jueves, 13 de mayo de 2010

El pasado que no pasa.


Memoria del Uruguay


El escudo que representa a nuestro país ante el mundo, fue aprobado el 19 de marzo del año 1829. Está coronado por un sol en su parte superior y orlado por dos ramas de olivo y laurel, unidas en la base por un lazo azul celeste.

Por dentro está dividido en cuatro partes iguales, una balanza en su lado izquierdo que simboliza la igualdad y la justicia, a su derecha el Cerro de Montevideo que representa la fuerza, en la parte inferior izquierda, un caballo suelto como símbolo de libertad y en su lado derecho, un buey como símbolo de abundancia.
Este escudo, se fue resquebrajando desde la década del 50 en adelante, hasta “estallar” en mil pedazos durante los casi 12 años de dictadura instalada en nuestro país, desde el 27 de junio del año 1973 hasta 1985.

¡¡Ni Igualdad, ni Justicia, ni abundancia!! Lo que sí se marcó en todo ese período, fue la fuerza del régimen cívico-militar instaurado, sembrando la muerte y la desaparición forzada como instrumento de terror, para poder aplicar la economía neoliberal. Redundando en mayor concentración del capital que se haya visto hasta ese momento.
Como respuesta a esa nueva era económica se profundizaron las luchas populares en toda América Latina.

Varias décadas del siglo XX quedaron marcadas por la insurgencia popular antiimperialista y anticolonialista, en todo el mal llamado “Tercer Mundo” primero en África, luego en Asia y América Latina.
Esto tuvo un gran costo en asesinatos políticos, torturas sistematizadas con absoluta impunidad y desaparición forzada de personas, materia pendiente hasta nuestros días.
Se agudizó el empobrecimiento a escalas nunca vistas de poblaciones enteras, motivado por las cartas de intención firmadas con el imperio de EEUU, lo que condenó a varias generaciones a la más cruel y sangrienta miseria, devastación de los recursos naturales y saqueo en gran escala, la emigración masiva y su persecución incluso fuera de fronteras.

Especialmente en las décadas 60 y 70, en el Cono Sur de América Latina, se instauraron varios regímenes totalitarios. Los vientos de libertad y necesidad de Liberación de nuestros pueblos, con Cuba como faro a seguir y apoyar, intentaron romper las estructuras de dominación, organizando la lucha y los enfrentamientos contra el poder reinante y los lazos que los unían al imperio de EEUU, a través de los entreguistas criollos de nuestros países Latinoamericanos.

El río de los pájaros pintados.

En el Uruguay, la crisis se venía gestando desde la década anterior, las exportaciones quedaron sumergidas, generando un estancamiento progresivo y el fin de un posible desarrollo industrial. Paralelamente comenzaron las persecuciones, encarcelamientos, censura de los medios de prensa, ataques sindicales y estudiantiles, culminando con los primeros asesinatos de tres estudiantes en 1968.
El 27 de junio de 1973, Juan María Bordaberry disuelve el Parlamento, pasando en un solo acto de presidente a dictador y de Estado a Terrorismo de Estado.
Quince heroicos días de Resistencia, frente al golpe fueron el otro lado de la moneda, con la Huelga General liderada por obreros y estudiantes, a la que se sumaron todas las fuerzas sociales antidictatoriales.
La larga noche del miedo

Este fue el comienzo de una larga noche, que dejó la triste cifra de 116 asesinados y casi 200 desaparecidos. Uruguay lleva el triste galardón de haber tenido la mayor cantidad de presos políticos, proporcionalmente a su población.

¡La generación de oro!

Así llamada por algunos a ¡nuestra generación!
La irrupción de una muy amplia juventud en esas luchas populares emprendidas en esos años. Desde los sectores juveniles cristianos con la teoría de la Liberación que impartían los curas tercermundistas, formadores de espíritu libertario, unidos a debates ideológicos estudiantiles, una única central obrera con sus diversas tendencias, fueron templando nuestros corazones.
Nos dejaron como impronta: no ser indiferentes ante el dolor ajeno.
Las fábricas; con sus organizaciones sindicales fueron escuelas de crecimiento personal y colectivo.
Y por estos lados uruguayos la consigna que sintetizó a toda esa experiencia fue: ¡obreros y estudiantes unidos y adelante!
Esto tuvo su corolario, el día que efectuaron el Golpe de Estado, aquella madrugada del
Intenso invierno del día 27 de junio del año 1973, cuando las fuerzas vernáculas civiles y militares usurparon el poder, en ese preciso y decisivo instante los obreros y estudiantes codo a codo enfrentamos el poder desafiante de muerte; con rebelión y corazón.
Apertura al pasado.
Para muestra basta un botón.

