viernes, 3 de diciembre de 2010

La Conspiración Goulart

PUBLICADO EL VIERNES 3 DE DICIEMBRE DE 2010 EN CARAS&CARETAS

LA FAMILIA DE JANGO NO DESCARTA PRESENTAR DENUNCIA PENAL EN URUGUAY PARA QUE SE INDAGUE



La conspiración Goulart



A 34 años del fallecimiento del ex presidente brasileño Joao Goulart, surgen nuevos indicios de su sospechosa muerte, que podrían derivar en una denuncia penal en Uruguay para que se indague sobre la existencia de una conspiración en la que participaron represores brasileños, militares uruguayos y agentes de la CIA norteamericana. 15 testigos que sospechaban de su asesinato fallecieron consecutivamente de ataques al corazón.



ROGER RODRIGUEZ

(rogerrodriguez@adinet.com.uy)



Desde que Joao Goulart falleció el 6 de diciembre de 1976 de un ataque al corazón en su estancia de Las Mercedes, en la provincia de Corrientes, Argentina, han existido dudas y sospechas sobre si su deceso fue por causas naturales (sufría del corazón) o había sido víctima de un atentado, similar al sufrido por otros políticos opositores a las dictaduras del cono sur.

Las autoridades argentinas no permitieron que el cuerpo de Goulart fuera sometido a una autopsia, sus restos fueron trasladados rápidamente a su natal San Borja, Brasil, sin pompas ni grandes cortejos. El entierro solo se demoró para esperar a su hijo Joao Vicente, que se encontraba radicado en Londres. Sólo sus familiares y algunos políticos estuvieron presentes en el entierro.

En el entorno de Goulart se generaron dudas sobre su muerte. Las sospechas, entre ellas la de su cuñado Leonel Brizola, derivaron años mas tarde en la creación de una Comisión Especial Investigadora sobre la muerte del ex presidente, de su antecesor Juselino Kubitscheck y del opositor Carlos Lacerda, quien también fallecieron en un breve plazo de tiempo.

En 1982, el uruguayo Enrique Foch Díaz –amigo de Goulart a quien le vendió su estancia “El Milagro” en Maldonado- intentó recopilar datos para hacer un libro donde contaría su relación con Jango. Inició entonces un trabajo con los periodistas Luis y Marta Viale que derivó en una imprevista indagación y un libro nunca editado que pudo constituirse en una importante denuncia.

Durante varios meses, los periodistas y Foch Díaz, entrevistaron a personas allegadas a Goulart y recogieron sospechas que no pudieron confirmar con pruebas, hasta que en su viaje a Corrientes, Argentina, fueron detenidos por agentes de la dictadura y vivieron un momento de sinsabores. Foch llegó a denunciar la muerte de Goulart ante la justicia de Corrientes.

Los Viale finalmente escribieron un libro titulado “Joao Goulart, muerte dudosa”, basado en las horas de grabación que habían recogido, pero la publicación que inicialmente había interesado al grupo Manchete de Brasil, que estaba dispuesto a comprar el texto y las grabaciones, finalmente no fue publicado. Los Viale y Foch tuvieron entonces discrepancias y se separaron.

El libro también fue enviado a Argentina, a través del entonces representante de editorial Planeta en uruguay, Enrique Piquet, pero en esos tiempos estallaba el escándalo de la “Propaganda Due” que comprometía a varios altos jerarcas de la dictadura militar y las editoriales consideraron que no era momento de publicar un libro que sospechara de la muerte de Goulart.



“El Crimen perfecto”



En el año 2000, Foch Díaz publicó en Arca el libro “Joao Goulart, el crimen perfecto”, donde –sin el apoyo de las grabaciones realizadas por los Viale- relata su versión de la investigación efectuada en los años ochenta e incluye la sospecha de que la muerte pudo estar en marcada en el “Plan Cóndor” cuya existencia se denunciaba a fines de los años noventa.

Junto a la publicación, Foch hizo una denuncia penal contra allegados a Goulart a quienes acusó de malversar fondos y bienes de la familia. Como respuesta, recibió una denuncia por difamación e injurias. Su principal testigo, el piloto Ruben Rivero, falleció de un ataque al corazón cuando viajaba a Uruguay. Nunca se recuperaron los documentos que traía como prueba.

