domingo, 4 de diciembre de 2011

Guillermo Chifflet

AL HERMANO JULIO

Baqueano como era, en tantos caminos a través de sus artículos, pero también en la charla cotidiana, en las ruedas de amigos o en las vigilias de cada edición de Marcha (de la cual era redactor responsable), fue siempre profesor de una materia imprescindible: enseñaba América. Algunos conocemos los ecuadores de Ecuador, por ejemplo, a través de sus relatos, en los que habitaba el alma de los indios, de los gauchos, de los cholos, de la gente de la América secreta.Y también las anécdotas y dichos, luces y traiciones de partidos y caudillos, que Julio conocía personalmente, muchas veces.

Yo no sé si maestro se nace, pero siempre he creído que una condición del verdadero maestro es esa cosa, tan de Julio, de enseñar como sin proponérselo, sin el menor aire profesional, haciendo de la sabiduría casi una condición natural como de cuento junto al fogón compañero.

Guillermo Chifflet