sábado, 7 de mayo de 2011

16º Marcha del silencio 20 de mayo

Difundirlo es sembrar Memoria.

Este 20 de mayo se cumple la 16º Marcha del silencio.

Como todos estos años Madres y Familiares, con sus fotos en blanco y negro de sus seres queridos, recorrerá la avenida principal de nuestra ciudad.

Su lucha por Verdad y Justicia no ha retrocedido a pesar, de los obstáculos impuestos desde las parcelas de poder que aún mantienen aquellos que usurparon la vida a una generación de jóvenes luchadores.

Encolumnados todos a Madres y Familiares de Detenidos-Desaparecidos hoy más que nunca: tu presencia es necesaria.

Un año con significativos hechos en el acontecer político y judicial, hacen que redoblemos nuestro compromiso con las Madres. Incansables luchadoras que nos han enseñado el camino por la búsqueda de la verdad.

Y con sus consignas escritas en pancartas, que a lo largo del tiempo, fueron faros de luz que marcaron historia.

Así como sus cartas públicas dadas a conocer a toda la población; fueron mensajes claros hacia el poder político; exigiendo compromisos y responsabilidades para esclarecer los hechos del pasado reciente. Un pasado que no termina de pasar.

Este año comenzamos con situaciones que produjeron alarma pública desde los mismos estamentos militares del pasado, reviviendo debates que solo confunden a ex profeso

a la ciudadanía y cargan de angustia a las víctimas del terrorismo de estado.

No se puede seguir tergiversando la historia, acá no hubo una guerra. Acá lo que hubo fue una ocupación de las propias fuerzas armadas instigadas por los civiles que usurparon el poder y se entronizaron durante 12 años. Cercando a todo el pueblo y convirtiendo al país en una gran cárcel

Por todas estas razones el 20 de mayo debemos estar acompañando a Familiares, en silencio porque así lo decidió hace muchos años.

Punto de partida de la Marcha del Silencio: Rivera y Jackson hora 19

Por Verdad y Justicia: renueva tu compromiso con

Madres y Familiares.

Convocan: Madres y Familiares, Amnistía Uruguay, SEDHU, IELSUR, SERPAJ, Pit-CNT, Frente por verdad y Justicia, FEUU

Entre otras organizaciones.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Prensa Efe


Roger Rodríguez, "en materia de derechos humanos no hay nada negociable"

Al recibir hoy en Barcelona el Premio Casa América Cataluña a la Libertad de Expresión en Iberoamérica.

Foto: Hilda Mujica


Barcelona, 2 may (EFE).- El periodista uruguayo Roger Rodríguez ha afirmado que la función de los periodistas es "desenmascarar" y "tratar de llegar a la verdad" para que se cumpla "el derecho a estar informado", al recibir hoy en Barcelona el Premio Casa América Cataluña a la Libertad de Expresión en Iberoamérica.

"Cuando se sabe la verdad, se exige la justicia", ha manifestado Rodríguez en su intervención en un acto celebrado en la sede de la Fundación Casa América Cataluña con motivo de la entrega del galardón, que cumple este año su sexta edición, y en presencia del embajador de Uruguay en España, Carlos Pita.

El Premio, dotado con 6.000 euros, tiene como objetivo reconocer la tarea de medios de comunicación colectivos o profesionales que se distinguen en el ejercicio del periodismo orientado hacia la defensa de las libertades de expresión, información y opinión en la comunidad iberoamericana.

"Para mi el periodismo es mi forma de vivir", ha subrayado Rodríguez, cuya labor, desde hace años, ha sido investigar y denunciar los abusos a los derechos humanos, los casos de asesinatos, torturas y traslados clandestinos de personas ocurridos durante la dictadura en su país y otras naciones de la región.

El periodista, que en la actualidad investiga para la Fundación Mario Benedetti casos de violaciones de derechos humanos y escribe para la revista Caras&Caretas de Montevideo, ha reivindicado la necesidad de buscar la verdad y dar "contenido" a la información, aportar los elementos para que los ciudadanos "piensen".

Rodríguez, que ha denunciado los "oligopolios" de los medios y una "cultura de la impunidad", ha pedido para su país la anulación de la Ley de Caducidad para que comience "la transición final".

En declaraciones a Efe, el periodista ha subrayado que esa ley, cuya derogación es objeto de debate y polémica en Uruguay, "institucionaliza la impunidad".

"Si no existe esta ley, terminaremos el proceso de transición interno", ha considerado, antes de agregar que "hay que cambiar la cultura de la impunidad por la cultura de los derechos humanos".

"La ley ya no funciona; hay militares que han sido ya juzgados.

Lo que implica la anulación de la ley de caducidad es un acto de justicia histórico; hay un mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que obliga a Uruguay, como país firmante, a anular esa ley", ha subrayado.

Sobre la concesión del premio que le ha sido entregado hoy, Rodríguez ha indicado que se trata de "un premio importantísimo" que le llega en un "momento de tensión" y cuando ha recibido amenazas de forma "más sutil y cruel" que, dijo, en otras ocasiones.

"Una cosa es el insulto telefónico. Otro el método Juarez, Colombia. Se te insulta públicamente y se publica el plano de tu domicilio. Es una incitación. Más grave que una amenaza directa", ha destacado.

El pasado febrero, la organización militar "Foro de Libertad y Concordia" publicó en su página de Facebook insultos contra el periodista además de sus datos personales, dirección y mapa de su residencia.

Diversas asociaciones y organismos de prensa, entre ellos la Asociación de la Prensa Uruguaya y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), emitieron comunicados de condena a estas amenazas y de solidaridad con el periodista.

"Sin verdad no habrá justicia", ha insistido hoy en el acto en el que ha recibido una litografía del caricaturista argentino Miguel Repiso, Rep, de manos de Antoni Traveria, director general de Casa América Cataluña, institución que celebra este año su centenario, y de Manel Vila, representante del Ayuntamiento de Barcelona.

En opinión de Roger Rodríguez, "en materia de derechos humanos no hay nada negociable".

"Yo creo en la verdad. Yo trato de encontrar verdades.Investigo para que se sepa. Una vez se sabe, que llegue a quien corresponde hacer justicia, pero sin trabas", ha señalado.

Y ha añadido: "Exijo la libertad de expresión; la libertad de juzgar, con todos los derechos. Los políticos que hagan lo que tengan que hacer".

Fuente: Efe

martes, 3 de mayo de 2011

Relevan a General

Relevan a General tras discusión con Rosales


Este mediodía, el presidente José Mujica se reunió en el Parlamento con el vicepresidente, Danilo Astori, en una visita sorpresiva.

Según informaron fuentes del Ejército a El País, Mujica le transmitió a Astori que el comandante en Jefe del Ejército, Jorge Rosales mantuvo una fuerte discusión con el comandante de la División del Ejército 1, Gral. Luis Pérez, por temas que estarían vinculados a la anulación de la Ley de Caducidad. El desencuentro entre los militares llevó a que el mandatario decidiera el relevo de Pérez.

Además, durante la reunión, que duró pocos minutos, Mujica se refirió a la posible salida que el gobierno busca sobre la aprobación de la ley interpretativa de la Ley de Caducidad.

