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Miles marcharon en la 3ª Marcha en Defensa de la Tierra
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"A la muerte física, los verdugos agregaron la segunda muerte del olvido y el anonimato" Luis Sepúlveda.
sábado, 13 de octubre de 2012
3ª Marcha en Defensa de la Tierra
viernes, 12 de octubre de 2012
Marcha de los recursos naturales
Cerca
de 200 paisanos a caballo, una docena de carros, un tractor insignia y miles de
personas de a pie marcharon en la tarde de ayer por 18 de Julio, desde el
Obelisco hasta la
Plaza Independencia.
Estaba
previsto que en las cercanías de la Torre Ejecutiva se leería una proclama en contra
de la megaminería a cielo abierto y se llevaría a cabo un espectáculo de raíz
folclórica. Sin embargo, la organización de un desfile de modas en el mismo
sitio trastocó en parte el itinerario. Los manifestantes, que ocuparon ocho
cuadras de la principal avenida céntrica de Montevideo, llegaron hasta la Torre Ejecutiva
pero después volvieron a Plaza de Cagancha, en donde se hallaba armado un
pequeño escenario. de espaldas a la sede del Poder Judicial.
A
las 16:30, debajo de los árboles del Parque Batlle descansaban los animales, ya
se repartía folletería y muchachas y varones pintaban algunos de los carteles
que expresaron las demandas de productores y trabajadores rurales provenientes
de Artigas, Canelones, Cerro Largo, Durazno, Florida, Rivera, Lavalleja, Rocha,
San José, Tacuarembó, Treinta y Tres, Maldonado, Colonia y Montevideo.
Entre
las banderas de Uruguay y de Artigas, (no se vieron demasiadas más, ni de
partidos políticos ni de otras organizaciones), varios integrantes de la
sociedad organizada manifestaban su satisfacción por el crecimiento del evento,
que se realizó por tercera vez. Algunos especulaban con que la convocatoria
consiguió esta vez multiplicar por tres el público adherente respecto a la
primera marcha.
Desde
la coordinación de la
Comisión en defensa de la tierra, el agua y los recursos
minerales de Treinta y Tres, se destacó a nivel de difusión una folletería con
la trascripción del artículo 47 de la Constitución de la República : "La
protección del medioambiente es de interés general. Las personas deberán
abstenerse de cualquier acto que cause depredación, destrucción o contaminación
graves al medioambiente".
CONSIGNAS.
La primera pancarta contuvo una presentación genérica: "Marcha Nacional en
defensa de la tierra y los bienes naturales", y detrás aparecieron
docenas, particularizando los reclamos y los parajes: "Valentines no se
vende". Tampoco faltaron los cánticos del estilo: "La tierra no se
vende, la tierra se defiende", ni jóvenes con sus cabezas cubiertas por
máscaras anti-gas.
En
la proclama que se presentó desde las 20 horas hubo una multiplicidad de
planteos en torno a diversos temas.
Desde
la Coordinación
Nacional de Colectivos Sociales, conformada por más de 30
grupos de todo el país, se informó la necesidad de consultar a las comunidades
afectadas directamente por los proyectos de inversión que de algún modo pueden
llegar a interferir con distintas actividades productivas y sociales.
Asimismo
se resaltó la oposición a los monocultivos de árboles y transgénicos a exportar
solo como materias primas.
ARATIRÍ.
Entre varios asuntos, el emprendimiento de minería de hierro a cielo abierto de
Aratirí ocupó un lugar central.
"El
proyecto ya inició la fase de exploración y, si el gobierno autoriza la explotación,
la empresa internacional Zamin Ferrous extraerá 18 millones de toneladas
anuales de hierro cuyo destino final es abastecer a la industria del acero en
China, India y otros países", se cuenta en parte del material que en la
jornada difundió el Movimiento por un Uruguay sustentable.
Tal
entidad sostiene que "El llamado distrito minero, la zona de exploración y
posible explotación, comprende 120.000 hectáreas
en los departamentos de Florida, Durazno, Treinta y Tres y Cerro Largo, con
centro en las localidades de Valentines y Cerro Chato.
La
zona en cuestión se encuentra hoy dedicada principalmente a la actividad
ganadera y equivale a más del doble de la superficie del departamento de
Montevideo. También refiriéndose a las técnicas de Aratirí, los manifestantes
subrayaron que la empresa india "dice que extraerá hierro pero busca
también otros minerales, incluyendo el oro que se extrae utilizando cianuro,
tal como se hace actualmente en Minas de Corrales".
