viernes, 10 de diciembre de 2010

Prensa

Detrás del capitán de navío Anselmo Borges y de la abogada Hebe Martínez Burlé, aparece en las sombras el rostro del impune secuestrador de Elena Quinteros.



PUBLICADO EN CARAS&CARETAS EL 10 DE DICIEMBRE DE 2010

UNO DE LOS SECUESTRADORES DE ELENA QUINTEROS PREMIADO CON EL “MERITO ORIENTAL”



La impunidad entre nosotros



Una nueva muestra de la impunidad instalada en Uruguay quedó expuesta días atrás cuando en un salón del edificio anexo del parlamento una asociación cultural premió al inspector Ricardo De León Galván, secuestrador de Elena Quinteros en 1978, en el mismo acto en que rindió homenaje a Hebe Martínez Burlé por su lucha a favor de los derechos humanos.



TEXTO: ROGER RODRIGUEZ

rogerrodriguez@adinet.com.uy



El Inspector Ricardo De León Galván, el ex agente de inteligencia que el 28 de junio de 1976 secuestró a la maestra Elena Quinteros dentro de la embajada de Venezuela, fue premiado el pasado 29 de noviembre con el “mérito oriental” por la Asociación Cultural Oriental (ACO) en un acto celebrado dentro del propio edificio anexo del Parlamento uruguayo.

De León Galvan, alias “el cebolla”, quien se desempeñaba como tesorero del Círculo Policial e integra la comisión de seguridad formada en el Partido Colorado por su líder, Pedro Bordaberry, recibió la condecoración en la misma ceremonia en la que la ACO reconoció a la abogada Hebe Martínez Burlé por su lucha a favor de los derechos humanos.

La paradójica situación sorprendió al presidente de la ACO, Jorge Washington González Brassa, quien aseguró a Caras&Caretas que desconocía los antecedentes represivos del policía, a quien allegados a la Asociación nominaron para el premio por su labor en la lucha contra las drogas. “No lo hubiéramos premiado si sabíamos eso que me cuenta”, adujo.

La particular circunstancia de ser homenajeada por su defensa de los derechos humanos en el mismo acto en que se premio al secuestrador de una víctima de desaparición forzada durante la dictadura, también impactó a Martínez Burlé que aquella noche fue considerada mujer del año y recibió un premio por su condición de madre ejemplar por su propia madre, Hebe Troitiño.

La Asociación Cultural Oriental, constituida en los años setenta, entrega anualmente premios a personalidades nacionales que se destacan en sus actividades públicas o privadas a favor de la paz o en servicio de la sociedad. El año pasado, se premió a la fiscal Mirtha Guianze y antes, se premió a Nora Castro con una condecoración en homenaje a la propia Elena Quinteros.

La entrega de premios del 2010 se realizó en el Salón Acuña de Figueroa, en el primer subsuelo del Edificio Anexo del Poder Legislativo. En la ocasión también fueron galardonados el senador Daniel Martínez, el empresario José María Garcia Álvarez (Bergantiños y Sociedad Española) y el capitán de navío Anselmo Borges, de relaciones públicas de la Armada uruguaya, entre otros.

De León Galván fue uno de los últimos en recibir el premio en la ceremonia que comenzó a las 20 horas y se extendió hasta la medianoche. Durante el acto, permaneció casi en las sombras, exactamente detrás del capitán Borges y la doctora Martínez Burlé, quienes integraban la mesa principal, con legisladores colorados, blancos y frenteamplistas.



El torturador a su lado



No es la primera vez que se descubre la condición de represor, torturador o asesino en personajes que aparecen casi ocultos dentro de la sociedad uruguaya desde la reinstitucionlización del país en 1985 y luego de la aprobación de la Ley de Caducidad que en 1986 otorgó impunidad a los violadores de los derechos humanos durante la dictadura.

Durante la administración de Julio María Sanguinetti varios de los principales criminales de lesa humanidad fueron ascendidos con la venia de comisiones secretas del Senado, a pesar de las protestas o denuncias de parlamentarios blancos y frenteamplistas. Entre ellos, se destaca el ascenso a coronel de Jorge “Pajarito” Silveira, actualmente preso en la cárcel de Domingo Arena, cuyo rostro no fue públicamente conocido hasta el año 2003.

También en la segunda presidencia de Sanguinetti se constató que el coronel Glauco Yannone, uno de los militares que secuestraron a Lilián Celiberti y Universindo Rodríguez en Porto Alegre en 1978, había sido designado para recibir en nombre del estado uruguayo el Premio Nobel de la Paz 1988 que se otorgó en la clásica ceremonia de Oslo.

El propio Yanonne se mantiene como docente de Historia en la Escuela Militar, designado a través de la Resolución Nº 55.346 del 25 de abril de 2008, firmada por el entonces ministro de Defensa Nacional, José Bayardi, quien se excusó del hecho explicando que el cuerpo docente había sido propuesto por las jerarquías del Ejército.

Una situación similar ocurrió con ex militar Guillermo Abella Zuasti, quien se desempeñaba como profesor en el curso de rematador de la UTU hasta que a mediados de 2006 fue reconocido como torturador por una de sus víctimas cuando su foto junto a un grupo de militares fue tomada en un acto de adhesión al coronel Silveira que había sido citado a declarar por la justicia penal.

Ni Bayardi ni el Codicen pudieron evitar que los represores Yannone y Abella se mantuvieran como docentes por la sencilla razón de que sus denuncias nunca fueron tratadas a nivel judicial ante la vigencia de la Ley 15.848, por la que caducó la pretensión punitiva del Estado sobre delitos como la tortura. “Un torturador puede sentarse junto a su víctima en el ómnibus”, mientras rija la ley.