En 2002, en una cárcel de Porto Alegre, el ex agente uruguayo Mario Barreiro Neira confesó que había participado de una “Operación Escorpión” por la que se provocó la muerte de Goulart al colocar dentro de su medicación para el corazón una pastilla preparada que provocaba el efecto contrario. Meses habría tardado en tomar la píldora envenenada.

Desde el año 2005, cuando se comienzan a desclasificar documentos secretos de la dictadura uruguaya, aparecieron datos que hicieron relevantes las sospechas sobre la muerte de Jango, quien murió cuando pretendía regresar a su país y que efectivamente era vigilado de cerca por los servicios de inteligencia de Uruguay a pedido de Brasil.

En su prontuario en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, consta que el 9 de noviembre de 1976 había renunciado al asilo político que Uruguay le otorgó tras ser derrocado en 1964. Esa renuncia, requerida por la dictadura uruguaya para darle la radicación, lo dejó indocumentado y lo obligó a viajar a Corrientes, donde un mes y tres días más tarde murió.

La indocumentación también había sido una de las características que antecedieron las muertes de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, cuyos pasaportes fueron anulados poco antes de ser asesinados. Lo mismo ocurrió al ex ministro de Defensa del gobierno de Salvador Allende, general Carlos Prats, asesinado junto a su esposa el 30 de setiembre de 1974 en Buenos aires.

En los últimos años, la familia Goulart pasó a convencerse de que existían elementos que les hacen presumir que Jango fue en realidad asesinado y obligaron a reabrir la investigadora parlamentaria en Brasilia, donde se concluyó que existen evidencias fuertes para sospechar el magnicidio aunque no se hayan logrado pruebas concluyentes al respecto.



La grabación de Foch



En agosto de 2006, Enrique Foch Díaz, decide hacer la grabación en la que registra –con perspicacia y preocupación- los nombres de 15 personas que fallecieron por ataques al corazón (salvo una) y que estaban estrechamente ligadas a su investigación sobre la muerte de Joao Goulart. Con esos decesos consideraba perdidos definitivamente los testimonios (y las sospechas) que habían recogido durante meses de trabajo a principios de los años ochenta, cuando aún regían las dictaduras militares en la región.

En su testimonio Foch Díaz recuerda que entre 1975 y 1976 se produjeron los asesinatos en Argentina de los legisladores uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini, éste residente en el mismo Hotel Liberty donde solía hospedarse el derrocado presidente de Brasil, y que paralelamente se sucedieron las muertes sospechosas de los ex presidentes brasileños Juselino Kubitscheck (una accidente carretero) y Joao Goulart, como del ex candidato Carlos Lacerda. (tras una sencilla intervención quirúrgica)

En forma paralela a los antecedentes de lo que hoy se ha confirmado como la coordinación represiva de las dictaduras del cono sur conocida como el “Plan Cóndor”, Foch Díaz dejó registrado en audio la curiosa sucesión de muertes de allegados a Goulart y a su indagatoria, en lo que se asemeja a la lista de víctimas de una suerte de “maldición” faraónica:

“1) Cayetano Fior del Mondo Goulart, “Tito”, brasilero, cocinero durante diez años de la familia del presidente. Domiciliado en Artigas, Uruguay, muere de un ataque al corazón (…) integraba el grupo que prestó declaraciones grabadas sobre los hechos que rodearon la muerte de su patrón y amigo”

“2) Joao Alonso Minteguy, brasilero, ex diplomático en Uruguay, domiciliado en Montevideo. Actuaba de mediador con el gobierno militar de Brasil a los efectos de llevar a cabo un eventual regreso de Jango a su país. (…) se niega a grabar la entrevista sin dar razones (…) al cerrar la puerta, dice textual: “Al doctor lo mataron”. Muere poco después de un ataque al corazón”.

“3) La señora esposa de Minteguy, brasilera, presente en la entrevista, muere también del corazón sin poder yo precisar si fue antes o después que su esposo”.