Sabíamos que el Parlamento seccionaría por última vez, ese día desde las 5 de la mañana nos despertamos con marchas militares y música folclórica.
En los estatutos de la Central obrera CNT constaba desde el año 1964 la declaración de huelga general ante un posible golpe de Estado.
Eran las 6 de la mañana de ese día fatídico cuando todos los trabajadores se aprestaban a ocupar sus fábricas, oficinas, centros estudiantiles, etc.
Yo trabajaba en una fábrica del gremio del dulce Ricard s.a
Pronto se llamó a realizar una asamblea general para informar a todas las trabajadoras en su mayoría de ese lugar, de los riesgos de esta medida a tomar: ocupar la fábrica y resistir.
En forma organizada nos distribuimos las tareas, realizar peajes, recibir la ayuda de los vecinos cercanos que en forma espontánea se acercaban con alimentos y abrigo para resistir esa larga y dura lucha.
El empuje de los comités de base del grupo de izquierda político Frente Amplio, tomó impulso desplegando a sus militantes en diversas direcciones.
Avanzada la mañana, ya se iban teniendo las noticias de la fuerte represión desatada en varias partes del país.
En contraposición las fuerzas populares se iban agrupando y efectuando medidas de resistencia e información de lo sucedido.
Las fuerzas militares y policiales, iban desalojando con fuerte represión los lugares ocupados, deteniendo a la gente con sus carros antimotines.
Ocupábamos y nos desocupaban, así se mantenía la resistencia heroica.
El 30 de junio se anunció por cadena de radio y televisión que la central obrera había sido declarada ilegal. Todos sus dirigentes pasaban a la clandestinidad, y parte del pueblo a darles cobertura para poder salvarlos y seguir delineando las estrategias de la lucha.
El capítulo de esta etapa culminó con una gran concentración en la avenida principal de Montevideo. Allí se puso a prueba el coraje y la dignidad de buena parte de nuestro pueblo que dejó sin base social al nuevo régimen entronizado en el poder.
Al grito de “abajo la dictadura fascista” la arremetida del ejército puso al descubierto la valentía de nuestra gente.
Corrimos en diferentes direcciones, la mayoría hacia las calles adyacentes para volvernos a reagrupar y tomar revancha con piedras, con lágrimas, con miedo, pero volvimos juntos. Y otra vez lo mismo, las balas, los gases, los palos, las detenciones.
Corrimos ya a la desbandada ayudándonos entre nosotros, muchos sin conocerse, para levantar a los heridos de entre las patas de los caballos y sacar de las manos de los milicos a los que querían detener. Así vivimos ese día histórico. Los estudiantes con valentía y la experiencia adquirida en las manifestaciones del 68 y aún antes, tironeaban de los caballos para hacer caer a los milicos que se defendían a fustazos.
Algunos lograron llegar a la Plaza del Entrevero y se sumaron a quienes daban la pelea allí. Otra vez lo mismo, el aire espeso de los gases y el olor a pólvora por todas partes. Los gritos de los heridos, todo era un revoltijo de lucha y sangre.
Y después la retirada al llegar los tanques por la calle Agraciada, los ojos llorosos de impotencia ante la barbarie y la prepotencia, el corazón apretado de congoja y rebeldía.
Algunos lograban escapar, otros grupos aún seguíamos dando batalla, unos acorralados, otros/otras tercamente peleando lo inevitable.
Con dignidad, todos dejamos una marca indeleble en la historia de nuestro país. Después vino la muerte, la persecución y en aquel muro escrito con crayón por Walter Medina asesinado por la espalda “Abajo la dictadura, consulta popular”, quedaría como legado seguir resistiendo desde la clandestinidad hasta vencer…


Martha Helena Passeggi.


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