domingo, 2 de junio de 2013

DE LA DICTADURA A LA IMPUNOCRACIA (*) por ROGER RODRIGUEZ

DE LA DICTADURA A LA IMPUNOCRACIA (*)
 
por ROGER RODRIGUEZ
 
Cultura de la impunidad es un término periodístico o sociológico, si se quiere, que comenzamos a utilizar hace años, cuando nos dimos cuenta que la impunidad había derivado en algo más. En varias ocasiones hemos dicho y escrito que la impunidad es el no castigo y la cultura de la impunidad su consecuencia. En Uruguay se cometieron terribles crímenes de lesa humanidad bajo un régimen de terrorismo de Estado. Esos crímenes, en su mayoría, no fueron juzgados como se debía en su tiempo y en su  momento.
Eso fue generando una consecuencia. No sobre el castigo en sí, el delito en sí o la verdad en sí, tampoco sobre un crimen o sobre lo que implicaba la tortura que fue la madre de todas las situaciones. La desaparición forzada, la desaparición de gente, surge del ocultamiento del cuerpo de quien fue muerto en tortura. Luego, cuando comprendieron que la desaparición tenía tanta fuerza como herramienta dentro del terrorismo de Estado es que comenzaron a utilizar la desaparición forzada en forma sistemática.
¿Pero cómo se llegó a esto? ¿Quiénes son los agentes o los protagonistas que intervinieron en la formación de esta cultura de impunidad? ¿Cómo se instaló la impunidad en Uruguay y desde cuándo esta enquistada?...
Personalmente, yo analizo la impunidad en tres actos, los tres actos de constitución del golpe de Estado.
 
Yo opino que en Uruguay hubo un primer golpe cuando se aprobó la Ley 14.068 en julio de 1972. Cuando se declaró el Estado de Guerra Interno y la Ley de Seguridad Nacional. En esa Ley se permitía que la Justicia Militar actuara sobre civiles. Fue un golpe de Estado del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo contra el Poder Judicial. Un Golpe de Estado del que el Poder Judicial todavía no ha terminado de salir. Esto es muy importante entenderlo, porque el Poder Judicial ha seguido sometido durante todo este tiempo…
El segundo acto fue el 9 de febrero de 1973, cuando el Ejército le dio un golpe de Estado al Poder Ejecutivo. Pero, el Poder Ejecutivo se plegó al golpe de Estado y el propio Presidente Juan María Bordaberry y su gabinete, que integraba Julio María Sanguinetti, en vez de caer, negociaron en Boisso Lanza y aceptaron firmar el Decreto N° 163/973 con el cual creaba un Consejo de Seguridad Nacional, COSENA, integrado por militares, que el ya violentado Poder Judicial no declaró inconstitucional.
Finalmente, el 27 de junio de aquel año, con el Decreto N° 464/973, el hasta entonces presidente legal Juan María Bordaberry se transformó en dictador y disolvió el Parlamento. Se confirmaron tres golpes de Estado: uno al Poder Judicial, otro al Poder Ejecutivo y finalmente el Poder Legislativo. Así se instaló la dictadura, que necesitó de la impunidad para consolidar su terrorismo de Estado.
 
La impunidad ya existía, desde que se aplicaron medidas prontas de seguridad de 1968 y aún antes, desde cuando se torturaba bajo las enseñanzas de Dan Mitrione y otros agentes de inteligencia norteamericanos o de otros países. Pero a partir de esos tres golpes de Estado ya no hubo no solo “puntos de referencia” como se excusan los militares, sino que dejaron de existir todos los parámetros sobre el respeto a la condición humana.
Puede resultar hasta gracioso leer algunas de aquellas resoluciones y analizar hoy como se dijeron ciertas cosas. Por ejemplo, cuando se hace el Decreto 464 por el que se disuelve el Parlamento, se crea un Consejo de Estado que tendría entre sus funciones, además de legislar, la de “controlar la gestión del Poder Ejecutivo relacionada con el respeto de los derechos individuales de la persona humana y con la sumisión de dicho Poder a las normas constitucionales y legales”. Obviamente, el Consejo de Estado nunca cumplió esa función de contralor sobre los derechos humanos que la propia dictadura le encomendaba. Aquellos consejeros siguen impunes.
¿Quiénes son los impunes y quiénes son sus impunidores? ¿Quiénes fueron los que cometieron los crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado? Son los militares y policías sí, pero eran civiles los que les acompañaron. La mayoría de los miembros del Consejo de Estado y la mayoría de los ministros eran civiles. También eran civiles quienes les acompañaban en sus reuniones sociales, los periodistas eran civiles, el cuerpo diplomático era civil… Todos ellos acompañaron el golpe de Estado.
 
