miércoles, 25 de julio de 2012

Hasta siempre compañera Mirta Macedo


En “De la prisión a la libertad”, Mirta Macedo construye un explícito ensayo en torno a las graves secuelas padecidas por los presos políticos que permanecieron confinados durante los años más oscuros.
La autora, que nació en 1939 en Treinta y Tres, es licenciada en trabajo social y ha desempeñado una sólida militancia por los derechos humanos, que abrevó de su propia experiencia de presa de conciencia. En efecto, permaneció recluida entre 1975 y 1981, en el penal de Punta de Rieles.
Su trabajo de reconstrucción de la memoria se ha plasmado en numerosos artículos especializados y tres libros referentes, que han marcado un rumbo concreto a su lucha por verdad y justicia.
En 1999, Mirta Macedo publicó “Un día, una noche, todos los días”, donde, mediante breves relatos, narra el horror de la tortura en las cárceles de la dictadura.
Su segundo libro, que apareció en 2002, es “Tiempos de ida, tiempos de vuelta”, donde narra su propia odisea, desde su detención hasta el momento en el cual recuperó la libertad.
En esta obra, la autora analiza cómo el terrorismo de Estado vulneró los derechos y las identidades de los detenidos.
Finalmente, en “Atando los tiempos” (2005), la investigadora aborda concretamente las estrategias de supervivencia que se construyeron en la prisión.
Este nuevo trabajo, que se inscribe en una serie testimonial destinada a realimentar el debate sobre nuestro pasado reciente, alude concretamente a los efectos de la represión sobre la sociedad y particularmente sobre las familias de los presos políticos.
Desde la perspectiva que otorga el tiempo, Macedo construye un alegato sólido y explícito, destinado a realimentar la movilización ciudadana por verdad y justicia que sigue inspirando al pueblo uruguayo.
Su trabajo, que obviamente no tiene un perfil historiográfico, no se limita la mera descripción o recreación de los horrores perpetrados por el gobierno autoritario.
Asumiendo la necesidad de debatir un tema que está lejos de ser saldado, la investigadora imbrica el pasado con el presente y las ulteriores consecuencias del peor tiempo de represión que registra el imaginario colectivo.
Este ejercicio de reconstrucción de la memoria la conduce inexorablemente a través de senderos particularmente tortuosos, que marcan el rumbo de la recuperación de la verdad histórica.
Sin aludir expresamente a los falsarios de siempre que aún pretenden justificar lo injustificable y exorcizar culpas propias y ajenas, Mirta Macedo elabora una denuncia tan potente como explícita.
Nutriendo su libro de testimonios de víctimas directas de la represión o de familiares, la militante analiza los efectos a largo plazo de la prisión, el impacto de la libertad recuperada y la posterior experiencia del reencuentro.
La autora trabaja sobre varias líneas de reflexión, mediante las cuales aborda diversas facetas de la actividad desplegada por el terrorismo de Estado, que transformó a nuestro país en un inmenso campo de concentración.
Tras una breve introducción que pretende situar al lector en el tema, la investigadora aborda diversas generalidades de los efectos y las consecuencias de la feroz represión que se abatió sobre nuestro país durante la segunda mitad del siglo pasado.
En ese contexto, la escritora alude concretamente a la impostergable y siempre necesaria tarea de reconstrucción de la memoria, que ha estado a cargo de organizaciones militantes y de los autores de literatura testimonial.
Este capítulo impregna a su trabajo de la necesaria impronta del compromiso, tendiente a mantener en el tapete el tema de los derechos humanos, en momentos que crece la movilización y el clamor popular por la anulación de la inmoral Ley de Caducidad.
La autora evoca a Nibia Sabalsagaray y Silvina Saldaña, dos compañeras de lucha y figuras referentes de la resistencia, que fueron asesinadas por el gobierno autoritario.
El conmovedor recuerdo de estas dos mujeres que ofrendaron sus vidas por la libertad y la democracia, comporta un enérgico alegato contra la barbarie y la prepotencia.
Se trata, naturalmente, de dos personajes paradigmáticos que, al igual que otras uruguayas y uruguayos, soñaron con la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
La invocación de estas dos emblemáticas militantes opera como un adecuado pretexto para incursionar en los temas más despiadados de nuestro pasado reciente: la prisión y la tortura.
Nutriéndose permanentemente de sensaciones propias y testimonios ajenos pero no menos entrañables por afinidades y cercanías, Macedo reconstruye los demonios del pasado y los fantasmas del presente.
Sin embargo, el planteo de la autora difiere de otros trabajos de análogo tenor, en la medida que no se limita el mero abordaje de la problemática de las víctimas directas de la dictadura.
En efecto, la investigadora explora otras facetas y connotaciones de un tiempo de odio irracional, al aludir al impacto social que provocó la instalación de un régimen que violó groseramente los derechos humanos de la población.
Mirta Macedo se adentra en las psicologías y las conductas humanas de aquella época, cuando el terror condicionó y se apropió de nuestras rutinas.
La analista sugiere que la dictadura pretendió modificar la realidad, mediante diversas técnicas de manipulación colectiva, atropello y prepotencia. Obviamente, casi nadie quedó exento de las graves consecuencias derivadas de estas prácticas de aberrante y salvaje brutalidad.
En lo relativo a los presos políticos, la autora explicita las diversas modalidades de tortura, aislamiento y violencia irracional, cuyo propósito era demoler la resistencia y anular la identidad de las víctimas.
Obviamente, los casos más terribles fueron los de desaparición forzada, que pretendieron borrar todo vestigio de la persona y camuflar la impunidad de los crímenes perpetrados.
Las recientes actuaciones judiciales que han permitido el procesamiento de varios notorios represores, reinstalaron el lacerante tema en el horizonte del presente.
La obra aporta también otros ángulos a la reflexión del debate colectivo, como las consecuencias padecidas por las familias de los presos de conciencia: el temor, la fractura, la incertidumbre y la sensación de angustia y vacío existencial ante la ausencia del ser querido.
Este razonamiento conduce inexorablemente al abordaje de otra materia no menos trascendente para el análisis global del tema: la recuperación de la libertad y el encuentro con los afectos.
Sumando su propia experiencia a los valiosos testimonios incluidos en este libro, Mirta Macedo expone minuciosamente las graves dificultades de readaptación y reinserción social y familiar que padecieron los ex reclusos.
El reencuentro fue una mixtura entre la alegría y la angustia, al advertir los radicales cambios de la realidad y el implacable peso de la ausencia de compañeros exiliados, muertos o desaparecidos.
“De la prisión a la libertad” es un testimonio de acento realmente contundente, que denuncia explícitamente las más perversas rémoras de la represión autoritaria.
El trabajo, que tiene ciertamente mucho de autobiográfico, apunta a iluminar los conos de sombra de un pasado terrible de prepotencia y autoritarismo y a reivindicar a los héroes que protagonizaron la resistencia y lograron emerger del infierno.
(Edición de Orbe Libros)