martes, 27 de diciembre de 2011

Memoria en Punta de Rieles

Obreros ultimando detalles de la plaza Museo y Memoria en Punta de Rieles. Foto: Nicolás Celaya
Hasta aquí llegó
Inauguración de plaza en Punta de Rieles en honor a mujeres presas políticas.

En Camino Maldonado y Aries, ahí donde hubo una parada de ómnibus y trolebús a la que llegaban los familiares de las presas políticas privadas de su libertad en el penal de Punta de Rieles, se inaugurará hoy la plaza Museo y Memoria de Punta de Rieles, creada por el Espacio Memorias para la Paz.

El penal
El ex penal de Punta de Rieles, Establecimiento Militar de Reclusión Nº 2, fue desde enero de 1973 lugar de reclusión de mujeres presas políticas. El edificio, construido por los jesuitas como Noviciado de la Compañía de Jesús, fue vendido al Estado para transformarlo en Cárcel Modelo. La dictadura cívico-militar lo convirtió en un modelo, pero de represión y encierro de cientos de mujeres que, por luchar por una sociedad más justa, fueron torturadas y encarceladas. (Fragmento de carta presentada por Espacio Memorias para la Paz a la Comisión de Derechos Humanos de Diputados en agosto de 2005).

“Esto es un homenaje a nuestros familiares que jamás nos dejaron solas”, dice Carmen mientras señala el camino de dos kilómetros que hacían sus seres queridos desde la parada del trolebús hasta la cárcel de Punta de Rieles. Carmen Pereira fue una de las presas políticas que pasaron por esa prisión durante la última dictadura uruguaya (1973-1985). Años después de recuperar su libertad, varias de ellas se reunieron y armaron diferentes talleres, uno de ellos fue el Taller Vivencias, donde reconstruían sus memorias durante el cautiverio y planificaban un futuro “Museo de memoria y vida”.

En 2002, algunos vecinos y vecinas de Punta de Rieles se comunicaron con las ex presas con la intención de recuperar la identidad del barrio, sumida bajo la presencia del Establecimiento Militar de Reclusión Nº 2 (EMR2), donde funcionó el penal para mujeres desde enero de 1973 hasta el 4 de marzo de 1985, cuando las últimas fueron trasladadas a la Jefatura de Policía de Montevideo.

Cuenta Carmen que en esas primeras reuniones con los vecinos muchos jóvenes recordaban haberlas visto o escuchado cuando eran niños. Son las marcas del terrorismo de Estado, que permanecen hasta hoy. Un barrio silenciado, signado por el temor, testigo de torturas y desapariciones.

De las charlas e intercambio de recuerdos se pasó a talleres de trabajo, ideas y proyectos. La Comisión de la Mujer del Centro Comunal Zonal 9 (CCZ 9) les propuso homenajearlas como ex presas políticas poniendo el nombre de una de ellas en alguna calle del barrio. Se negaron; para homenaje, mejor construir algo que represente la resistencia colectiva.

Entre vecinos del Covitrema (cooperativa de viviendas más cercana al penal), familiares y ex presas aunaron sus recuerdos de esos años dolorosos pero llenos de resistencia y los publicaron en el libro Memorias de Punta de Rieles en tiempos del Penal de Mujeres.

Era el primer trabajo del grupo que se autodenominó Espacio Memorias para la Paz, que se dedicó a pensar y planificar cómo recuperar también el espacio público del barrio y del ex penal: una plaza y un museo.

La plaza Museo y Memoria tuvo sus primeros esbozos en 2007 y recién a fines de este año quedará inaugurada, tras buscar el interés gubernamental a nivel departamental y nacional -que tuvo baja repercusión-, gracias a la financiación de la Diputació de Barcelona (Cataluña-España), mediante la que pudieron comprar los materiales para la construcción. El proyecto, diseñado conjuntamente entre las ex presas, sus familiares y los vecinos, fue presentado en el barrio el 7 de mayo, entre coros de adultos mayores y jóvenes cantantes y bailarines, para que todos pudieran saber qué eran esas medias sombras en la plaza y por qué había albañiles armando algo frente al teatro Punta de Rieles, en Camino Maldonado y Aries.

La mensajera
Cuando se realizó el lanzamiento de la plaza Museo y Memoria de Punta de Rieles, la lectura del documento central estuvo a cargo de Katerine Correa, una adolescente de 13 años, que conoce a las ex presas políticas desde 2009 cuando cursaba sexto de Primaria en la Escuela 179 y realizó una investigación sobre la identidad del barrio con un grupo de compañeros. Entre encuestas y entrevistas a vecinos, los jóvenes se acercaron al predio del penal para interpelar incluso al personal militar que allí se encontraba.
“Siempre me gustó investigar”, afirmó Katerine. “Corría la propuesta de hacer una escuela en el penal y con mis compañeros salimos a hacer encuestas para preguntar a los vecinos y vecinas si estaban de acuerdo con que allí se hiciera una cárcel o una escuela. Nadie estuvo de acuerdo con que volviera a funcionar una cárcel allí”, recuerda.
Al investigar qué cuestiones identifican al barrio, la mayoría de los entrevistados se refería al penal. El equipo escolar ahondó en los hechos ocurridos en Punta de Rieles y “me puse en el lugar de ellas”, cuenta Correa. “Charlábamos con mis amigas sobre lo que habían pasado esas mujeres, y cuando tuvimos que presentar el trabajo en clase, la maestra nos sugirió invitar a nuestros familiares y a las mujeres que habían estado presas. En ese momento las conocí”, rememora.
Desde entonces sigue el vínculo con los trabajos del Espacio Memorias para la Paz, mientras continúa anhelando que el ex penal sea una escuela y planea estudiar arquitectura, conjugando sus pasiones: dibujo y matemática.
Entre los objetivos del documento que leyó Katerine, despertó aplausos el siguiente fragmento: “Recuperar la memoria es también una forma de promover una cultura de paz y educar a las nuevas y viejas generaciones en el respeto de los derechos humanos. ¿Será posible devolverle al barrio su identidad perdida?”.

