jueves, 19 de abril de 2012

Es bueno recordarlo

De: Raul olivera alfaro



SANGUINETTI EL CONQUISTADOR.

¿Se habrá acordado el ex presidente Julio M. Sanguinetti, en su libro, “La Reconquista” presentado en el día de ayer, de este episodio?

El que relata el hecho es José Luis Guntin, en su libro La vida te da sorpresa, publicado por Fin de Siglo en abril de 2010.

Guntin: fue redactor responsable del semanario Opinar, hombre de confianza del Dr. Enrique Tarigo, senador suplente y sub director del diario El Día. Candidato del partido colorado a diputado en 1994. Director del Canal 5 durante la administración de Sanguinetti.

* * *

Pero la aprobación del plebiscito, y la proximidad de las elecciones nacionales, obligó a realizar al referéndum primero, sin más dilatorias. Sería antes de los comicios internos colorados. Los demás partidos no tendrían elecciones internas.

Es en este momento, que las cosas comienzan a rodar mal para Tarigo.

Sanguinetti, en la imposibilidad constitucional de ser el paladín en contra del “voto verde”, le traspasa esta responsabilidad a quien había sido su compañero de formula. Él sería el vocero del ‘“voto amarillo” en el plebiscito.

En esa condición, grabó cantidad de anuncios hablando a favor de reafirmar la ley que amnistió parcialmente a los militares. De cómo España había perdonado a uno y otro bando para salir del franquismo, y varios otros ejemplos.

Para Sanguinetti era más importante el triunfo en el referéndum que la victoria de Tarigo en las elecciones internas, porque de no lograr lo primero, tendría un enorme problema institucional. Pero ese papel de tener que ser el gran enemigo del voto verde, a Tarigo lo fue desgastando. Los partidarios de anular la Ley de Caducidad lo comenzaron a odiar y esto tendría sus consecuencias en las urnas, en esas internas tan particulares en que podía votar cualquiera, sin importar de qué partido fuese ni los motivos por los cuales lo hacía.

Pero volvamos al plebiscito, en las jornadas previas a la votación. El “voto verde” hacía mucho más ruido y las encuestas indicaban que se aproximaba peligrosamente a ser la mayoría. Cada día, descontaba diferencia.

Sanguinetti estaba muy preocupado y, cuanto mas inquieto, más eran los avisos que le hacía hacer a Tarigo.

Las cámaras de Canal 10 siempre se encontraban prontas para filmar por orden de De Feo. Los publicistas asesores eran el gordo Ferrero y Roberto Ceruzzi (de Corporación Thompson), y muchas de las reuniones se llevaban a cabo en la residencia presidencial.

Yo, como hombre de confianza de Tarígo, participé en muchas de ellas.

Y así fueron pasando los días y cada vez se fue acercando más la jornada de la votación.

Lo que les voy a contar ahora, sucedió durante la última jornada en que se podía realizar publicidad, es decir, dos días antes del referéndum.
Esa mañana, temprano, serían las nueve, me llamaron urgente de Presidencia para que concurriera al edificio Libertad. Fui lo más rápido que pude.

Subí al séptimo piso y en el despacho del presidente estaban, sentados alrededor de la mesa, Sanguinetti, Tarigo, Miguel Ángel Semino, secretario de la Presidencia, Jorge de Feo, el ingeniero Horacio Scheck de Canal 12 y Walter Nessi, prosecretario de la Presidencia.

Los saludé rápidamente, porque imaginé que el tema era grave y urgente para convocamos tan temprano en la mañana.
Apenas terminé de saludarlos, el Presidente me dijo que estaban deliberando acerca de un aviso, un tape, que el día anterior, a última hora, había llegado a los canales proveniente de la Comisión pro Referéndum.

“Queríamos que lo vieras y nos dieras tu opinión”, me dijo Sanguinetti. Le contesté: “bueno”, e inmediatamente salí detrás de Nessi a mirarlo.

Me llevó, yo lo seguía, a una sala repleta de televisores, monitores y aparatos de video. Me senté frente a uno que él me indicó e hizo rodar la publicidad en cuestión.

Aparecía en la pantalla una señora que inmediatamente reconocí. Era Sara Méndez y en el tape hablaba de su tragedia y la de su hijo, Simón Riquelo, desaparecido años atrás.

Hablaba con mucha calma, mirando a la cámara, y contaba su dolor de madre de no saber dónde estaba su hijo. Y afirmaba que el triunfo del “voto verde” podía ayudar a que lo encontrase, porque las circunstancias de su desaparición se investigarían más a fondo. Y que por eso, ella le pedía a quienes la escuchaban que votaran “verde” el domingo próximo, para que ella pudiera reencontrase con su hijo. Todo dicho de un modo muy convincente.

Le pedí a Nessi que me lo dejara ver varias veces. Lo más impactante del aviso era que, después de hablar Sara Méndez, cuando ella se quedaba callada, la cámara continuaba fumándola unos cinco segundos en silencio.

Su cara, su angustia, sus deseos de recuperar a su hijo, su dolor, estaban todos en esos instantes en que ella no hablaba, pero que seguía en pantalla.