Junto
al riesgo de contaminación de las aguas, que de acuerdo a estas fuentes
llegaría a afectar a la cuenca del río Santa Lucía y por tanto a todos los
montevideanos, se subrayó que Aratirí utilizará 43.000 toneladas anuales de
explosivos, hará desaparecer cerros enteros dejando cráteres de más de 100 hectáreas y al
menos uno, en Las Palmas, de 600 hectáreas .
La
actividad en los alrededores será severamente afectada no sólo por la
contaminación de las aguas, sino por "la destrucción de flora y fauna
autóctona, y los gigantescos depósitos de rocas y sedimentos descartados (70%
del total)".
Las organizaciones que convocan a la marcha son Acción sin Fronteras;
ADEOM Tacuarembó; Asamblea del Callejón de la Universidad ;
Asociación de Estudiantes de Agronomía; Colectivo de Lucha Por la Tierra ; CONACHA (Concejo de
la Nación Charrúa );
Mesa Representativa de la Ruta
7 (productores de Cerro Chato, Valentines, Santa Clara de Olimar, Tupambaé,
Arévalo y El Rosario); Productores de Vichadero y Caraguatá; Organización
de Vecinos de los Pueblos Costeros de Rocha; Movimiento en defensa de lo
que es nuestro (Chuy); Movimiento Por un Uruguay Sustentable; Movimiento por la
tierra y contra la pobreza (Buenos Aires); Trabajadores cañeros (UTAA);
Trabajadores rurales y colonos de Bella Unión, Tacuarembó, Sauce y todo el país;
y UCRUS (Sindicato de trabajadores clasificadores de residuos urbanos).
miércoles, 3 de octubre de 2012
Leyendo al revés.
Gavazzo y su esclarecedor libro.
Editorial: Difundirlo es sembrar Memoria.
Reportera-gráfica.
Leyendo al revés.
Para muchos de nosotros eran de esperarse estas “memorias” de un torturador.
No son las primeras por cierto, ya lo había hecho en su oportunidad Trócoli (represor de la marina y prófugo de la justicia uruguaya, mediante alguna ayuda que tarde o temprano saldrá a la luz).
Si uno rastrea los juicios de Núremberg se podrá apreciar que también algunos de esos criminales hicieron lo mismo.
En este caso vuelve una vez más la confirmación de haber aplicado “apremios físicos” llámese: Tortura como “técnica” de ablandamiento, o sometimiento a los prisioneros/as.
Logrando de esa manera la destrucción no solo física sino la demolición psíquica del detenido.
El ex coronel en calidad de reo, regodea su tiempo con memorias del pasado reciente.
Se puede apreciar con sus 72 años; que el final está por llegarle.
Aún así, pretende redimirse con un tinte salvador fundamentalista, de que actuó en nombre de la patria. Ya que nos habla del avance marxista que sobrevendría y nos desbastaría a todos.
-Apretar el “gañote” para obtener información-. Disciplina aprendida en la Escuela de las Américas, y urdida por la escuela francesa generadora de genocidios múltiples a lo largo de la historia.
Es allí; que otra de las enseñanzas impartidas fue; como torturar a las mujeres detenidas o secuestradas.
Y uno de sus paladines confesos; lo fue el pajarito Silveira, jactándose ante las presas de que eso lo hacia muy bien.
Así que ya tenemos a varios confesos de sus crímenes por eso fueron juzgados y enviados a ese lugar (Domingo Arena) donde el tiempo los apura en sus confesiones.
Así que tenemos por enésima vez de que torturaron:
Dicho por ellos mismos.
Hace una crítica a la compañera Sara Méndez, porque durante años buscó a su hijo en primer lugar, calificándola de terrorista
Recordemos que él mismo había dicho en su momento de “que la guerra no era contra los niños” siendo él principal artífice de dicho secuestro.
§ Así que ya tenemos que torturó y secuestró niños.
En otros párrafos publicados por la prensa, se queja del silencio auto impuesto por las FFAA a las que el reo representó disciplinadamente. Diciéndonos que poco ayudó a la paz.
Sin embargo la realidad marca que ya no hay secuestros, asesinatos políticos, centros clandestinos de detención, desaparecidos o robos y estafas.