“En esa esquina paraba el trolley 4 y queremos homenajear a nuestros familiares que paraban y caminaban bajo la lluvia, en el barro, para visitarnos mientras estábamos privadas de la libertad”, afirma Carmen. “La plaza tendrá una cinta en el suelo con pensamientos y fragmentos de cartas que nos enviaban nuestras familias. Habrá asientos y paneles para que se puedan exhibir exposiciones artísticas, así como una rampa para espectáculos”, explicó e indicó que todavía no está claro quién estará a cargo de hacer llamados a exposiciones y de gestionar las actividades.

“Queremos que el barrio sienta esta plaza como suya, que los vecinos se apropien del lugar y sugieran cosas para hacer allí”, dice con entusiasmo, aunque recuerda que el proyecto que se está ejecutando no está completo, dado que el original incluía una señalización del camino que hacían las familias hacia el ex penal y se pensaba usar las instalaciones para crear un museo y centro cultural, además de una escuela de oficios para los jóvenes.

Recién en junio de 2010 algunas presas pudieron ingresar a Punta de Rieles, luego de que -tras años de pedir permiso para recorrer el lugar- se enteraron de que un investigador chileno iba a poder entrar. Ante esta contradicción de permisos, pudieron pasar después de 25 años de haber salido y de haber hecho pedidos expresos a la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados y de haber hecho distintas gestiones de los ministerios de Defensa y del Interior para poder acceder al predio.

Ya en diciembre del mismo año, los planes de las ex presas de resignificar ese espacio de encierro como un lugar donde trabajar la memoria, para que no se repitan hechos trágicos, y armar un espacio de creatividad y oficios, quedaba trunco: el Ministerio del Interior decidía que volviera a funcionar como un establecimiento penitenciario, ante la emergencia carcelaria que atraviesa Uruguay.

“La memoria tiene sitios simbólicos concretos donde se expresa. Éste es uno de ellos y el único que representa la lucha de las mujeres por justicia social y las de sus familiares y vecinos resistiendo la dictadura cívico-militar”, destacaba una carta enviada por el Espacio Memorias para la Paz al presidente Tabaré Vázquez, en abril de 2009.

Durante el lanzamiento de la obra, en mayo de este año, Anahit Aharonian, ex presa política, enfatizaba: “Los gobiernos nacionales nos negaron el predio del ex penal desde 2002. Por eso queremos destacar la excepcionalidad que tuvo con nuestro proyecto el ex intendente montevideano Ricardo Ehrlich (2005-2010), quien durante su gestión nos cedió el sitio donde ahora construimos este espacio”.

"Si bien la Diputació no suele apoyar propuestas de rescate de memoria, ésta les pareció muy importante", señaló respecto del anteproyecto -elaborado por la arquitecta Gabriela Duarte con los aportes de los vecinos- que pretendía "expresar, desde el punto de vista de la memoria histórica, la funcionalidad de espacios clave durante la dictadura".

“Estamos invitando a todas y todos a participar porque éste no es sólo un proyecto barrial, sino que tiene alcance nacional. En esa dimensión queremos construir justicia, derechos y cultura”, expresó Aharonian en la víspera de la inauguración.

Sabor amargo
Ante la consolidación de la plaza hay algunos sentimientos encontrados: poder finalmente inaugurar este sitio de memoria, aunque incompleto (no se logró la señalización del camino hacia el penal y el EMR2 volvió a funcionar como presidio); tener una reconstrucción acotada de la memoria: se hicieron talleres vivenciales y se recogieron testimonios, pero no se ha podido acceder a los archivos del Penal -que permitirían, entre otras cosas, saber cuántas personas pasaron por Punta de Rieles- a pesar de haber solicitado la apertura de los archivos en distintas instancias políticas; por ejemplo, ante la Comisión de Defensa Nacional del Senado en agosto de 2005.

Uno de los factores que más han preocupado al Espacio Memorias para la Paz es que, tras la aprobación del proyecto por la Diputació de Barcelona y la consecuente suma de dinero que otorgó para construir la plaza (230.000 euros de los 336.000 que costaba la remodelación de la zona), desde la Intendencia de Montevideo se dilataron los tiempos a tal punto que peligró la ejecución total de la obra, porque se vencían los plazos para usar el dinero ganado en el proyecto. Esto se sumó a la desmotivación por parte de distintos integrantes del Espacio Memorias para la Paz al ver que no se ejecutaba la obra en tiempo y forma, y los esfuerzos para recuperar el interés en la zona.

Las expectativas están instaladas en poder generar un polo cultural en el barrio y lograr mejorar las condiciones socioeconómicas de sus habitantes, considerando la potencialidad de la zona por la posición estratégica donde está ubicada, dentro del área rural de la cuenca del arroyo Carrasco. Azul Corbo