Después de la quinta vez en que lo pasó lo miré y le dije a Nessi: “Está muy bueno”. Entonces, él me dijo que tenía otro proyecto de comercial que quería mostrarme. “Dale”, le contesté.

Ahí me llevó a otro monitor y lo encendió. Comenzaron a aparecer las imágenes y el audio.

Se trataba de otro aviso, no muy acabado. Se refería a la muerte de Pascasio Báez, el peón rural que asesinaron los tupamaros, con total sangre fría, en una “tatucera” cercana a Pan de Azúcar, simplemente porque podía advertir a los uniformados lo que había visto por casualidad.

Pero el spot filmado era largo y confuso. No estaba bien estructurado, y aunque por supuesto eso se podía arreglar, no era un aviso para nada efectivo si se pasaba solamente durante una jornada. El otro, el de Sara Méndez, si.

Se lo dije enseguida al prosecretario. Él quedó un poco desanimado ante mis palabras, porque creía que con este comercial neutralizaría el efecto del otro. Le expresé que, para mí, no sería así. El aviso de Sara Méndez era muy efectivo en un único día de salida al aire, el otro no. No le quise señalar que el suyo estaba confuso y mal realizado, porque ése no era el punto, pero le aseguré que, en mi opinión, era muy superior el efecto de la pieza enviada por la Comisión pro Referéndum. El contraaviso no servia de nada.

Walter me miró con cara de desilusión y me dijo que volviéramos al despacho del Presidente para que yo les expresara mi opinión.

Volvimos. Seguían las mismas personalidades sentadas en torno de la misma mesa. Todas las miradas se centraron en mí, cuando me senté en un lugar libre.

Sanguinetti me preguntó qué me habían parecido ambos video-tapes.Contesté, más o menos, lo que le había dicho a Nessi. Que el de Sara Méndez me parecía muy efectivo, aunque se pasara durante un único día; y que el otro, el de Pascasio Báez, no servía de nada, resultaba muy confuso y que, aunque se mejorara, no tendría efecto alguno en una única jornada de proyección.

Los rostros de todos los presentes se tensaron. ¡Qué problema se les había aparecido el día previo al receso publicitario!

Hubo un minuto de silencio en la sala. Por fin, alguien me preguntó si me parecía que con ese aviso podía triunfar el “voto verde”. Les pregunté qué decían las encuestas sobre la diferencia existente ahora.

“Ganamos por poco”, me contestó alguien. “j,Cuánto es ese poco’?”, repliqué. “Unos puntos”, oí decir.

“Entonces, este aviso puede hacer que gane el voto “verde”, les expresé.

El silencio y los rostros preocupados aumentaron. Lo rompió De Feo, quien le habló directamente al Presidente.

Le dijo que si era así, bastaba una palabra suya para que esa publicidad no apareciese en ninguno de los canales. Lo miró a Scheck, quien asintió. “Hablamos ahora con Hugo Romay y ninguno de los avisos aparece. Podemos argumentar que llegaron tarde a los canales y que ya teníamos las tandas completas”, expresó De Feo entusiasmado.

Sanguinetti lo miró y nos miró a todos con cara preocupada. El silencio se hizo más denso en su despacho. Nadie hablaba. Era el turno de que el Presidente decidiera qué hacer.

Demoró en hablar y, cuando lo hizo, le manifestó a De Feo que sí, que se hiciera así, que no saliese el aviso de Sara Méndez. Lo dijo en tono muy bajo, apenas se oyó, pero sí de forma concluyente.

De Feo inmediatamente se dirigió al teléfono a llamar a Romay y todos nos fuimos levantando de la mesa para retiramos.

Yo estaba impactado por lo que había presenciado. Un presidente constitucional había prohibido una publicidad de la oposición. Sin motivo válido alguno. Sólo para no poner en riesgo el resultado de la votación y salvarse de un grave problema institucional.

Me impresionó mucho, pero me quedé callado.

¿Qué podría haber hecho?, me preguntaba después, cuando me alejaba del edificio Libertad. ¿Decir que era una barbaridad antidemocrática? No me animé. Preferí el cómodo silencio.

Quienes no se quedaron en silencio fueron los perjudicados, los censurados. De lo que voy a contar no fui testigo, pero lo sé por las periodistas deBúsqueda. El día de la prohibición del aviso, concurrieron a este semanario la propia Sara Méndez y el señor Hugo Cores a denunciar lo sucedido.Búsqueda lo consignó y Arbilla denunció ante la SIP esta censura de prensa. Creo que en esos tiempos todos creían que había sido acción exclusiva de los canales privados de televisión. No sabían de la participación directa del presidente Sanguinetti que acabo de relatar.

Tres jornadas después, el “voto amarillo” aventajó al “verde” por un
margen no muy grande.

Sanguinetti respiró tranquilo y también todos los que lo rodeábamos. Ahora era el turno de las elecciones internas. En ese momento, tal vez por el triunfalismo reciente, nos parecían a todos fáciles de ganar.

Pero nos íbamos a llevar un chasco.