Según informó Subrayado, el mandatario le habría informado al Presidente de la Asamblea General que Rosales planteó la posibilidad de renunciar a su cargo si el Parlamento aprueba la ley interpretativa a la Ley de Caducidad.


El asesinato de Aldo Perrini


Todos los colonienses convivimos con uno de los más sádicos centros de tortura del interior del país: el Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia, con frente a la avenida Baltasar Brum. Cientos de uruguayos fueron flagelados en ese establecimiento militar, antes y durante la dictadura, algunos hasta la muerte. Porque en el cuartel de Colonia también se asesinó, y de una vez por todas debe salir a luz esta historia de horror, incluyendo los nombres de algunos de los torturadores que todavía conviven con nosotros.

Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia

Aldo Chiquito Perrini

fue asesinado a golpes por militares en 1974


Carlos Pereira: no tenemos dudas que Chiquito fue muerto en este lugar


carlos_pereyra_webEs otro de los testigos de la causa, también detenido y torturado en aquel fatal 1974. "La idea nuestra es seguir apoyando para que el caso de Chiquito se aclare. A 37 años de haber estado acá hay muchas modificaciones edilicias”, dijo tras la recorrida. “De cualquier forma hay muchas cosas que nos siguen reafirmando la idea nuestra de donde estuvimos en la tortura y compañeros que aseguran que Chiquito fue muerto en tal lugar, cosa de la que no tenemos dudas. Hay cosas que no están modificadas que nos parece que estamos en el buen camino”.

“Encontramos indicios porque aún hay cosas que no modificaron pese a los años”, y agregó que “hay que tener en cuenta que la mayor parte del tiempo estábamos encapuchados, la mayor parte del tiempo medio locos por la tortura, por eso es difícil precisar un montón de cosas”.



Noemí Castillo: "tengo la certeza que lo mataron acá"


noemi_castillo_webEs integrante de una familia que fue devastada por la dictadura por su militancia en el Partido Comunista. Con ellos tuvieron especial saña pero a pesar de la cárcel y la tortura, igual salieron enteros de aquellos oscuros años y continúan luchando para dar testimonio de todo lo que sucedió. “Hasta después de muerta voy a seguir intentando luchar para que Chiquito tenga justicia. Fue una barbaridad lo que le hicieron a él y a su familia. Ni siquiera era militante”, contó Noemí.

A él lo golpearon mucho, dijo, “hasta que se oyó decir te pasaste y no volvimos a escucharlo. A los muchos días, más de 20 días cuando estábamos limpiando la celda encapuchados nos dijeron que Chiquito Perrini había muerto” y “ahí sentimos más miedo porque nos habían hecho simulacro de fusilamiento entonces pensamos que nos iban a matar a todos”.

Después nos hicieron submarino y picana “tengo la certeza de que lo mataron acá”, reafirma Noemí Castillo. “Me siento muy triste más por Chiquito porque nosotros sobrevivimos y nosotros vamos a ver la justicia. Le digo al hijo que después de muerta los voy a ayudar porque fue una injusticia tremenda”.

Piero Perrini: La meta mía es llegar a que los culpables paguen


piero_perrini_webTras la salida del recorrido EL ECO habló con Piero Pepe Perrini: “Hicimos la recorrida, pudimos determinar con los testigos dónde estuvieron, dónde vieron el cuerpo de papá, una testigo que vio el cajón en la enfermería y que se chocó un cajón pensando que era un bote. Se pudo reconocer el lugar donde se encontraba el cajón también y los lugares. Hay unos que están confusos porque 36 años atrás las cosas estaban diferentes, pero más o menos se llegó a una conclusión de dónde había estado”.

Consultado por cómo se siente dijo “me siento bien, normal con los nervios de haber visto donde fue asesinado mi padre, pero contento porque esto cada vez va adelantando más y la meta mía es llegar a que los culpables paguen”. Si bien desconoce los pasos que seguirá la jueza “pienso que de aquí en adelante empezarán a citar a los militares”, señaló.

Reconocieron los lugares donde mataron a Chiquito

El inexorable camino hacia la justicia.

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“Bien, con los nervios lógicos de haber visto dónde fue asesinado mi padre”, contó a EL ECO Piero Perrini tras una recorrida de más de dos horas por el Batallón de Infantería No. 4 en el que Aldo Perrini fue asesinado a golpes por militares en 1974. Ésta es la segunda parte de las notas de la visita al Batallón de Colonia.

Así de cruel era la dictadura en donde civiles cómplices de los militares señalaban que fulano “era comunista” o que “anda en algo raro” siendo sinónimo de peligroso para la sociedad ese “raro” y venían, te llevaban, te golpeaban y como en el caso del padre de familia con una familia ejemplar e hijos chiquitos como el de la familia Perrini, destrozaron su existencia y mataron porque sí a un hombre honesto y trabajador.
Puntualmente una decena de testigos llegaron a las 14 horas a la entrada del Batallón de Infantería No. 4 de Colonia donde habían sido citados por la jueza que lleva adelante la investigación por la muerte de Aldo Perrini dentro del cuartel, el 4 de marzo de 1974. Las hermanas Ruth y Noemí Castillo, Román Chipolini, Carlos Pereyra, Daniel Conde y José Valente eran algunos de los carmelitanos que participaron del encuentro ya que son testigos porque en aquel año ellos también fueron detenidos y torturados por la dictadura cívico-militar.

Junto a su compañera llegó Piero Pepe Perrini, integrante de una queridísima familia por la que todos seguimos reclamando justicia.

Algunos de los ex detenidos ya habían entrado alguna vez. “Hice un recorrido en el Dia del Patrimonio hace varios años atrás”, contó Román Chipolini. “Yo tiemblo cuando veo esto”, señalando los militares en el acceso al cuartel, contaba Noemí Castillo que contó el sadismo del trato de los militares para con las mujeres jóvenes. “A nosotros nos violaron, nos tuvieron sin comer ni tomar agua durante seis días”, contó.

Pasaban pocos minutos de las 14 cuando un automóvil gris del poder judicial se detuvo frente al acceso principal y desde allí bajó la jueza Mariana Mota, la Fiscal Ana Telechea, y la jueza local Beatriz Larreaux y la actuaria.

Allí supimos que la jueza no haría declaraciones y que los periodistas teníamos prohibido el acceso al recorrido, “es orden de aquí adentro”, dijo escuetamente la jueza cuando preguntamos por qué no podíamos acompañarlos. Parece que todavía en el ambiente militar mucha democracia junta les causa trastornos.

Abriendo una ventana al pasado doloroso, los testigos en esta causa judicial recorrieron durante dos horas el predio de aproximadamente cuatro hectáreas en donde se encontraban las caballerizas donde mantenían a la mayoría de los detenidos, parados durante todo el día, encapuchados mirando la pared, el casino de oficiales y su sótano donde con la complicidad de tres médicos de la ciudad de Colonia que aún viven, los militares desplegaban todo su sadismo torturando gente inocente, el patio donde les permitían salir una hora cada varios días y la oficina de interrogatorios al lado de la cocina.

Ya no existe una especie de perreras que construyeron en los viejos gallineros en dónde ponían a la gente que apenas entraba en cuclillas y allí los tenían a la intemperie.