Así que el coronel en sus memorias póstumas le falta aún darse cuenta que no hubo una guerra por estos lados del planeta.
Para esa eventualidad de razonamiento que le falta, debería permanecer más tiempo en las sombras y quizás con un poquito de suerte de nuestra parte tendremos más adelante alguna confesión más.
Sr. Ministro de Defensa Nacional.
Montevideo, 2 de octubre de 2012
Sr.
Ministro de Defensa Nacional.
Eleuterio
Fernández Huidobro.
Estimado
Eleuterio:
Por medio
del presente correo electrónico nos dirigimos a Ud. para expresarle que deploramos la decisión adoptada la semana
pasada que impidió que se tomaran registros fotográficos durante la inspección
realizada por la jueza Mariana Motta en las instalaciones del Batallón de Infantería
N° 13 en la ciudad de Montevideo.
La misma
supone a nuestro entender una arbitraria e injustificada obstaculización del
proceso judicial que están promoviendo decenas de ciudadanos que fueron
sometidos a graves violaciones a los DDHH en dicho centro.
Como es
de su conocimiento, durante el terrorismo de Estado, dicho lugar fue donde
funcionó el centro clandestino de detención conocido como “300 Carlos” o
“Infierno Grande”.
Investigar
y esclarecer todas las graves violaciones a los DDHH cometidas durante ese
período sangriento y doloroso de la historia nacional, identificar y sancionar
penal y administrativamente a los autores de ellas, es una obligación del
Estado para afirmar la institucionalidad democrática e impedir que ellas
vuelvan a ocurrir en el futuro.
Dicho
desafío involucra esencialmente al Poder Judicial. Es también una
responsabilidad de todas las autoridades gubernamentales contribuir activamente
para que surja la verdad de los hechos.
Por lo
mismo solicitamos a Ud. a que revea la decisión, autorice al Poder Judicial a
que lleve a cabo todas las actividades que considere pertinentes en los lugares
bajo su mando y adopte el compromiso de colaborar activamente, dando las
órdenes pertinentes, a que resplandezca la verdad, se identifique a los autores
intelectuales y materiales de los crímenes de Lesa Humanidad.
Lo
saludan atentamente,
Gastón
Grisoni
Uberfil Martínez
Presidente
Secretario
Identifican a nueva víctima uruguaya del Cóndor en Buenos Aires
BRECHA
28 DE SETIEMBRE DE 2012
SAMUEL
BLIXEN
Identifican a nueva
víctima uruguaya del Cóndor en Buenos Aires
LUIS MICHEL CEBALLOS
El militante
desconocido
La
identificación de otra víctima del Cóndor confirma la existencia de un centro
clandestino de detención en Buenos Aires para la tortura de ciudadanos
extranjeros, anterior a Automotores Orletti.
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La denuncia sobre
el asesinato de un militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR),
ocurrido en Buenos Aires en diciembre de 1975 y del que no existía noticia,
permite reconstruir la historia de la represión de la dictadura uruguaya contra
esa agrupación, que se inició en Montevideo en 1973 y se prolongó hasta 1978
cuando los últimos militantes secuestrados en Buenos Aires fueron trasladados
hasta La Tablada ,
donde desaparecieron definitivamente. Luis Michel Ceballos, de 21 años, cuyo
cuerpo presentaba una veintena de impactos de bala, fue ejecutado en un
subsuelo de un hasta ahora desconocido centro clandestino de detención de la Policía Federal ,
donde muy probablemente fueron recluidos, interrogados, torturados y asesinados
algunos de los uruguayos secuestrados en Buenos Aires antes de la instalación
de Automotores Orletti, el centro de operaciones de los represores del Plan
Cóndor.
Ceballos, un
estudiante que militaba en el liceo número 8, donde en agosto de 1972 fue
asesinado Santiago Rodríguez Muela, decidió refugiarse en Argentina a
principios de 1975 para evitar la reiteración de periódicas detenciones, a
pesar de ser menor de edad. Su vinculación a las Brigadas Rojas y al PCR era
“periférica”, según confirmaron ex militantes de ese grupo político, pero
mantenía una relación personal con Carlos Federico Cabezudo, un militante de
ese partido secuestrado en Buenos Aires en diciembre de 1977, y cuya presencia
en La Tablada ,
Uruguay, fue confirmada por testimonios de prisioneros sobrevivientes.
