lunes, 6 de agosto de 2012

Una buseca con mucha memoria Por Veronika Engler


Una buseca con mucha memoria
 
Es un sábado húmedo, donde las nubes, a pesar de habernos regalado cuantiosas lluvias todo el viernes, amenazan con seguir mojándonos. Nos dirigimos a CAMBADU, vamos a la comida anual organizada por el grupo solidario Ibiray. Con Jorge coincidimos en que es una de las actividades a la que vale la pena concurrir por las y los compañeros, por los reencuentros, los recuerdos y la comida. Al llegar nos enteramos de que Mau Mau pagó nuestros tickets la noche anterior, para “ganarnos de mano”, esto a raíz de una larga historia que no viene al caso, pero que cada uno de los Jorges contará a su antojo dándole distintas tonalidades jocosas y ambiguo sentido.

Un grupo de personas charlan y se saludan al aire libre, vamos descubriendo rostros conocidos e impregnándonos de reencuentros, con Silvia nos adelantamos, ya que Jorge se detiene a saludar a un sinfín de compañeras y compañeros que ve en el camino, conoce a todos. Con alegría distingo gente que vino desde Paysandú y con grata sorpresa descubro entre ella a Germán y a María Elia. Está Mauricio y el querido “Negro“ Montero que ahora vive aquí. También está Charito que vino desde más lejos, desde las tierras de UTAA, nos faltó Colacho. 

Mientras saludamos y charlamos con unos y otros, la vista se escapa casi sin querer hacia los distintos grupos de personas que se saludan con nostalgioso semblante, intento localizar rostros conocidos y estos surgen continuamente, hay abrazos, besos, comentarios y preguntas. Disfruto los que me tocan y los que veo en otros, porque todos ellos entibian el corazón.

Otra sorpresa, Alejandra está allí, me provoca gran alegría verla, no somos demasiados “hijos de…” los que concurrimos a la buseca, aunque siempre están Brenda, Ileana y Mariana acompañada de sus hijas Martina y Manu, dignas representantes de la juventud. La enorme mayoría de los comensales son tupamaros y tupamaras, o ex, según se mire, se quiera y se pueda sostener en forma de valores y principios. Varios pertenecen a la generación de papá, pocos menores y unos cuantos mayores que él. 

Por un momento nos invade, al igual que una sombra, la tristeza, y brindamos por todos los “tíos y tías” que no están. "Por los buenos", dice Alejandra, quedamos en silencio, es una sensación momentánea, porque esto es la vida, no se puede detener su curso, ellas y ellos viven en el recuerdo y en los que luchan por los valores que sostuvieron intactos hasta el final... hoy es además, un día de alegría compartida.

Algunos disfrutan de un whisky en la “cantina” y muchos están ya en el enorme galpón donde se servirá la comida. A pesar del mal tiempo y los achaques hay muchas y muchos compañeros presentes. Somos tantos que no pude ver a algunos de los que hubiera querido abrazar, saludé por ejemplo a Carlitos y a Alejandro, pero no me encontré con Cecilia ni con Xenia que estaban presentes. 

También hay compañeras y compañeros del exilio político, conozco a los que vivieron en Suecia, en la historia del exilio existe también una importante memoria a rescatar. 

Hay intercambio de ideas, de planes y actividades tales como libros que están siendo gestados llenos de testimonios y memoria; actividades por los desaparecidos; denuncias; charlas a jóvenes que tienen la misma edad que tenían la mayoría de los ex presos cuando fueron salvajemente reprimidos y torturados; proyectos en museos y fuerza para seguir luchando.

Alguien dice que está Semproni, no lo veo, me cuesta creer que este allí, lo recuerdo entre muchas otras posiciones reaccionarias que supo tomar y defender, por su negativa a votar el proyecto interpretativo que tenía por fin dejar sin efecto los artículos 1º, 3º y 4º de la ley de Caducidad. Hay gente que además de carecer de valores hace alarde de una absoluta falta de vergüenza y respeto por las y los que luchan por verdad, justicia y por rescatar la memoria, motor que impulsa a las y los compañeros a reunirse todos los años bajo el mismo techo en apretados abrazos llenos de recuerdos e historia.

Por suerte están también las valientes mujeres que hicieron las denuncias por violaciones en manos de los militares. Mujeres que despiertan el más hondo respeto y profunda admiración por su coraje. Desde que comenzaron con las denuncias han muerto dos de ellas, que pena e impotencia provoca eso.

Pienso en toda la historia que hay allí reunida, en todo lo que eso implica, en las vidas y en las muertes, pienso en la generación que nacimos de esa historia y vuelvo a concluir en que también nos pertenece, nos formó, somos protagonistas en el dolor, pero sobre todo en el afecto. Pienso en el inmenso valor del trabajo de quienes desde Ibiray están junto a las y los compañeros que lo necesitan. Pienso en el significado de estos encuentros anuales que exigen muchísimo esfuerzo de parte de algunos pocos y que tanto aportan a nuestras vidas.

Martha, Roby y otros, documentan con sus incansables cámaras parte de esos abrazos, de ese cariño, para hacerlo llegar a través del ciber espacio hasta nuestros hogares, para seguir en la construcción de la memoria. Porque esos encuentros son sin lugar a duda parte de la memoria que rescatará en el futuro nuestra historia. Ojalá que siga existiendo la buseca anual de Ibiray y ojalá que todos queramos y podamos aportar algo para que así sea, a veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, que en este caso no suceda eso.

Gracias a las y los compañeros de Ibiray, a todos y cada uno de los que organiza y lleva a cabo esta actividad en sus diferentes etapas, por todo el esfuerzo que implica, por la exquisita buseca, por hacernos sentir bien, pero sobre todo por darnos la chance de seguir atesorando memoria en este continuo rescate de integridades.



 

Veronika Engler