También eran desconocidos los antecedentes del mayor Enrique Mangini, quien fue fotografiado armado en la puerta del juzgado de la calle Misiones cuando actuaba como guardaespaldas del general Iván Paulos. En 1972 Mangini había sido uno de los militantes de la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) que asesinó al estudiante Santiago Rodríguez Muela en el Liceo 8.

La opinión pública tampoco sabía nada de algunos de los represores que recientemente fueron procesados y encarcelados, como el coronel Juan Carlos Gómez (“Carretilla de Plata”) quien asesinó a Roberto Gomensoro Josman en 1973, o el aviador Enrique Rivero, encausado por el homicidio de Ubagesner Chavez Sosa, cuyo cuerpo desaparecido en 1976 fue recuperado.



El “cebolla” De León



Ricardo De León Galván actuaba en el Departamento 5 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) del Ministerio del Interior cuando en 1976 fue enviado junto a Ruben “Cacho” Bronzini y Roberto “el facho” Alfonso Pérez a realizar una tarea de apoyo a un operativo del Ejército.

Los oficiales Jorge Silveira del Ejército y Juan Carlos Larcebeau de la Marina (ambos presos en la actualidad) comandaban la acción de la Oficina Coordinadora de Operaciones Antisubversivas (OCOA) por la que dos días antes habían detenido y torturado a la maestra Elena Quinteros.

La militante del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) fingió que entregaría a un contacto y logró escapar de sus custodias y meterse en la sede de la embajada de Venezuela, sobre Bulevar Artigas, gritando un pedido de asilo político. De León fue quien entró a territorio venezolano para volver a secuestrarla, mientras Bronzini golpeaba al embajador venezolano.

El episodio que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países y determinó una condena de la ONU a Uruguay, fue denunciado por su madre Tota Quinteros y por el senador José Germán Araújo a la salida de la dictadura y confirmado por el ex agente José Calace en el libro “Quince años en el Infierno” en 1988. Sin embargo, De León nunca fue citado por la justicia.

De León Galván pasó luego a la Brigada de Narcóticos que comandaba Hugo Campos Hermida, donde continuó su carrera hasta 1996, cuando fue sacado de la unidad por el entonces Director Nacional de Policía, Roberto Rivero, debido a su connivencia con los narcotraficantes Omar Clavijo y Maurcio Alexander, con quienes se fotografió en un asado en Maldonado.

Sin embargo, la trayectoria de De León Galván continuó y en el año 2000 era uno de los jefes de Interpol uruguaya y para mayo de 2006, durante el gobierno de Tabaré Vázquez, era designado como jefe de Inspección de la 2ª Zona de Montevideo. Se le dio la baja un 10 de mayo, un día antes del cumpleaños en que podía pedir su pase a retiro.

En el año 2008, como tesorero del Círculo Policial fue uno de los voceros de la institución en la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados que trataba el tema de los retiros militares y en agosto de 2009 apareció en el sector Vamos Uruguay del Partido Colorado como miembro del grupo programático sobre seguridad de la candidatura presidencial de Pedro Bordaberry.

De León Galván será uno de los indagados en la causa Elena Quinteros a cargo del juez Juan Carlos Fernández Lecchini, quien ya procesó al ex canciller Juan Carlos Blanco y por la vigencia de la Ley de Caducidad aún no ha podido actuar sobre los autores materiales de la desaparición de la maestra uruguaya secuestrada en territorio venezolano.





“No me quemés”



“El procedimiento del incidente con la embajada venezolana lo realiza el Ejército, pero, como era muy común entonces, llevaba un grupo de apoyo del Departamento 5 constituido por el “Facho” Roberto Alfonso Pérez, en aquel entonces agente, como chofer, el “Cacho” Bronzini, como agente, y Ricardo De León Galván como oficial a cargo. El resto eran “yerbas”.

Elena les había “vendido” el verso de un contcto a realizarse por allí. Ella se les escapa y quien la agarró dentro de la embajada fue De León (muy parecido a Bronzini). Bronzini fue quien le pegó al embajador. Esos son los hechos; veamos las características de los hombres.

De León es actualmente el segundo jefe de Narcóticos. Nazi confeso y orgulloso de serlo; pachequista para más señas y masón. (Ballestrino y Campos Hermida son los otros dos nazis confesos y masones más característicos que conozco). De León estuvo en el Departamento 2 y tenía locura por ir a la Brigada de Narcóticos. Era el más asustado de todos durante las denuncias.

Bronzini, procesado después por un chque sin fondos, estaba muy asustado a raíz de las denuncias, y todos temían que hablara.

El “Facho” Alfonso es un personaje sobre quien más adelante escribiremos largamente.

Cuando las denuncias arreciaron, se hicieron varias reuniones en la Seccional 17 (a cargo de Boris Torres, hoy en Hurtos y Rapiñas), entre Benítez Cachet (jefe del 5), De León y Bronzini, a quien le ofrecieron un trabajo con tal de que no hablara.

Poco después fuimos en un VW con De León a la casa de Bronzini, previniendo una posible vigilancia de la prensa o de la izquierda. De León se quedó en el coche a unas tres cuadras y yo fui a la casa de Bronzini presentándome ante su esposa como un tal Nassim Ache. Logré llevarlo hasta el VW y allí hablaron con De León. “No me quemés si vas al juzgado. No hablés nada. Te vamos a dar un laburo”



(Extraído de “Quince años en el infierno”, José Calace, Editorial TAE, 1988)