A comienzos de
diciembre de 1975, Ceballos, que se había integrado a la estructura de los
exiliados del PCR en Argentina, viajó fugazmente a Montevideo con documentos
falsos para ver a su madre, gravemente enferma. Retornó a Buenos Aires, donde
trabajaba como zapatero. Semanas más tarde, su hermana, Susana, recibió una
llamada telefónica anónima, urgiéndola a que se trasladara a Buenos Aires
porque su hermano estaba “muy grave”; le dieron un número telefónico para que
se contactara en cuanto llegara.
Sospechando que su
hermano había muerto, Susana viajó el 1 de enero de 1976 en compañía de su
madre y su otro hermano, y al día siguiente concurrió a lo que supone era la
morgue. Un funcionario, que no se identificó, le pidió que reconociera el
cuerpo de un joven. Susana se descompuso y el funcionario le evitó el
reconocimiento directo: le mostró numerosas fotos que guardaba en una carpeta
de color verde. Michel Ceballos presentaba heridas de bala en el cráneo, en el
tórax y en el abdomen, según consigna el documento del Registro de Estado Civil
de la Municipalidad
de Buenos Aires. Nadie le informó a Susana sobre las circunstancias de la
muerte de su hermano, pero en el momento en que reconocía las fotografías
alcanzó a leer la carátula de la carpeta:“Ocho muertos. Un herido grave.
Nosiglia”. El funcionario señalaba con una lapicera las heridas que
aparecían en las fotos del cuerpo desnudo de Michel: “23 orificios de bala, no sufrió
nada”, dijo el funcionario, quien le entregó una tarjeta de una empresa
fúnebre, alertándola de que no contratara a ninguna otra porque esa empresa
–Canning, según recuerda– era la única autorizada.
Según relató a
Brecha, Susana Ceballos recibió días después la visita de Carlos Cabezudo,
quien desde 1973 se encontraba clandestino en Argentina: “Me recomendaba que no regresara a
Montevideo, pero en ningún momento me explicó qué había pasado con mi hermano;
deduje que Michel militaba con Cabezudo”.
GALERÍAS PACÍFICO
A su regreso
a Montevideo, Susana Ceballos recibió por correo una copia del certificado de
defunción de su hermano. El documento contenía una valiosa información que no
había sido explotada hasta ahora, y que vino a confirmar una denuncia
presentada por un ciudadano portugués, en febrero pasado, en la megacausa del
Plan Cóndor, que instruye el juez federal Daniel Rafecas.
Arturo Santana, realizador de televisión, había sido detenido en marzo de 1976,
requerido por su condición de militante montonero. Santana permaneció varios
días en un centro de tortura, que él presumía que estaba en un lugar céntrico
de Buenos Aires y que tenía tres subsuelos, uno donde se habían acondicionado
celdas precarias, y un tercero donde se realizaban ejecuciones, a estar por las
ráfagas y disparos que oían los detenidos.
ARTURO SANTANA.
FOTO: ELIANA GILET
Recién en 1987 Santana logró identificar el lugar donde estuvo detenido antes
de ser trasladado a Campo de Mayo. Tal como relató a Brecha, en su condición de director de
fotografía participaba ese año de la realización de una producción para la
televisión: Ciudad de los
pobres corazones, sobre el
álbum de Fito Páez y dirigida por Fernando Spiner, que se filmaba, en
parte, en un edificio de la avenida Córdoba, entre Florida y San Martín, que
acababa de ser declarado monumento histórico. Los dibujos de las baldosas del
piso le trajeron a Santana ciertos recuerdos y al recorrer los subsuelos
encontró en las paredes rastros del lugar donde había permanecido detenido en
marzo de 1976.
El realizador hizo una denuncia judicial pero ésta fue archivada.
Posteriormente el edificio sufrió importantes modificaciones cuando el gobierno
de Carlos Menem autorizó su enajenación para su conversión en un centro
comercial, las famosas Galerías Pacífico, que tomó el nombre de las
dependencias que allí habían funcionado, las del Ferrocarril al Pacífico, que
compartían espacios con la
Superintendencia de Policía Ferroviaria y con Coordinación
Federal.