Posibles involucrados en la muerte de Chiquito



La ola que comenzó a andar el 11 de noviembre de 2010, cuando Piero Perrini, junto a su abogado Oscar López Goldaracena, se presentó ante la Justicia, tiene insospechados caminos para muchos protagonistas de lo que sucedía en el Cuartel de Colonia.

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En el escrito presentado por López Goldaracena se solicita a la Justicia los siguientes puntos:
- Remita a la sede copia de los legajos de Ernesto El Tordillo Rama, capitán Bonjour, de Colonia; La Brujita o la Bruja Arab, Emilio Álvarez, que le decían Cococho; Rabito Rivero, también de Colonia; Oficial Sosa; Capitán Baudeauan (El Francés) Tte. Wetwe Owel o Obet, Cte. Betel Soto, Cte. Silvera, Cnel. Wilson. Alférez Leites, Alferez De los Santos. Oficial Sosa (de inteligencia) y Trocce y de los médicos militares Dres. Emilio Visca, Dr. Eduardo Solano y Dr. José Cambón.

- Remita copia de todas las actuaciones e intervención del HOSPITAL MILITAR relacionadas con la atención y muerte de la víctima (según la partida de defunción ocurrida en dicha dependencia el 4 de marzo de 1974 en base a certificado del Dr. José Cambón)

- Al Colegio de Abogados del Uruguay y al Sindicato Médico del Uruguay para que remita todas las instrucciones o actuaciones de la “Comisión de Ética Médica”, si las hubiere, en relación con los médicos militares Dres. Emilio Visca, Dr. Eduardo Solano y Dr. José Cambón (de éste último se ignora si era médico militar), quienes también serán citados a declarar.


Abren las puertas del Cuartel de Colonia

Caso Aldo Chiquito Perrini



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Este jueves se abrieron, por primera vez, las puertas del Cuartel de Colonia para que se investiguen delitos de lesa humanidad; en este caso la muerte y tortura del carmelitano Aldo Perrini, sucedida en el año 1974. EL ECO estuvo presente y dialogó con los protagonistas.

Fue una madrugada del verano de 1974 cuando Aldo Perrini fue trasladado, junto a otros once carmelitanos, al Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia, al mando del Comandante Boscan Hontou. Allí, como consecuencia de las torturas recibidas, murió.

Era un hombre concentrado en su familia y su comercio y a los 34 años presentaba un estado de salud envidiable. No fumaba y por ello, tan arbitrario como su asesinato, fue la causa de muerte que certificaron los médicos civiles que apoyaban a la dictadura en Colonia: "edema de pulmón como consecuencia del consumo de cigarrillo y el estrés", escribieron los hasta ahora impunes cómplices de su muerte.
Por aquellos años oscuros la ciudad de Carmelo recibió una represión brutal, producto de la coordinación cívico-militar que agitaban los fantasmas comunistas y tupamaros. Las víctimas de la tortura y de vejámenes fueron miles en nuestro país, entre ellas están Aldo “Chiquito” Perrini y también los testigos que hoy reivindican la memoria y la verdad y que piden que la Justicia actúe sobre los responsables de tanto dolor.
Ante la Justicia

Este proceso, que el jueves tuvo una etapa muy importante, comenzó cuando en noviembre del año 2010 el homicidio de Aldo Perrini fue presentado ante la Justicia en Montevideo. Con el apoyo del doctor Oscar López Goldaracena, el 11 de noviembre, Piero Perrini, hijo de Aldo, se presentó ante la Justicia con la siguiente postura: “vengo a formular denuncia contra los involucrados que a cualquier título, tengan responsabilidad por acción u omisión, ya sea en calidad de autores mediatos o de coautores, en el CRIMEN DE LESA HUMANIDAD del HOMICIDIO POLÍTICO bajo TORTURAS de mi padre ALDO PERRINI GUALA, todo en mérito a las consideraciones y fundamentos que se expondrán”.

A partir de ahí el caso comenzó a andar y los testigos, uno a uno, declararon en Montevideo, reconociendo haber estado detenidos en el Cuartel Nº 4 de Colonia, y que vieron y escucharon a Aldo Perrini y que supieron de su muerte estando en el Cuartel. “Es más, nos decían los milicos que a nosotros nos había salvado la muerte de Chiquito, porque tenían orden de aflojar la mano”, indicaron testigos a EL ECO.

A pesar de que hoy las autoridades militares han hecho desaparecer muchos archivos, existen numerosos testigos de que Aldo Perrini estuvo preso en Colonia. En el escrito presentado por el abogado López Goldaracena dice que “si bien todos los detenidos estaban encapuchados y esposados, pueden reconocer que Aldo Perrini estaba siendo torturado, porque sentían sus gritos. Perrini era dueño de la heladería más popular de Carmelo y entonces, para identificarse, gritaba ‘¡Helados, helados!’. Los testigos narran que estaba totalmente quebrado, golpeado y que aún así seguían torturándolo. Asimismo, señalan que ‘un día no lo escucharon más’”.


Inspección ocular, no reconstrucción

Con López Goldaracena


Oscar López Goldaracena, abogado denunciante de la muerte de Aldo Perrini, indicó a EL ECO que “nosotros pedimos la ida al Batallón, no para una reconstrucción de los hechos, sino para que los testigos que declararon vean si se puede ubicar físicamente el lugar donde se torturaba y donde mataron a Perrini”.

Para llegar a esta instancia, la jueza Mariana Mota “hizo lugar”, la fiscal Ana Telechea estuvo de acuerdo, y además, algo que remarcó el abogado querellante dándole amplitud al caso: “Se pidió autorización a la Suprema Corte de Justicia para hacer la diligencia fuera del departamento. Se autorizó por ésta y se diligenció para efectuarla”.

También el abogado sostuvo que “el ministerio de Defensa realizó informes y mandó parte de lo que se le pidió, razón por la cual se le solicitó una ampliación de nueva información”. Y luego destacó que “se está pidiendo un expediente al Supremo Tribunal Militar donde constaría que Perrini estuvo en el Hospital militar o hubo participación del Hospital Militar en Montevideo”.

En esta visita al Batallón Nº 4 de Colonia, lo más importante, según López Goldaracena, es “que se va a concurrir al lugar para verificar y tener una referencia espacial y que los testigos puedan identificar físicamente el lugar donde estaban los detenidos políticos y donde fue torturado y muerto Aldo Perrini. Es el objetivo de la visita”.


Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia

Tortura a picana, submarino y plantón

por Fredy González

Todos los colonienses convivimos con uno de los más sádicos centros de tortura del interior del país: el Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia, con frente a la avenida Baltasar Brum. Cientos de uruguayos fueron flagelados en ese establecimiento militar, antes y durante la dictadura, algunos hasta la muerte. Porque en el cuartel de Colonia también se asesinó, y de una vez por todas debe salir a luz esta historia de horror, incluyendo los nombres de algunos de los torturadores que todavía conviven con nosotros. Por Decreto del Ministerio de Defensa Nacional, Orden Nº 450 de la Inspección General del Ejército, con fecha 22 de abril de 1939, nace el Batallón de Infantería Nº 4 de la ciudad de Colonia, hasta ese entonces denominado Batallón de Infantería Nº 11, unidad creada en 1842, durante la Guerra Grande. Su origen, obviamente, no estuvo determinado para la ocupación y represión internas, ni para combatir contra sus propios compatriotas que luchaban por la gestación de una patria más digna y equitativa para todos. Eso vino después. Experiencias anteriores de dictaduras militaristas fueron animando la creación de una fuerza inhumana, sádica, terrorista y antidemocrática, que fundamentaba sus acciones en una mentirosa defensa de esa misma democracia por ella violada. De esa violación nacieron estos hijos, con fecha de parto 27 de junio de 1973, aunque el feto de la traición ya venía desarrollándose desde mucho antes, en el vientre de la mal llamada seguridad nacional, amenazada por ellos mismos. Así, la milicia oriental (aunque con visa extranjera) fue convirtiéndose en una subraza de mano de obra barata y descalificada que atentó contra las mejores ideas de soberanía nacional y contra quienes las sustentaban. Los militares uruguayos (de ideas foráneas) se fueron apartando de sus congéneres, por manija de sobreestimación discriminatoria con matices fascistas, según el grado; con convicción en los altos mandos, con ignorancia de buena parte del personal de tropa, y también con la renuncia de militares realmente demócratas, que luego fueron castigados por serlo, a manos de sus propios ex pares.

Todas las marchas y contramarchas en las investigaciones sobre violación a los derechos humanos, que aparenta estar llevando a cabo el neo gobierno progresista, nos llevan a suponer que existen otros acuerdos más profundos y comprometidos que los que se dan conocer, que provienen desde el mismo Pacto del Club Naval y que podrían estar abonando el terreno de una posible ley de punto final, como la que existió en Argentina, y fue recientemente abolida.


La impunidad con que se manejan hoy los militares -que, a fuerza de paradoja, estarían aportando pruebas contra ellos mismos...¿?-, incluso a través de veladas amenazas y de confesiones (inconfesadas antes) de haber participado en acciones represivas en el marco del Plan Cóndor, por parte de efectivos todavía en actividad, nos hacen suponer (con muy escaso margen de error) que todas las fuerzas represivas del país continúan intactas y preparadas para actuar contra quien sea, llegado el momento, aunque desde el gobierno se insista con que hoy no están dadas las condiciones para ello. Los militares jamás se manejan con propias estimaciones coyunturales, porque no están adiestrados para un análisis de situación, sino para responder a las órdenes del poder real, el que está incluso por encima de quienes -coyunturalmente- ostentan hoy la administración del Estado, que no así las megadecisiones.


Y para intentar crear un país nuevo y limpio de todo pasado dependiente no basta -en este caso puntual- con depurar las fuerzas armadas -como se ha venido diciendo, aunque no se ha hecho- sino que es preciso y urgente el desmantelamiento absoluto de todas las fuerzas represivas, brazo armado del poder real extranacional.


Por eso no alcanza con respetar el cumplimiento del artículo 4º de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del estado (ley de impunidad), ni de simplemente identificar algunos de los crímenes cometidos durante la llamada guerra sucia, o con hallar el sitio donde yacen los cuerpos de algunas de las víctimas de esas coordinadas operaciones de inteligencia. Lo que exigimos ante quienes nos marketinean la consigna de un nuevo país es que todos los responsables de esos delitos vayan a la cárcel por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra un pueblo entero, que no prescriben por más tiempo que pase.


El gobierno encabezado por el presidente Tabaré Vázquez nos ha pedido –muy reiteradamente- que colaboremos hacia la construcción de ese nuevo país. Lo menos que nosotros exigimos -por tanto- es que no se haga oídos sordos a nuestra voz.


La nota que estamos prologando es, entonces, un aporte para conocimiento de los gobernantes y para la conciencia cívica de todos los uruguayos, con especial atención a los habitantes de Colonia. Si -por ejemplo- en Argentina logró desmantelarse la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de tortura y muerte de aquel país, ¿con qué parte de nuestra jaqueada dignidad debemos aceptar que el Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia -uno de los mayores centros de tortura del interior del país- se mantenga todavía en pie, para dolor y vergüenza de todos quienes habitamos este pedazo de tierra uruguaya?


Lo que sigue son algunos testimonios reales, de gente real, que padeció ese infierno en el cuartel de Colonia; gente que se niega a olvidar.

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Amado Curbelo, coloniense Los mandos, los médicos


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– ¿En qué fecha fuiste detenido?
– El 6 de julio de 1972.

– Y te llevaron al Batallón 4.

– Al Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia. Yo vivía en Ruta 1, antes de lo Bernardi. Desde que llegan a mi casa me ponen la capucha y me esposan. En el cuartel, ya de entrada me ponen de plantón. Me meten en un lugar que no sabía qué era, esposado y encapuchado,y me paran diciéndome que tengo que tener los pies juntos y las manos al costado del cuerpo, rígido, sin moverme. Había un milico con un garrote haciendo un control personal de esa posición. Era absolutamente desgastante. No te llevaban al baño, y si te movías te daban un garrotazo, y si caías dormido otro garrotazo. Ese es el plantón que vivimos todos los detenidos en el cuartel de Colonia, que fuimos -sólo entre junio y setiembre del '72- unas sesenta personas, entre mujeres y varones, contando concretamente los que después quedamos presos, porque por el batallón de Colonia también pasó un número incalculable de gente que sufrió todo eso pero que no la dejaron detenida. Las mujeres estaban recluidas en la parte que da a Baltasar Brum, y los varones estábamos en un galpón dividido por fardos de alfalfa, chapas de Coca Cola y elementos de Sudamtex. Eran como pequeños espacios, a los dos costados del galpón, donde solamente cabía el colchón. Después del plantón -donde unos aguantaban un día y otros hasta cinco días- unos eran metidos al submarino, que era un tanque de Coca Cola con agua y una tabla donde deslizaban al detenido, y lo zambullían hasta que el encargado de dirigir la tortura ordenaba sacarlo.

– ¿Quiénes eran esos "encargados"?

– El encargado de dirigir la tortura era Ernesto Rama, que le decían El Tordillo. Yo esa tortura del medio tanque no la viví, pero después que uno "aceptaba" firmar la declaración de pertenecer al MLN-Tupamaros, ponían al detenido en ese espacio que te relaté. Nos despertaban a las seis y media de la mañana, nos hacían doblar el colchón, nos sentaban a un metro de la pared, y en ese espacio estábamos todo el día, hasta las ocho de la noche, sentados sobre ese colchón, mirando la pared, incomunicados, sin poder hablar. Algunos teníamos una claraboya alta, por la que podíamos ver algún pájaro o alguna hoja durante tres meses; otro no, sólo veían la pared durante todo el día. En algunos períodos no nos llevaban al baño -ni esposados, ni encapuchados- y cuando queríamos hacer nuestras necesidades, el soldado que recorría constantemente el galpón nos alcanzaba una lata de dulce de membrillo con cuatro o cinco litros de capacidad. A veces la guardia era más "humana" y nos llevaba al baño, lo que por lo menos nos permitía caminar y salir de ahí aunque sea diez minutos.

– ¿No había ninguna posibilidad de verse entre los presos, en esa época?

– No. Ese espacio estaba tapiado por los cuatro costados.