“4) Jack Bloch, Jakito, brasilero, propietario de la revista Manchete. Compró (…) los derechos del libro “Joao Goulart, muerte dudosa” y los cassettes conteniendo las grabaciones de los entrevistas. El libro nunca fue publicado. Bloch murió del corazón”.

“5) Luis Viale, uruguayo, periodista. Fue autor, con su hermana Marta y el suscrito del libro. Es de hacer notar que tres copias de ese libro, como correspondía, fueron depositadas en la Biblioteca Nacional uruguaya. Esas tres copias desaparecieron. (…) Viale murió del corazón.”



Los pilotos de Jango



“6) Marcelino García Castro, Loyo, primer piloto uruguayo y empleado de Goulart. Estando detenido por integrar filas tupamaras en la cárcel de Libertad, muere del corazón (N. de R.: infarto al miocardio el 24 de julio de 1977)”.

“7) Hugo Wilkie, tercer piloto uruguayo empleado por Goulart. Contaba con buenas referencias por parte de la Fuerza Aérea. Tiene importante información grabada en los cassettes sobre el entorno a Goulart, en especial de su secretario Ivo Magalhaes y Claudio Braga. Murió del corazón.”

“8) Francisco Perossio, Pinocho, cuarto y último piloto empleado por Goulart. Testigo de los últimos momentos de Jango. Portador del aviso del coronel Davalos jefe de la policía militar brasilera en Porto Alegre sobre el peligro de la vida que corría el doctor tanto en Uruguay como en la Argentina, sugiriendo que debía regresar a Brasil o viajar a Europa. (…) Al recibir este aviso Goulart dispuso que sus hijos viajasen a Europa. (…) Peroccio participaba activamente de las grabaciones de las cintas dando testimonio y apoyo económico. También muere del corazón.”

“9) Ruben Rivero, segundo piloto uruguayo empleado por Goulart. (…) A poco del golpe de Estado, Rivero fue detenido por la SIFA, Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, y procesado por su vinculación al Movimiento Tupamaro (…) Cuando salió en libertad retomamos los contactos en Punta del Este donde yo me encontraba a la espera de realizar un negocio. (…) Fue el primero que me habló de su certeza de que el doctor fue asesinado y de la pasividad de sus deudos ante el fragante delito de robo y apropiaciones por gente del entorno de Goulart. A partir de ese momento realizó una seria investigación al respecto contactando con todas las personas del circulo de amistades y colaboradores de Goulart. En el año 2000 inicio acciones legales en el juzgado de Maldonado. Por estas acciones Ruben Rivero debía comparecer en calidad de testigo. Tenía que trasladarse desde la ciudad de buenos Aires, lugar de su residencia. En el viaje, a sólo seis horas de su comparecencia en el juzgado, a bordo del aliscafo murió de un ataque al corazón. La documentación referente al caso que portaba en el viaje frustrado, desapareció”.

“10) Maneco Suáres Leais, brasilero, piloto en Porto Alegre, empleado de Goulart desde su presidencia, (…) manejaba las entregas de dinero que los diferentes negocios rurales generaban (…). En oportunidad de un encuentro casual en la confitería La Fragata de Punta del Este me contó que también sabía que el doctor había sido asesinado. Murió del corazón.”



El entorno de Goulart



“11) Carlos De León, uruguayo, administrador de la estancia El Milagro. (…) Pocos días antes de su muerte, acaecida el 30 de abril del 2000, me llamó con la noticia de que estaba en formación una comisión investigadora en la Cámara de Diputados brasilera sobre los hechos que rodearon la muerte del doctor Goulart. (…) murió de un ataque fulminante al corazón.”

“12) Percy Penalvo, brasilero. Fiel administrador de la Estancia Rincón de Tacuarembó. Es la primera persona que me comenta junto con Rivero de las amenaza de muerte que recibió Goulart. Estas amenazas llegaron trasmitidas por Claudio Braga ex diputado en Pernambuco, Brasil, asilado político en Uruguay, que dependía de la ayuda económica del doctor y se desempeñaba como su secretario. (…) Murió del corazón.”