En febrero pasado San tana inició una querella y en abril solicitó a la
justicia “libre oficio a la Policía Federal para que responda si en el 76
operó desde ese señorial edificio una delegación, comisaría o dependencia de
esa fuerza” y si allí
funcionó un polígono de tiro. El ciudadano portugués presume que en aquel
edificio la policía interrogaba y recluía a extranjeros, porque eran de esa
condición todos los que fueron trasladados desde allí a Campo de Mayo.
La denuncia de Santana coincide parcialmente con una afirmación del entonces
fiscal de la Cámara
Federal Luis Moreno Ocampo sobre la existencia, en las
dependencias de la
Policía Ferroviaria , de un centro clandestino de detención
que había funcionado entre 1977 y 1981 perteneciente al circuito ABO
(Atlético-Banco-Olimpo) bajo la tutela del general Guillermo Suárez Mason, por
entonces jefe del Primer Cuerpo de Ejército. El testimonio de Santana adelanta
la fecha de funcionamiento de ese centro de tortura a marzo de 1976.
Sin embargo, en el proceso de confirmación de la existencia de un centro
clandestino de torturas hasta ahora desconocido, se convirtió en un elemento
clave la partida de defunción en poder de Susana Ceballos. El documento detalla
que la muerte de Luis Michel Ceballos ocurrió “en
el interior de la finca sita en Córdoba 652 el 30 de diciembre de 1975 a las 16 horas”. El documento está firmado por el
oficial del Registro de Estado Civil César Gutiérrez Eguía, según certificado
médico de Mario Sebastián Rosenfeld.
Al recolectar los elementos para el inicio de una querella ante la justicia
argentina por el asesinato de su hermano, Susana Ceballos hizo protocolizar el
acta de defunción que había recibido por correo y, en compañía de la militante
de derechos humanos Lile Caruso, concurrió a la dirección donde, según el
documento, habían matado a Luis Michel. Ambas confirmaron que en Córdoba 652
radican las Galerías Pacífico. Simultáneamente, la publicación de una
entrevista a Arturo Santana, en la edición de Página
12 del 14 de agosto pasado,
permitió confrontar el testimonio del ciudadano portugués con la prueba
documental.
La confirmación de la existencia de un centro operativo en el microcentro de
Buenos Aires donde confluían detenidos extranjeros constituye una pista para
determinar dónde fueron interrogados y torturados, por personal policial y
militar uruguayo, algunos de los exilados desaparecidos o asesinados antes de
la inauguración, en junio de 1976, del centro clandestino Automotores Orletti.
Hasta ahora ningún organismo oficial, argentino o uruguayo, consignaba el
nombre de Luis Michel Ceballos como víctima de la coordinación represiva del
Río de la Plata ,
en parte porque sus familiares habían postergado la denuncia. Pero en otros
casos de uruguayos desaparecidos ocurridos en los primeros meses de 1976 las
informaciones son en extremo parciales: Nebio Melo Cuesta y Winston Mazzuchi,
ambos integrantes de la dirección del PCR, fueron detenidos el 8 de febrero de
1976 en un bar de la estación Belgrano por personas de particular que se
identificaron como personal de Coordinación Federal; ambos permanecen
desaparecidos y no se sabe a donde fueron trasladados. El 5 de abril de 1976
fue detenido Ary Cabrera, militante del PVP, fue secuestrado el 17 de abril de
1976 junto a Telba Juárez, cuyo cuerpo apareció dos días después en la
localidad de Barrancas. Hugo Gomensoro Josman – cuyo hermano Roberto fue
asesinado en Paso de los Toros- fue detenido junto con su compañera María del
Rosario Vallarino el 30 de abril; conducidos a un centro de torturas, María del
Rosario fue liberada días después; el cuerpo de Hugo fue allado en aguñas del
Río de la Plata
un mes después. Finalmente, el 18 de mayo de 1976 fueron secuestrados Rosario
Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz; sus
cuerpos aparecieron dos días después en el interior de un auto abandonado.
Nunca se supo dónde fueron torturados y asesinados.
Las decenas de uruguayos detenidos a partir de 1976 fueron todos recluidos en
Automotores Orletti hasta que ese centro clandestino fue cerrado a finales de
ese año. La existencia de un centro donde ahora funcionan las Galerías Pacífico
destinado a prisioneros extranjeros podría revelar dónde operó el Cóndor antes
de Orletti.