– ¿También comían ahí? ¿Qué les daban?

– Sí. Nos daban un cucharón de café con leche y media galleta de mañana, un cucharón de guiso y media galleta al mediodía y otro cucharón y media galleta a la tardecita. Pasábamos mucha hambre, pero eso no es lo importante.

– Además de lo poco que les daban, tampoco era una comida "limpia"...

– No. A la espalda teníamos una lona, entonces a la hora que dos milicos nos traían ese guiso, en una olla grande de aluminio, movíamos la lona apenas un centímetro y veíamos que en el camino escupían la comida, que le tiraban soretes de perro adentro, que la meaban... pero la comíamos igual. Los días de plantón que cada uno de nosotros vivió, más los que vivieron el tacho y todo eso, era hasta que el detenido firmaba la declaración que ellos querían que firmara.

– ¿En el '72 todavía no se usaba la picana eléctrica?

– Yo no tengo información de que a algún detenido le hayan aplicado la picana en ese período de tres o cuatro meses. Tampoco puedo decir que no se usara. No escuché relatos de picana durante ese período. Hay mucha gente que prefiere no contarlo, porque es tan traumática la tortura que a veces es mejor olvidarla. Para mí es mejor exteriorizarlo, decirlo.

– ¿Ya había pasado Raúl Sendic por ese batallón?

– No. Sendic fue detenido en setiembre del '72. Nosotros no lo vimos. Además, esos tres meses, en esas condiciones, se nos terminan cuando vino el juez militar, en octubre de 1972. Cuando el juez militar nos hace firmar la misma declaración que ya habíamos firmado bajo tortura -con todo el circo mediante para darle una imagen jurídico militar- nos levantaron la incomunicación, pudimos ver a nuestros familiares cinco minutos cada uno, ese galpón se transformó en un galpón abierto, y esa "supervivencia" cambió: podíamos recibir comida de afuera, hacíamos quinta... En marzo del '73 cambia toda la oficialidad en el Batallón Nº 4 y empieza otra etapa, que yo no llegué a vivirla. Nosotros tuvimos alguna experiencia con el nueva comandante Soto, y su señora que también era militar, que entraban de noche, cuando estábamos durmiendo, y nos insultaban, pateaban los colchones, haciendo una especie de bravuconada que ya no asustaba a nadie. Eso fue lo que yo personalmente viví; la persona que estoy seguro que era la encargada de la tortura era Ernesto El Tordillo Rama, como tampoco tengo ninguna duda del resto de la oficialidad que en ese momento actuó: el capitán Bonjour, de Colonia; Emilio Álvarez, que le decían Cococho; Rabito Rivero, también de Colonia; Sosa, que también era oficial; y en cuanto a los médicos, yo sólo sabía que estaba el doctor (Eduardo) Solano y también había algún otro médico que ahora no recuerdo.

– ¿Cuál era el papel de los médicos del cuartel?

– El control del estado físico de los detenidos torturados.

– ¿También supervisaban la tortura?

– Los médicos por lo general no hablaban, y como uno estaba encapuchado..., simplemente con la cabeza decían que nos siguieran dando o no. Pero, esa era la función que cumplían: supervisar si algún torturado manifestaba algún síntoma que a ellos les parecía riesgoso...

– En aquella época, que todavía no era dictadura sino "estado de guerra interno", estando incomunicado, encapuchado y esposado en el cuartel, ¿qué esperabas que vendría después?

– Cuando hablamos de dictadura no tenemos que hablar de un cambio brusco, donde se pasa de blanco a negro. Fue un proceso. Las medidas prontas de seguridad arrancan en el año 1958, donde ya hubieron sindicalistas presos, con un gobierno blanco. Ahí se inventan esas "medidas". En el año '68, los funcionarios públicos tienen que ser algo así como reservistas del Ejército. Tuvimos que ir al cuartel y firmar como que estábamos a disposición si éramos agredidos desde el exterior. Ese año, cuando AEBU decretó un paro, vino el comandante del cuartel y nos dijo si éramos conscientes que nosotros, de acuerdo a las leyes, habiendo medidas prontas de seguridad no podíamos hacer paros. Hicimos el paro, y a todos los funcionarios bancarios oficiales del departamento nos llevaron al cuartel. Nos metieron en otro galpón, y a los de Colonia nos llevaban todos los días a trabajar, durante diez días. O sea que en 1968 ya detienen y encarcelan a trabajadores que hacen un paro. Ese fue, para mí, el primer escalón. Las medidas prontas de seguridad fueron una constante durante el gobierno de Jorge Pachecho Areco, o sea que no podemos hablar de dictadura a partir del 27 de junio del '73. Tenemos que hablar de un proceso escalonado, donde no solamente se metía gente presa, sino que murieron estudiantes en la calle, y se sucedieron una serie de hechos que tienen esa fecha como algo casi simbólico. Porque antes de eso también hubieron muchas muertes, muchos torturados, muchos presos.

– Incluso se llegó a matar gente por tortura en el Batallón 4 de Colonia, Aldo Perrini por ejemplo...

– Sí, eso fue en el año '73, cuando yo ya estaba en el penal de Libertad.

– ¿En Libertad escuchaste comentarios de que el cuartel de Colonia era uno de los más jodidos del interior del país?

– Nosotros lo vivíamos; porque en el penal estábamos presos junto con compañeros que habían sido detenidos en todos los cuarteles del país. Por los relatos que nosotros recibíamos, no sé si era el primero -yo creo que era el primero-, pero sí uno de los tres más sádicos y sanguinarios en tortura. En el penal de Libertad todos los meses cambiaba la guardia; venían de un cuartel distinto todos los meses. Cuando le tocaba al cuartel de Colonia ya todos los presos del país sabíamos que se endurecía la mano, en sanciones sin visita, sin recreo, y sanciones en "la isla", que era la sanción de aislamiento total.

– ¿Qué era -concretamente- "la isla"?

– Era un cajón de cemento, sin luz natural, con una lamparita todo el día, sin agua, sin colchón. Estabas absolutamente solo las veinticuatro horas del día. Ahí se las "ingeniaron" para colgarse dos compañeros; muchos salieron con problemas psíquicos que les quedaron para el resto de su vida; era el elemento de tortura en el penal de Libertad. Y había un milico psicólogo, Brito de apellido, que era el que indicaba el tratamiento a los presos, el de generar una especie de inestabilidad emocional constante, de aflojar y apretar, de sancionar por guiñar el ojo en una fila o porque a algún milico no le gustó cómo te moviste o si te olvidaste de sacarte el gorro cuando andábamos en fila para comer, para el recreo...

– Y acá, en el batallón de Colonia, ¿que era lo que más jodía, la tortura psicológica o la física?

– La física tenía un tiempo y un espacio. Hasta que el detenido aceptaba lo que ellos querían que aceptara era una tortura violenta y corta; entonces si uno se mentaliza capaz que la aguanta. El resto del tiempo que vivimos era una tortura más desgastante, más lenta, como aquella de la gota de agua arriba de la cabeza... Yo recuerdo que venía un milico y gritaba bien fuerte en el galpón: "¡detuvimos al hijo de fulano, a la mujer de mengano!". Me acuerdo de Cedrés, que fue profesor de UTU, que entró un milico y dijo "¡al hijo de Cedrés lo tenemos ahí, y a la mujer también!", y le dio como un ataque, y el hombre quedó mal de la cabeza; siendo que la mayoría de las veces era falso. Ese tipo de shock...