Cuando analizamos impunidad e impunidores tenemos que mirar la letra chica. Recién ahora en Argentina comienzan a hacerle juicio a los civiles. Esa es una de las razones por las que tanto cuesta sacarse la impunidad de encima. Los civiles que pudieron tener algún tipo de responsabilidad durante el terrorismo de Estado, son conscientes de que cuanto se termine la lista de militares y policías que deben ser juzgados y si se supiese toda la verdad y las causas de esos crímenes, siguen ellos… Por eso vamos a encontrar acciones y reacciones a nivel civil, ya sea desde los ministerios, desde lo político, desde lo económico, desde lo empresarial, en todos los escenarios.
Hay impunidades regionales e impunidades internacionales. Es muy fácil meter el contexto del terrorismo de Estado uruguayo en el marco de la guerra fría, sin decir quién es el padre de quién. Y hay hijos de esa impunidad. Son hijos de esa impunidad los que ascendieron de grado durante toda la dictadura, los trepadores, los delatores, los que hicieron carrera, los que hicieron negocios, los que se sumaron a las corrupciones de Estado y de no Estado, durante todos esos años. Hubo muchos negociados durante la dictadura. Hubo mucha gente que hoy tiene mucho poder y mucho dinero, que hizo ese dinero y adquirió ese poder en los años de la dictadura.
 
La salida de la dictadura, más que una salida fue una entrada a otra etapa que se llamó transición. Se salió con un pacto en el Club Naval y con candidatos proscriptos. Y se aprobaron luego dos leyes que hoy se ponen como contracara de la los juzgamientos. Leyes que tenemos que leer correctamente. La Ley de Amnistía amnistió a inocentes, gente que estaba presa sin haber cometido otro delito que pensar y soñar un mundo distinto. La Ley de excarcelación, en cambio, sacó de las cárceles a los que tenían que haber amnistiado, porque les tipificaron delitos de sangre. Luego, se desexilió a los que habían sido expulsados, simplemente se les permitió volver… Finalmente se voto la caducidad para los criminales de lesa humanidad.
Lo que nunca hubo, fue un desinsilio. Durante la dictadura hubo gente en la cárcel, hubo gente en el exilio y hubo gente en el insilio, acá adentro encerrados. Y esa es la situación que todavía no tiene una ley y es una deuda interna. Ese es para mí el principal elemento de la cultura de la impunidad. Lo que pasó acá adentro y acá adentro quedó. Se escribió una historia sobre la cárcel y se escribió una historia desde el exilio, pero del insilio no.
Los que quedamos adentro y nos criamos en dictadura no sabíamos que estábamos en dictadura. Llevábamos el pelo por arriba de la camisa y la pollera por debajo de la rodilla. Y nuestro insilio continúa de alguna forma. Hubo una lógica de los hechos que terminó en la Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, por la que cuando el Poder Judicial pudo juzgar debió dejar de hacerlo, hasta el año pasado cuando se aprobó una ley que ahora se declara inconstitucional. De la lógica de los hechos de la caducidad se pasó a la lógica de lo hecho que consolidó la cultura de la impunidad.
 
Los impunes son, entonces, los militares, los policías, los civiles, los consejeros de Estado, los docentes universitarios (en esta facultad dio clases durante años algún psicólogo torturador), o los jueces que los ampararon. El hoy presidente de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Jorge Ruibal Pino, fue el primero en amparar en la Ley de Caducidad en el año 1985 al caso del maestro y periodista Julio Castro. Era entonces un juez penal, pero un juez penal formado en la dictadura y con esa concepción, con esa doctrina, con esa forma de pensar y de ver... una forma de actuar y una forma de ser, donde quienes ascendían eran los que aceptaban determinadas reglas de juego. Eso explica muchas cosas…
Y hay una impunidad de los impunidores, que es tan grave como la impunidad misma. Esta impunidad de los impunidores es la que nos ha llevado a donde estamos hoy. Algo que yo denomino Impunocracia. Una palabra que derivaría del latino impunitas, que significa no punir, no penar, no castigar; y del griego kratos que puede traducirse como poder. Estamos en una Impunocracia, estamos en el poder del no castigo. Ya todos somos impunes. Cada uno de nosotros es impune en el ejercicio de su mucho o poco poder.
 
Esto provoca que la impunidad tenga una mala lectura histórica. Fíjense en qué es lo que se enseña en la escuela y lo que luego ocurre cuando quiere enseñarse lo que realmente ocurrió. Recuerden qué decían los libros en los que ustedes se formaron desde escolares, a liceales y hoy, incluso, que son universitarios. Miren cómo se cambian los conceptos de lo ocurrido para que lo que pasó quede impune.
Observen la teoría de los dos demonios, la teoría de los combatientes, los procesos de explotación y dependencia emparentados con la guerra fría, el terrorismo de Estado que nunca se reconoce que existió, la tortura que no se considera un crimen de lesa humanidad, el “no te hagás el perro puto que sabías a qué jugabas”, que esto se soluciona cuando el último se muera… A veces pienso que en Uruguay no hay un atraso cambiario, hay un atraso etario. Hay gente muy vieja en las estructuras de poder que genera una visión vieja y un reflejo de eso.
¿Dónde están los jóvenes? Hoy por suerte están acá. Hace tiempo que no tenía delante tantos jóvenes. Es culpa mía… pero también es culpa de ustedes que tendrían que ir a apoyar a a veces a los viejos. Pero esta es la realidad. La realidad es que hoy estamos nosotros acá porque dentro de un rato hay una marcha. Una marcha contra la impunidad.
 