La
represión contra el PCR
El “PETISO” Nebio Melo y el “PELADO” Winston Mazzuchi fueron secuestrados el 8
de febrero de 1976, un mes después del asesinato de Luis Michel Ceballos, por
una patota que irrumpió en el bar Tala de la Estación Belgrano
C. Melo y Mazzuchi eran Militantes del PCR, al igual que Ceballos; pero a
diferencia de éste, aquellos nunca aparecieron.
Unos días más tarde, otra patota de unos 15 hombres fuertemente armados que se
movilizaban en autos Ford Falcon y que se identificaron como de Coordinación
Federal, allanaron la vivienda donde dos meses antes había residido Nebio Melo
junto a su esposa y su pequeña hija. Los nuevos inquilinos de la casa formularon
una denuncia en la comisaría de la zona. El comisario dijo desconocer el
operativo y luego de unas consultas informales les dijo que no se preocuparan,
que no había nada contra ellos. Y agregó: “Debe de tratarse de un grupo de
uruguayos que andan jodiendo”.
La convicción de que, por regla general, los operativos en Buenos Aires contra
refugiados uruguayos eran protagonizados por personal de la OCOA y del SID, policías y
militares que se trasladaban a Argentina, termina siendo confirmada, tarde o
temprano con el surgimiento de pruebas.
En el caso de la represión contra militantes del PCR refugiados en Buenos
Aires, documentos recientemente conocidos revelan que, precisamente por las
fechas en que fue asesinado Ceballos y desaparecidos Melo y Mazzuchi, estaba
presente en la capital argentina un capitán de caballería que en 1973 –y
probablemente antes- tenía como objeto prioritario de sus accionar la represión
contra militantes del PCR.
La presencia en Buenos Aires del capitán Juan Carlos Gómez no habilita afirmar
que estuvo involucrado en el asesinato y las desapariciones mencionadas. Pero
su historial permite sospechar algún tipo de participación. Numerosos
testimonios indican que Gómez tuvo participación activa en las torturas a las
que fueron sometidos muchos prisioneros recluidos en el cuartel del Regimiento
6 de Caballería; también se presume que participó en los interrogatorios a que
fue sometido a finales de 1974 Luis Eduardo González González, hasta hoy desaparecido.
Pero el hecho por el que está procesado y recluido en la cárcel de Domingo
Arena es el asesinato de Roberto Gomensoro Josman. Según el testimonio de
varios testigos, Gómez fue quien directamente asesinó a Gomensoro en la unidad militar
de Paso de los Toros. Por ese hecho también está procesado José Nino Gavazzo.
El cuerpo de Gomensoro fue encontrado en el lago artificial de la represa de
Rincón del Bonete por unos pescadores del lugar. Estaba envuelto en una malla
de alambre que sostenía piedras. Fue enterrado en el Cementerio de Paso de los
Toros como NN pero la cabeza fue conservada por el médico policial que realizó
la autopsia. Muchos años después un estudio de ADN confirmó que el cráneo
correspondía a Gomensoro, pero no pudo verificar la identidad del cuerpo
sepultado porque, curiosamente, cuando el caso comenzó a ser ventilado, las
tumbas fueron profanadas y los restos de aquel cuerpo hallado en el lago
desaparecieron.
La justicia procesó al hoy coronel Gómez, que permanece recluido pese a que,
recientemente, el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, difundió
su convicción de que Gómez es inocente en el caso Gomensoro, quien habría sido,
a su juicio, asesinado en una unidad de Montevideo.
Si finalmente se inicia una investigación sobre los muertos y desaparecidos del
PCR, quizás pueda determinarse qué hacía el entonces capitán Gómez en Buenos
Aires a fines de 1975 y comienzos de 1976.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Infierno grande- 300 Carlos centro de tortura.
Política LA DIARIA. PRENSA 28.9.12
Malestar de defensores
de los Derechos Humanos por decisión del ministro de Defensa.
“Realmente no
podemos creer esta decisión de [el ministro de Defensa, Eleuterio] Fernández
Huidobro. Es algo que entorpece la causa judicial y que limita la función de un
poder independiente del Estado. Pareciera que el ministro no entiende estas
cosas”, dijo anoche en diálogo con la diaria el abogado Federico Álvarez
Petraglia, patrocinante de una denuncia por violaciones a los derechos humanos
en la última dictadura, presentada por el periodista Rodolfo Porley.
