porque está gastada, pasa a disposición final”.

La represión en los 70 ya era ejercida por el gobierno de Isabel Martínez de Perón, a través del grupo paramilitar Alianza Anticomunista Argentina (AAA) contra dirigentes peronistas principalmente, tanto del campo popular, como sindicalistas y de grupos armados, entre ellos el ERP, que no era peronista.

Videla contó que el país estaba dividido en cinco “zonas”, establecidas antes del golpe del 24 de marzo de 1976. El jefe de cada una de esas “zonas” pidió entre enero y febrero de ese año una lista de personas que debían ser apresadas de inmediato tras el derrocamiento de Martínez de Perón.

En el libro hay testimonios de otros jefes militares, al igual que sindicalistas, guerrilleros, políticos y funcionarios a fin de dar un contexto histórico del golpe y el régimen militar.

SE ARMARON LISTAS DE PERSONAS A ELIMINAR

Militares consultados por el periodista Ceferino Reato le dijeron que las listas de personas a detener y a desaparecer estaban armadas con los nombres de “líderes sociales” y “subversivos”.

Los nombres fueron brindados por los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, aunque también hicieron aportes empresarios y ejecutivos, sindicalistas, funcionarios nacionales y provinciales, profesores y dirigentes políticos y estudiantiles. Gran parte de los muertos y desaparecidos surgieron de esas listas, afirmó Videla.

“Por su preparación militar e ideológica, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) era más enemigo que Montoneros (grupo armado peronista); era algo ajeno, otra cosa. Montoneros guardaba algo del nacionalismo, del catolicismo, del peronismo con el que había nacido”, expresó el ex dictador.

Aseguró que “No hay listas con el destino final de los desaparecidos. Podría haber listas parciales, pero desprolijas. Nuestro objetivo era disciplinar a una sociedad anarquizada. Con respecto al peronismo, salir de una visión populista, demagógica; con relación a la economía, ir a una economía de mercado, liberal. Queríamos también disciplinar al sindicalismo y al capitalismo prebendario”. “Dios sabe lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace. Yo acepto la voluntad de Dios. Creo que Dios nunca me soltó la mano”, manifestó. Según indicó Ansa, la dictadura militar argentina (1976-1983) fue la más sangrienta de la historia del país con la aplicación de un plan sistemático de desaparición forzada.