– ¿Por qué sería el batallón de Colonia uno de los más sanguinarios?

– Yo creo que tiene mucho que ver Ernesto Rama. El comandante era un tal Silvera, que después lo sucucharon donde repartían los uniformes y la comida de los milicos, porque no agarraba la línea. Pero el que realmente mandaba era el Tordillo Rama.

– ¿O sea que ese sadismo no obedeció a ningún plan sistemático?

– Creería que se debió a la presencia de este individuo, que disfrutaba con torturar. Él integraba la Organización Comandos Antisubversivos (OCOA), un grupo que no respondía a los mandos naturales. El nombre de guerra era Oscar, y creo que Ernesto Rama era Oscar 1 u Oscar 2; y se ha dicho que era uno de los que cruzaba a la Argentina a actuar como comando. Podemos imaginarnos a qué. Debe tener mucho que ver con la muerte de Michelini y Gutiérrez Ruiz, y con otros muchos uruguayos.
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Ramón De Pizzol, coloniense "Visca dijo: Denle más,
que se hace el vivo"

-

– ¿Se puede decir que el Batallón 4 fue uno de los mayores centros de tortura del interior?
– En el penal de Libertad el 4 era uno de los que estaba... no sé si primero, pero andaba ahí, andaba muy arriba, eran bastante "groseros" en algunos aspectos, enfermizos incluso. -

– ¿Habrá sido casual o premeditado que fuera así?

– Yo pienso que ha sido una cuestión premeditada, una orden dada por los mandos superiores, que en algunos casos -por la misma condición del torturador o de los que lo mandaban- podía ser hasta más grave todavía.

– ¿Cuándo te detuvieron?

– El 16 de octubre de 1973.

– Ya era dictadura; ¿sabés si recrudeció el trato a los detenidos con relación a los meses anteriores?

– Hasta esa fecha, del cuartel yo no conocía nada. Al único que conocía, porque lo veía cuando salía del banco, a las siete y cuarto, buscando unas damas en el Hotel Colonial, era a (Boscán) Hontou, en una camioneta que siempre estaba a contramano. Lo poco que conocía fue de cuando me llevaron detenido una semana, en el '69, cuando la huelga.

– En la última detención, en 1973, ¿cuánto estuviste en el cuartel antes de que te pasaran al penal de Libertad?

– Me llevaron preso en octubre del '73, y al penal me parece que fui en febrero del '74, más o menos.

– ¿Cómo era la vida en el batallón de Colonia?

– Tenía altibajos. Al principio lo que le llamaban "la máquina", la tortura, no tiene plazo. Desde que me llevaron, yo recién supe el día que era el 29 de octubre, a las cuatro de la tarde, cuando un soldado me lleva a bañar, y al verme los moretones que tenía me pregunta "oh, ¿qué le pasó"... "Me caí", le dije. La tortura era de todo tipo. Arrancaban con una tortura física, que era el plantón, donde yo estuve casi quince días sin dormir. Ahí se te pierde la cabeza, y es muy poco lo que puedo recordar de todos esos días. Y también hubieron otros hechos puntuales, muy desagradables, como el "tacho", el submarino.

– ¿Pasaste casi quince días sin dormir?

– Y sí...; no te dejaban. Los tipos te ponían en posición descanso, donde estabas parado con las piernas un poquito abiertas, siempre encapuchado, por supuesto. Entonces, después de cinco horas así, uno intenta buscar otra posición, moviendo de a muy poquito los pies, y ahí es donde a uno lo golpean. Además había otro dolor, que era el de las muñecas; porque yo soy de muñecas gruesas, y las esposas casi que no me cabían...

– ¿Llegaron a aplicarte el submarino?

– Sí, el submarino también.

– ¿Sólo de agua, o también de materia fecal?

– De agua sólo; del otro no. A mí me dieron como adentro de un gorro, y me dieron tacho más que a ninguno. Cuando te meten al tacho vos entrás en una especie de locura, te enajenás; pero fui muy resistente al tacho, tanto que podía escuchar la voz de un médico diciendo: "Denle más, que se hace el vivo". Te ataban en una tabla y te metían de cabeza en un tacho de Coca Cola.

– ¿Cuánto tiempo duraban esas sesiones de tacho?

– Eran horas o minutos; uno no puede acordarse de eso porque pierde totalmente la noción del tiempo.

– Y te dejaban adentro hasta que no dieras más...

– Hasta que alguien daba la orden de que te sacaran. Y ahí yo pensé, tres o cuatro veces, que la quedaba.

– ¿Siempre había un médico militar presente?

– Siempre. En ese tipo de tortura siempre había alguien que hubiera hecho el juramento "hipócrita", aunque por más que fueran doctores en medicina nadie puede saber cuánto carajo bancás vos adentro... Y entiendo que en muchos casos, cuando la quedaron o cuando murieron, fue porque hubo una "mala praxis", con lo que te estoy diciendo que hubo médicos metidos en el tema.

– ¿Llegaste a reconocer a alguno de esos médicos torturadores, aunque más no fuera por la voz?

– A uno sí: Eugenio Visca. Ese fue el que dijo "Denle más, que se hace el vivo". Así fue lo que dijo Visca. Luego me pasan para el penal de Libertad. Y después que ...... cantó a todos los de Carmelo y a un montón de gente, me traen otra vez para el cuartel de Colonia. Y cuando volví al penal, un compañero que tenía a la mujer presa acá, me pregunta cómo estaba la cosa. Yo le mentí, groseramente, y le dije que estaban a media máquina. Y al otro día nos enteramos que había muerto (Aldo) Perrini, a quien yo no conocí, y lo único que sabía de él era que era de Carmelo.

– Pero sí sabés que lo mataron en la tortura, en el batallón de Colonia...

– Lo mataron en el batallón y a la familia le entregaron el féretro sellado. Y no tengo duda de que murió en la tortura.

– ¿En algún momento llegaste a verle la cara a algún jerarca del cuartel?

– Al único que vi fue a Bonjour (de Colonia), porque una vez me interrogó.

– ¿Lo viste pegarte?

– No. Pero yo supongo que si me pegaban, alguien lo ordenaba. Y si Bonjour fue al oficial que me llevaron, que estaba mandando en ese momento, supongo yo que sería él que lo mandaba... No entiendo mucho esa cuestión del "organigrama" militar...

– ¿Sentiste torturar a otra gente?

– Y sí. Acá en el cuartel fue una cosa espantosa cuando te dejan de torturar y estás acostado en un colchón escuchando que están torturando a la gente, que además la conocés, sentís las voces. Y eso no sé si no es peor que cuando te la dan a vos. Un día estaba durmiendo, por los gritos me despierto, y a un preso le estaban dando de todos lados porque querían ubicar la casa de una mujer que yo conocía, una amiga mía, y al tipo no le salía la ubicación de la casa, entonces le daban y le daban. Y yo, así, sintiendo eso y recién despertado, casi se me da por decir ¡en tal lugar! Menos mal que me callé.