La impunocracia también es política. La transición es eterna en lo político. Los partidos rotan pero los programas permanecen. Un programa negociado para hacer mayorías después no se cumple. El presidente cuando llega al gobierno pasa a ser el presidente de todos, no del que lo votó. Después se cumple el programa según las encuestas. Se utiliza el cuco de la dictadura, el cuco de la crisis, el cuco del pasado… Hay un juego entre el sillón, el sello y la posibilidad de lo posible. El Ejecutivo no ejecuta, el Parlamento no parlamenta, la Justicia es injusta.
Durante la impunocracia, en lo económico, las crisis son cícilicas, la corrupción y el negociado no se recuerdan, las carteras incobrables se estatizan, de los bonos Brady nadie se acuerda aunque generaron la deuda pública, las privatizaciones de las empresas públicas ya están y quedaron ahí, como la Operación Conserva, la deuda Rusa, la “P-dúe”, el Opus Dei, la secta Moon, las Safis, ¿qué es todo eso? El Bafisud, el Pan de Azúcar, el Comercial, la Caja Obrera, ¿quién se acuerda? El cangrejo rojo, la merluza negra, ¿qué es eso?... Es impunidad. No sabemos qué paso en nada de eso. Todo está impune.
 
En impunocracia se administra bien el capitalismo. El dólar es la moneda con la que jugamos porque no podemos jugar con el Euro, pero hoy por hoy tenemos una Unidad Indexada que va a ser la “burbuja” de mañana. Todas las deudas y los créditos son indexados hoy, pero el día que reviente la indexación, vamos a tener los problemas que sufre ahora España. Las terciarizaciones siguen allí, igual que las Afaps, la tierra se extranjeriza con sus paisajes de soja y eucaliptus, “que los ricos sean más ricos aunque los pobres sean menos pobres”… Dimos vuelta la frase de José Batlle y Ordóñez.
En lo social, la Impunocracia trae la criminalización de los jóvenes desde los tiempos de las razias, el pedido de baja de la edad de imputabilidad (que ya se pedía en el año 85), depósitos de estudiantes y bajo nivel educativo en la Enseñanza, la deserción escolar y liceal, todos tienen ceibalitas pero no sabemos qué contenido les vamos a poner… El ingreso de la pasta base que es una droga ideológica, la estigmatización de los barrios, la marginalización de esos sectores sociales, el sentimiento de inseguridad, la clase media pidiendo gastos en seguridad, la población encerrada tras las rejas de sus casas convertidas en cárceles de su propia propiedad privada, la feudalización de los barrios (que ahora tienen dueños, son bandas, nombres, familias), mañana será la favelización con la represión. Y para eso, la Republicana ya está pronta.
 
Esta realidad nos deja dos caminos. Por un lado, la Impunocracia nos puede llevar definitivamente a la Consumocracia (del latin consumere que significa gastar o, curiosamente, destruir; y del griego kratos que se traduce como poder. El poder del gasto o el poder de la destrucción).
La lógica de los hechos lleva a que todos queden impunes, la prescripción de los delitos es el juego, la lesa humanidad se juzgará cuando vuelvan del cementerio, la verdad va a ser un secreto de Estado, el olvido va a sustituir a la memoria, la reconciliación va a ser un punto final, deberemos transformarnos para ser sistema, seremos lo que gastemos, tendremos la dependencia en la comunicación que nos den y en Internet (algunos de ustedes habrán escuchado en esta misma sala la teleconferencia de Julian Assange, desde su asilo en la embajada ecuatoriana en Londres), el mundo será virtual y seremos una suerte de Avatares controlados.
El otro camino, implica que en días como hoy sigamos acumulando, marchando, reclamando, para constituirnos en una democracia humanizada. Con un nuevo contrato social, basado en los derechos humanos, basado en el derecho internacional, sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la memoria, sobre ética y valores, todos conceptos que la impunidad nos come. Con capacidad de indignarnos, para exigir, sobre todas las cosas, el Nunca Más…
Pero nada de esto va a ser posible si no se contesta, y si no se pelea para que se conteste, lo que se pregunta desde hace 18 años en cada una de las Marchas del Silencio y desde antes: ¿Dónde están?
 
(*) Versión editada de la conferencia realizada en el aula magna de la Facultad de Psicología durante una charla sobre "La cultura de impunidad", junto a Gabriel Mazzarovich, en la "previa" a la 18° Marcha del Silencio del 20 de mayo de 2013.