martes, 28 de agosto de 2012

LA SAL DE LA TIERRA



LA SAL DE LA TIERRA

Este
libro fue escrito dentro del penal de Punta de Rieles, a fines de 1982, por un grupo de presas políticas, y que en la introducción resumían así:

Siempre hemos buscado crear o recrear episodios u obras de diversa índole (literaria, teatral, musical, etcétera) para enriquecer nuestra vida tan recortada por la circunstancia misma de la cárcel.

También tratamos de acompañar la vida de nuestra gente, a pesar de la separación impuesta. Una de las tantas formas es conmemorar dolores y triunfos de nuestro pueblo y de otros pueblos en lucha, así como los hechos políticos que van sucediéndose que significan avances, y cosas internas como los cumpleaños o las libertades.

Navidad y fin de año, por ser parte de la tradición popular, y no por razones religiosas, merecen también para nosotras una forma propia de celebración. Son días en los que se siente especialmente no estar en nuestras casas y necesitamos hacer cosas que nos afirmen colectivamente en nuestra capacidad y empeño de construir, de vencer límites, de alguna manera, de vencer la cárcel.

Nos dividimos en dos grupos de trabajo. Uno de ellos quería hacer una obra de teatro. Había que encontrarla.

Ese año hubo hechos que introdujeron el tema de la condición de la mujer y su participación política y social, generando diferentes niveles de interés y de intercambio. Entre ellos se destacaba especialmente el grado de movilización de nuestras madres, a las que vimos crecer como mujeres, pasando de su calidad de amas de casa a la de personas comprometidas en la lucha por la libertad y dignidad humanas, es decir a compañeras.

El grupo de teatro quería recoger esta inquietud. Después de mucho pensar recordamos el guión de una película que resultaba adecuada a ese fin. Se trataba de La sal de la tierra, coproducción estadounidense-mexicana, que relata una huelga de mineros mexicanos que luchan por la equiparación con sus pares del Norte, quienes merecían de la compañía mejores niveles salariales y mejores condiciones de trabajo. La acción de las mujeres, compañeras de los obreros en huelga, define el conflicto y determina su victoria.

Como complemento a la preparación de esa obra, y buscando una generalización del tema, organizamos una especie de concurso literario, sin premio, cuyo tema era genéricamente “La mujer”. Este libro es el resultado.

Un subgrupo se encargó de recepcionar los textos y armar el libro, con los precarios elementos disponibles. Se pasó en limpio, se complementó a último momento con algunos dibujos copiados de pinturas o fotos que teníamos a mano. Se le hizo una carátula ilustrada. Necesitaba un título y decidimos que fuera también La sal de la Tierra, por entender que expresaba la intención del trabajo. En la antigüedad la sal era un elemento precioso por ser vital para la humanidad y ser escaso. Por extensión “sal de la Tierra” se usa para referirse a cosas de particular excelencia.

Fue leído por primera vez en la jornada del 25 de diciembre de 1982 en una ronda de mate y cuento, por todas las presentes, respetando el anonimato de las autoras. Esto se decidió simplemente porque se trata de un producto colectivo.

No pretendimos calidad literaria sino una búsqueda conjunta de mejor valorizar nuestra condición de mujeres, como otro medio de desarrollar la conciencia de la doble explotación de la mujer. Nos buscamos, nosotras, en la intención de reconocer la entrega, el sacrificio, el dolor e incluso la opresión de nuestras semejantes.

Esta obra, con todo lo que aspira y todos los límites que tiene, pertenece, como nosotras, a nuestro pueblo.

Cabe decir, finalmente, que la mayor parte de las autoras permanecen presas, del lado de adentro de los muros, luchando por corresponder al esfuerzo militante que terminará derribándolos.

En ese deber y esa confianza entregamos algo nuestro para que sea Nuestro.
(Agosto de 1984)

Treinta años después...
En los meses siguientes a la publicación de este libro salieron de la cárcel todas las presas políticas; las últimas de ellas el 14 de marzo de 1985.
Esta nueva edición de La sal de la Tierra pretende rescatar uno de los trabajos creativos con que las presas dignificaban su vida resistiendo el olvido y los intentos de destrucción intelectual y social.

Muchas de las mujeres que se empeñaron en la escritura de estos textos ya no están entre nosotros. Ellas son Mabel Araújo, Esther Uribasterra, María Julia Menvielle, Rosina Carro, Yessie Macchi y Julia Armand Ugón. También se fueron la mayoría de las madres de las presas del sector C, donde se forjó este libro: y que fueron baluarte de la lucha por la amnistía general e irrestricta que terminó liberando a sus hijas e hijos.

Dedicamos a ellas esta nueva edición.

(Agosto de 2012)
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