– ¿En el penal de Libertad sentiste algún comentario de gente que hubiera pasado por la picana eléctrica en el cuartel de Colonia?

– No. No toda la gente contaba algo. Los presos hablábamos poco de materias personales, no sé si por seguridad personal o si para no comprometer. En mi caso, quería saber lo menos posible.

– ¿Qué pasaba cuando llegaba la guardia de Colonia a Libertad?

– La guardia en el penal se cambiaba cada quince días, se iban turnando. Había guardias más livianas y guardias más pesadas. La de Colonia era de las pesadas. Era dura. Era de las que más apretaban.

– ¿Qué sentís cuando pasás ahora por el batallón 4?

– Ahora no siento más que un poco de bronca. Pero cuando salí del penal, por cuatro años hacía igual setenta y cuatro cuadras por no pasar por el cuartel. No podía pasar por ahí. Y vamos a no hacernos los valientes ni los corajudos, porque el tipo no sabe quién es hasta que le pasan las cosas. El terror es una cosa que se te mete en la sangre. Yo salgo en el '77, y por cuatro años no hablé con nadie, saludaba de lejos a los amigos, no fui a ningún asado; no quería ni mancharlo ni mancharme. Tenía pánico.

– ¿Ese mismo pánico fue el que llevó a la gente a votar en favor de la ley de impunidad?

– Sí. El plebiscito por la famosa ley de caducidad se votó a favor por el terror de la gente. El tema está en que no es tanto el individuo en sí, pero ¿qué pasa con la mujer del tipo, con los hijos, qué pasa con los comentarios que había en la dictadura de que a todos nos "limpiaban" en Libertad? Esa ley la votó la gente de cagazo...

– ¿Ese miedo sigue todavía?

– Yo no lo tengo; pero el pueblo, en general, está muy desinformado.

– ¿Qué pasaría si hoy se llama a otro plebiscito sobre esa ley?

– Bueno... Yo creo que en este momento desaparecería, ¿no?
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- Jorge Ferrari, carmelitano “Me dieron
picana eléctrica en Colonia”



– Comencemos por tus datos, para la gente que pueda no conocerte porque no sos de Colonia.

– Nací en Nueva Palmira, pero a los tres meses mis padres se trasladaron a Carmelo, así que más bien soy carmelitano. Ahí viví hasta los 25 años. Ahora vivo en Montevideo.

– ¿Durante la juventud participaste, en Carmelo, en algún movimiento partidario o gremial?

– Desde los 14 años, a nivel gremial estudiantil, en el Centro Estudiantil de Carmelo, donde yo era secretario cuando vino el golpe de estado. Muchos de los integrantes del Centro pasamos a ser detenidos políticos.

– ¿Qué edad tenías cuando el golpe de estado?

– 18 años. Hoy que tengo tres hijos, que felizmente también están comprometidos a nivel gremial estudiantil y partidario, uno se hace la idea de lo que fue haber pasado por las mazmorras de un infierno a los 18 años, algo que te marca para toda la vida y que también te deja secuelas que uno sigue arrastrando. Por eso no quisiera que esos horrores se repitan, pero lamentablemente las violaciones a los derechos humanos siguen cometiéndose en Uruguay. La impunidad sigue.

– O sea que sos del mismo pueblo que Aldo Perrini, asesinado en el batallón 4 de Colonia...

– Sí. Chiquito Perrini es un compañero que fue detenido con nosotros, el 5 de febrero del '74, con muchos compañeros de Carmelo: Perrini, José Valenti, días antes Román Chipolini, el Pucho Martínez, Ana Telma Delpratti...

– ¿Qué recordás de la muerte de Perrini a manos militares?

– A los pocos días de ser detenido se ensañaron con este compañero en las prácticas de la tortura, hasta que cayó muerto por la tortura.

– Hablamos de tortura y muerte en el cuartel de Colonia...

– Sí. Los primeros días pasamos por un régimen atroz de tortura. Recuerdo que los torturadores se ensañaron fundamentalmente con dos personas: uno el Chiquito y el otro Pacheco Oroná, que era un contrabandista de botellas, cuando en nuestro pueblo se contrabandeaba la ginebra. A Pacheco lo confundieron con otro del mismo apellido que -según los milicos- había trasladado gente para la otra orilla. A Perrini no lo pude ver porque estábamos encapuchados y esposa- dos, pero sí lo sentíamos. Él vendía helados en Carmelo, entonces para identificarse gritaba "¡helados, helados!". Estaba totalmente quebrado, golpeado, y seguían ensañándose con él. Un día no lo escuchamos más. Era un padre de familia, con dos hermosos gurises, un matrimonio joven....

– ¿Qué viviste en Colonia?

– Pasé por toda clase de tortura: picana, tacho, potro, lo único que les faltó fue violarnos, pero también sufrimos la tortura psicológica cuando sentíamos el pedido de clemencia de las compañeras para que no fueran llevadas nuevamente a salas de tortura o que pasaran por violación. A raíz de todo eso tengo trasplantes en el oído izquierdo medio, debido a las torturas con picana eléctrica; y hace pocos días me dieron de alta del Hospital de Clínicas, donde me sacaron un quiste en el testículo izquierdo; también tengo otro en el testículo derecho; todos los órganos genitales los tengo afectados; y las secuelas psicológicas...

– ¿Llegaste a identificar a alguno de los torturadores?

– En un momento, en una de las salas de tortura, el torturador me saca la venda. Lo que recuerdo es un apodo que él usaba: La Bruja o La Brujita. Llegaba a nuestras barracas y se jactaba diciendo: "¡Llegó La Brujita; apróntense!", que sería el que comandaría la tortura, aunque no era él solo.

– También había médicos militares en esas torturas.

– Sí. Había dos médicos, los dos de Colonia. Uno de ellos era (Eduardo) Solano; del otro no me acuerdo el nombre. Eran médicos militares y supervisaban la tortura.

– ¿A Solano llegaste a verlo en la tortura?

– No, porque estábamos encapuchados. Lo vi en la enfermería cuando me fracturaron tres costillas, me fajaron, y él dijo "ya pueden seguir". Y fui trasladado a un barracón, donde seguí con un régimen de tortura.

– ¿Fue el médico quien ordenó que te siguieran torturando?

– Yo lo entiendo de esa manera.

– ¿Cómo recibís que ahora, un gobierno que se dice de izquierda, le pida informaciones a los propios violadores de los derechos humanos? ¿Cómo interpretás que en este Uruguay de hoy se siga respetando la impunidad de esos represores, aplicando apenas el artículo 4º de la ley de caducidad? ¿Cómo entendés que el gobierno continúe ascendiendo a esos violadores a los principales puestos del poder real?

– Es un gran dolor por los que ya no están con nosotros. Eran nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos los que ya no están. Nos duele mucho que se siga ascendiendo a quienes están involucrados y denunciados por violaciones a los derechos humanos, como Arab, Serrón, Guarino, Rolán, Ruiz... Nos duele que queden impunes declaraciones como las de Lebel, justificando que en los interrogatorios se tenían que implementar los métodos de tortura para sacarles información a los detenidos. El caso de Roberto Rivero, en Colonia, que ejerció en Carmelo, y que se había ensañado con dos curas gauchos: Juan José Ramilo y Mario Guerriero, curas muy jugados en la denuncia a los atropellos que se cometían; la persecución que le hizo Rivero a Ramilo en Carmelo, en Colonia, en Nueva Helvecia...