“13) Richard Rafael Ferrari, argentino, médico pediatra residente en Mercedes, provincia de Corrientes. Buscado en su casa en la madrugada del 6 de diciembre de 1976, atiende al doctor Goulart y certifica su muerte. Concurre a la comisaría de Mercedes donde hace denuncia y pide la realización de la autopsia y que quede constancia de su pedido. En oportunidad de la visita que le realizamos con Marta Viale y Juca Shepard grabamos sus declaraciones. La Comisión Investigadora brasilera lo visitó en Mercedes. No murió del corazón, su muerte ocurre a través de un extraño accidente automovilístico que solicito sea investigado”.

“14) General Antonio Cirilo, uruguayo, presidente de UTE y presidente de la represa del Palmar. En oportunidad de la visita que le realice (…) en su domicilio, le comento de que cómo es posible que el ingeniero Ivo Magalhaes, refugiado político, secretario de Goulart, esté al frente de la construcción de la represa de Palmar, emprendimiento más importante del gobierno militar uruguayo, realizado con crédito del Banco do Brasil. Cirilo me contestó: Me fue enviado por el general Aguerrondo. (…) El general Antonio Cirilo murió del corazón algún tiempo después.

“15) Leonel Brizola, ex gobernador de Río Grande, primero y luego de Rio de Janeiro, cuñado de Goulart. Fue alertado en 1977 por el general (Abdond) Raimundez, presidente del BROU de que su vida corría peligro y se asiló en Europa. Fue el principal impulsor de las investigaciones brasileras respecto a la muerte de Goulart, propiciando la creación de la comisión investigadora de diputados en el año 2000. Muere en el ascensor saliendo del consultorio médico que acababa de atenderlo.”

Allí finaliza el testimonio grabado de Enrique Foch Díaz, quien también falleció de un ataque al corazón en el año 2007, constituyéndose en el decimosexto testigo muerto que no podrá prestar declaración ante un juez que indague si en Uruguay, efectivamente, existió una conspiración para asesinar a Joao Goulart.





Foch Díaz



Enrique Foch Díaz, nacido en Bella Unión (1918) estudió en la Escuela Militar y realizó cursos de piloto aviador. Durante la segunda guerra mundial se alista como voluntario y es designado al África Ecuatorial Francesa (hoy Camerún) donde se desempeña como piloto de pruebas. Durante una misión fue derribado y rescatado por una patrulla. A su regreso a Uruguay ingresa a la Dirección de Aeronáutica como instructor. Compra un avión e invierte en tierras. Conoce a Joao Goulart al venderle en 1966 la estancia “El Milagro” en Maldonado. En 1982 pretendió hacer un relato de su relación con Jango e inició una indagación junto a los periodistas Marta y Luis Viale, quienes escribieron el libro “Goulart, muerte dudosa”, que nunca se llegó a editar. Finalmente escribió el libro “Joao Goulart, el crimen perfecto” (Arca,2000). Ese año denunció a miembros del entorno de Goulart por la apropiación y malversación de sus bienes y terminó siendo procesado por difamación.





Barreiro Neira



Desde el año 2002, el ex agente uruguayo Mario Ronald Barreiro Neira ha sostenido que Joao Goulart fue asesinado en el marco del Plan Cóndor, dentro de una “Operación Escorpión”, por la que se le realizaron seguimientos, escuchas telefónicas y, finalmente, se le hizo un cambio en la medicación que Jango tomaba para provocarle el infarto por el que murió en 1976.

En su testimonio, realizado por primera vez a este cronista en una cárcel de Porto Alegre, Barreiro Neira sostiene que la mortal medicación fue preparada por el médico forense uruguayo Carlos Milies, allegado a un grupo represivo llamado “Gamma”. Milies también habría preparado los vinos envenenados que en 1978 provocaron la muerte de Cecilia Fontana de Heber.

Barreiro Neira afirma que la muerte de Goulart se decidió en Montevideo en una reunión entre el represor brasileño Sergio Paranhos Fleury del DOPS (quien traía el pedido de asesinato del presidente brasileño general Ernesto Geisel), el general uruguayo Luis Vicente Queirolo y el agente norteamericano Frederik Latrash, jefe de la estación de la CIA en Montevideo.