Álvarez Petraglia
expresaba así su molestia a raíz de un episodio registrado ayer a las 14.00 en
el Batallón de Infantería Nº 13, donde funcionó el centro de torturas conocido
como “Infierno Grande” o “300 Carlos”. Hasta ese lugar, ubicado en Avenida de
las Instrucciones y Casavalle, llegaron con el propósito de hacer una
inspección ocular la fiscal Ana María Tellechea, la jueza penal de 7º Turno,
Mariana Mota, los denunciantes con sus abogados y seis funcionarios del
Ministerio del Interior. También concurrieron, en calidad de testigos y citados
por la Justicia ,
seis ex presos políticos del Partido Comunista que estuvieron en el “Infierno
Grande”: Martha Valentini, Beatriz Weisman, Mario Ítalo Moreni, Albert Moreira,
Dari Mendiondo y Clarel de los Santos.
Unos minutos
antes de empezar la inspección ocular, la jueza Mota habló con un coronel para
informarle que se iban a tomar fotos. El coronel se comunicó con un general y
poco después llegó la noticia. “Nos explicaron que tras una consulta que se
hizo desde el comando del Servicio de Materiales y Armamentos del Ejército
directamente con el ministro Fernández Huidobro habría ordenado que no se podía
sacar fotos”, explicó Álvarez Petraglia a la diaria.
Según el abogado,
las razones esgrimidas para impedir el ingreso de los equipos les resultaron
poco creíbles.“Nos dijeron un verdadero disparate: que supuestamente habría en
ese lugar armamento secreto. Lo único que vimos cuando entramos eran máquinas
en desuso”, agregó Álvarez Petraglia. La inspección se pudo realizar y la jueza
Mota, además de escuchar los testimonios de los seis ex presos, dispuso que los
funcionarios de Policía Técnica hicieran un croquis del lugar.
“Para nosotros
sacar fotos era importante. Por ejemplo, todos los que estuvieron en el 300
Carlos relataron que había un primer piso dentro del barracón al que se subía
por una escalera de 17 escalones, que está hasta hoy. Esos testimonios
coincidieron, pero en el marco de la causa es importante documentarlo. Las
inspecciones oculares siempre requieren las imágenes de la pericia técnica”,
detalló el abogado, quien insistirá para que eso pueda concretarse. Desde el
Ministerio de Defensa se explicó a la diaria que se impidió fotografiar porque “la
orden judicial sólo se refería a una inspección ocular”. La fuente consultada
agregó que hoy se recibirá un informe escrito sobre lo sucedido.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Las confesiones del torturador coronel Gavazzo.
LAS CONFESIONES DE GAVAZZO
Mi lucha
El teniente retirado José Gavazzo escribió un libro
autobiográfico que saldrá a la venta en los próximos días. En él reconoce que
aplicó apremios físicos porque "son inevitables en tiempos de guerra"
y admite que "apretó el gañote" a presos porque había que obtener
información rápidamente. Criticó a Sara Méndez por "reclamar como madre lo
que había perdido como terrorista", en relación a su hijo Simón.
"José
Nino Gavazzo: Mi testimonio", es el nombre del libro autobiográfico que el
teniente coronel retirado José Gavazzo publicará en los próximos días a través
de Artemisa. El semanario Búsqueda accedió a un adelanto del libro de 634
páginas, destacando en especial algunos fragmentos del capítulo dedicado a los
apremios físicos en la época de la dictadura.
Gavazzo
reconoce en ese capítulo que "apretó el gañote" e hizo lo necesario
parta conseguir la información de presos detenidos. El militar asegura que
"los años de silencio autoimpuesto por las Fuerzas Armadas de poco han servido
para consolidar una paz duradera y auténtica, y por el contrario han
contribuido a crear un clima de 'culpabilidad'' sobre muchos que lo único que
han hecho, como yo, fue cumplir con el deber y defender a nuestros
conciudadanos demócratas y republicanos de otros que no s querían imponer un
régimen dictatorial similar al entonces vigente en los países del bloque
comunista".
El
militar, procesado en el 2006 por delitos de "homicidio muy especialmente
agravado", estuvo "frente a la boca de los fusiles del enemigo
mientras rebotaban alrededor". "Tuve suerte: ninguna dio en el
blanco. A la inversa, también tuve a esos enemigos en la mira de la cabina y
alguna vez herí a alguno", dijo.
Gavazzo
explica que al detener a un integrante de la guerrilla, "el factor tiempo
se tornó un elemento básico para poder obtener información del prisionero que
permitiera llegar a los integrantes del resto de la célula antes de que se
percataran de lo sucedido", según los adelantos de Búsqueda.
Entre los
detenidos, "la mayoría (...) se doblegaba de inmediato, lo que nos
permitía seguir su cadena de contactos". "Las mujeres eran
mayoritariamente y en todos los aspectos mucho más duras de carácter y de
comportamiento más inteligente que los hombres (...) Los obreros, absolutamente
minoritarios en las organizaciones terroristas, eran por lejos más
concientizados e inteligentes que los estudiantes".
Apremios
Apremios
El
militar excusa el hecho de haber aplicado apremios físicos al aclarar que
"una demora en la obtención de la información podía haber significado la
pérdida de una o más vidas humanas".
Luego compara la situación con la de un padre al que le secuestran un hijo, al que van a matar, y tiene la oportunidad de sacar la información a uno de los secuestradores. "¿Qué hace usted? ¿Se comporta éticamente en forma correcta y deja que su hijo muera o agota cualquier medio para que ese hombre le diga la forma de salvar la vida de su hijo?", inquiere al lector.
"Si usted, señor lector, me responde que no le salta arriba al secuestrador y le aprieta el gañote hasta que le diga dónde encontrar a su hijo, permítame decirle respetuosamente que no le creo, o que su sangre no es tal, sino sólo horchata". En esos momentos de la sociedad "agredida por las bombas y balas terroristas", Gavazzo, como integrante de las Fuerzas Armadas "tenía la responsabilidad legal, constitucional y moral de velar por todos esos hijos de desconocidos conciudadanos".
Luego compara la situación con la de un padre al que le secuestran un hijo, al que van a matar, y tiene la oportunidad de sacar la información a uno de los secuestradores. "¿Qué hace usted? ¿Se comporta éticamente en forma correcta y deja que su hijo muera o agota cualquier medio para que ese hombre le diga la forma de salvar la vida de su hijo?", inquiere al lector.
"Si usted, señor lector, me responde que no le salta arriba al secuestrador y le aprieta el gañote hasta que le diga dónde encontrar a su hijo, permítame decirle respetuosamente que no le creo, o que su sangre no es tal, sino sólo horchata". En esos momentos de la sociedad "agredida por las bombas y balas terroristas", Gavazzo, como integrante de las Fuerzas Armadas "tenía la responsabilidad legal, constitucional y moral de velar por todos esos hijos de desconocidos conciudadanos".
"La
primera obligación fue sin dudas que ese terrorista nos dijese donde estaba ese
hijo secuestrado y así poder salvarlo de una muerte segura. Yo procedí así, ya
que el primero de los derechos humanos es el derecho a la vida y sin el mismo
los demás dejan de tener sentido de existir", agrega en su libro.
El
militar trata de mentirosos, cobardes e hipócritas a los magistrados "que
ocultan la verdad" y "por supuesto sus cómplices encubiertos, los
integrantes de ex organizaciones terroristas, hoy convertidos en testigos y
denunciantes". "Y a los integrantes del PVP traídos por mí desde
Argentina, les agrego que son unos desagradecidos relucientes de una gran
pobreza de espíritu".
Gavazzo
aclaró que a los presos que por cobardía entregaron a sus compañeros
"jamás hubo que apretarles el gañote, ya que su voluntaria colaboración lo
hacía innecesario". "Fueron muchos más de los que comúnmente se
piensa los Amodio Pérez o las Pilar Nores", dice al respecto de aquellos
que daban información a cambio de beneficios.
"Ni
yo ni ningún camarada apretamos el gañote por o con placer a nadie. Fue una
desagradable necesidad de la guerra", sentencia, agregando que métodos más
cruentos fueron usados en la revolución mexicana o comunista. "Yo apreté a
algunos enemigos de entonces, pero lo hice para prevenir el mal mayor, como un
cirujano que corta una pierna gangrenada", afirma.
Finalmente,
asegura que todas las personas detenidas, salvo María Claudia García de Gelman,
integraban organizaciones subversivas y terroristas, criticando a Sara Méndez,
que "prefirió ser terrorista antes que madre y luego pretendió reclamar
como madre lo que perdió como terrorista"
Montevideo Portal
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