Barreiro Neira dice que a Goulart le colocaron pastillas falsas en varios de los frascos de la medicación que utilizaba. Uno de ellos en el Hotel Liberty donde solía hospedarse y estaba radicado Zelmar Michelini. Un agente argentino que vigilaba al legislador uruguayo habría realizado el cambio del medicamento.

Barreiro Neira cumplió recientemente su condena en Brasil (fue preso por el asalto a un camión de caudales) y será extraditado en poco tiempo a Uruguay donde era requerido desde el año 2001 por su presunta participación en acciones de la llamada “polibanda” durante los años noventa.





“Subversivos”



Dos archivos desclasificados de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), a pedido del activista brasileño Jair Krischke del Movimiento Justicia y Derechos Humanos de Porto Alegre, dan cuenta de que en 1974 la dictadura uruguaya realizó seguimientos a Goulart y su entorno, al sospechar que se había contactado con el “subversivo” brasilero Fernando Soares, a quien se le tipificaba intermediar en el asilo de opositores hacia Suecia.

El “Parte Especial de Información Nº 28/974” del Estado Mayor del Ejército, firmado por el entonces coronel Ángel D. Barrios y el “Diligenciado Nº 233” de la DNII, suscrito por el entonces subcomisario Mario E, Fernández Fleitas, dan cuenta de la indagatoria realizada en febrero de aquel 1974 sobre ciudadanos brasileños que se encontraban radicados en Uruguay.

Entre los “subversivos” se incluye a Dagoberto Rodríguez, Edmundo Ferrao Moniz de Aragón, Ivo de Magalhaes, Joao Alonso Minteguy, Juan Carlos Parodi Minteguy, José Gimaraes Neiva Moreira, Carlos Olavo Da Cuña Pereira y el propio ex presidente Joao Melchor Marquez Goulart.

El documento del Ejército es el que registra que durante su visita a Argentina, Goulart se reunió con Zelmar Michelini, Enrique Erro y el ex presidente boliviano Juan José Torres. También se indica que Torres –a quien acusan de tener contacto con Montoneros- se había reunido con Perón.

Perón murió el 1º de julio de 1974 de un paro cardíaco. Zelmar Michelini fue asesinado en Buenos Aires el 18 de mayo de 1976. Juan José Torres fue asesinado en Buenos Aires el 2 de junio de 1976. Joao Goulart murió de un ataque al corazón en su estancia de Corrientes el 6 de diciembre de 1976.





“Tengo los cassettes”



La periodista Marta Viale confirmó a Caras&Caretas que en los años ochenta junto a su hermano Luis y su esposo Juca Sheppard, realizaron con Foch Díaz aquel trabajo de investigación sobre la muerte de Goulart, pero sostiene que nunca pudieron vender el libro, donde no se llegaba a nada concluyente.

Viale se indigna cuando se le explica que existe una grabación del fallecido Foch Díaz, quien le acusa de haber vendido a Manchete el libro original “Joao Goulart, muerte dudosa” sin compartir regalías. “Era un delirante, que nos costó tiempo y dinero a mi, mi hermano y mi esposo”, afirma al negar la denuncia.

Enrique Piquet, también confirmó la existencia de aquel libro que no pudo vender en Argentina por la situación política que se vivía y que había interesado a Jakito Bloch de Manchete. Piquet sostiene que nunca pudo confirmar por qué ese negocio no cerró en la publicación del trabajo.

Viale también afirma que en su casa de Punta del Este se encuentran (“en una caja de zapatos”) aquellas grabaciones realizadas hace 28 años (“siempre que Juca no les haya grabado música encima”) y se comprometió a buscar esos testimonios que se constituirían en prueba ante la justicia.

Miembros de la familia Goulart, señalaron por su parte que la familia analiza concretar una denuncia penal para que finalmente se indague en la justicia uruguaya si efectivamente en Montevideo existió una conspiración de Brasil, Uruguay y Estados Unidos que provocó la muerte de Jango.