Publicado en revista González, de Colonia. Octubre 2005


Fredy González


Periodista uruguayo

lunes, 2 de mayo de 2011

Marcelo Jelen La Diaria


Columna de opinión.

La dimensión desconocida


Primero fue el supuesto video que nadie vio. Después fue la supuesta declaración que, en caso de haber sido escrita, ni siquiera fue firmada por las organizaciones que la negociaron, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y la logia militar Tenientes de Artigas. Hace dos meses que el Poder Ejecutivo, el Judicial, el Legislativo, la prensa, militares activos y retirados están colmando paciencias. De vuelta se borronea la historia. De vuelta se confunde a la ciudadanía. De vuelta se desconoce quién es el que manda acá.

No es la primera vez. Pasó cuando Juan María Bordaberry disolvió las cámaras. Pasó cuando el entonces comandante del Ejército, Hugo Medina, se insubordinó contra la Constitución al guardar en su caja fuerte las citaciones judiciales a uniformados hoy condenados por crímenes gravísimos. Pasó cuando la inteligencia militar le tomó el pelo a la ciudadanía diciendo que el asesinado químico chileno Eugenio Berríos estaba vivo y en Italia. Ahora también hay quienes, desde el anonimato, vuelven a sembrar en la ciudadanía dudas sobre quién está a cargo del boliche.
¿Por qué lo hacen? Porque, aunque la historia grande se conoce, la impunidad dejó detalles ocultos que de vez en cuando alguien aprovecha para encajar media verdad o una mentira entera, enorme o diminuta, con el fin de juntar unos votitos, cobrar una factura política, zafar de la condena pública o judicial o conseguir medio minuto de noticiero.
Historia conocida: acá, por más que el Parlamento hubiera declarado en 1972 el “estado de guerra interno”, no alcanzó a haber una guerra. Otras palabras son más adecuadas: lucha, enfrentamiento, conflicto, conflagración, escaramuza. Hubo una organización guerrillera armada grande y otras más pequeñas dedicadas a la propaganda armada. La operación de mayor envergadura fue la toma de una pequeña ciudad durante unas horas. Lo otro fueron ataques fugaces, tiroteos, huidas, fugas de la cárcel, asaltos a bancos y armerías, sabotajes, secuestros, atentados y copamientos. Las Fuerzas Conjuntas y el Escuadrón de la Muerte se dedicaban a ejecutar, torturar, secuestrar y tomar prisioneros. ¿Dónde se vio una guerra sin una sola batalla? Historia conocida: los bandos enfrentados no fueron las Fuerzas Armadas y el MLN-T. Acá se aliaron unos pocos pero poderosos empresarios de los sectores agropecuario, financiero, comercial e industrial con las fuerzas de seguridad del Estado y políticos alcahuetes para explotar mejor a los trabajadores, maximizar sus ganancias y usar bienes públicos como si fueran de su propiedad. La dictadura no fue sólo militar, sino cívico-militar. La Justicia no ha procesado esos delitos económicos.
Historia conocida: estos criminales de traje y de uniforme eran crueles. Siguen siéndolo. Verdaderos monstruos. Sanguinarios. Los tupamaros no fueron las únicas víctimas de su sadismo, aunque con estos juegos de video y el volanteo de libelos a veces lo parecen. A nueve líderes del MLN-T, los denominados rehenes, se los sometió a incalificables sufrimientos. También hubo miles de blancos, colorados, frenteamplistas, militantes de numerosísimos grupos de izquierda, centro y derecha y ciudadanos ajenos a cualquier partido político a los que se destituyó, desterró, encarceló, torturó, maltrató, asesinó y hasta se los desapareció. En cuestión de números, los comunistas fueron quienes más salvajadas soportaron. Y no hacen alarde de eso.
Historia conocida: la dictadura tornó el sistema educativo en sistema de adoctrinamiento, censuró las expresiones culturales que le disgustaban o que no entendía, se ensañó con niños, niñas y adolescentes, vigiló hasta la forma en que se vestía o se peinaba la población y prohibió casi toda actividad política, sindical y social que le representara una amenaza, aunque fuera mínima.
Historia conocida: los líderes del MLN-T mantuvieron en democracia un diálogo fluido con sectores de las Fuerzas Armadas. Incluso antes del golpe de Estado. Tras la dictadura sus interlocutores preferidos fueron los Tenientes de Artigas. Ese trato casi de camaradería, parecido al de los jugadores de rugby, es propio de ex combatientes enfrentados y no es exclusivo de este país ni de estos tiempos.
Historia conocida: luego de la dictadura, los poderes ejecutivos, los parlamentos y la mayoría de los ciudadanos perdonaron a los represores y a sus cabecillas. Sucesivos presidentes de todo color se valieron de eufemismos (el “cambio en paz”, el “nunca más hermanos contra hermanos”, los “viejitos presos” y las “mochilas”), artilugios (la Comisión para la Paz) o fantasmas (la huelga policial de 1992 y la extradición de los etarras) para barrer debajo de la alfombra. Nadie vio el video. Nadie firmó esos papeles. El 20 de mayo, dicen, el Parlamento anulará la Ley de Caducidad. Es de esperar que para entonces el humo se disipe y Uruguay comience a recuperar la Historia que aún se desconoce.
Marcelo Jelen
La Diaria
Portada Noteolvides #6

viernes, 29 de abril de 2011

ANTE EL OPERATIVO DEL INJUSTO DESALOJO EN BELLA UNION



ANTE EL OPERATIVO DEL INJUSTO DESALOJO EN BELLA UNIÓN



COMUNICADO DE PRENSA

Curiosamente, hoy 28 de abril a 22 años del fallecimiento de Raúl
“Bebe” Sendic está siendo desalojado Don Ney Thedy , el unico peludo
de las marchas de UTAA de los años 60, que recibio tierra en los años
'90 del antiguo latifundio de Silva y Rosas que reclamara su
expropiación junto a Sendic.

Ante una denuncia de corrupción de Gonzalo Gaggero (estanciero, deudor
contumaz condonado y ex dirigente gremial de los empresarios) que
hiciera la familia Thedy, el Directorio de Colonizacion expulsa del
campo a este trabajador rural , que produce y vive en la Fracción Nº
52 de la Colonia Eduardo Acevedo a 30 km de Bella Unión.

De un endeudamiento por arrendamiento de 27 mil dolares, Thedy logró
pagar casi toda su deuda (23 mil U$S). En ese momento, al presentarse
bruselosis en su ganado, no pudo reunir los 4 mil dolares restantes.
Cuando Thedy fue a saldar este resto el Directorio de Colonización no
le aceptó el pago, rescindiendole el contrato de arrendamiento.

El Directorio del INC no reconoce su voluntad de pago por estar
vinculado familiarmente a la ocupación de los lecheros de Mandiyú
donde se denunció el amiguismo en la entrega de un campo de Colonia
Artigas a Cesar Melo, un estanciero amigo de Gaggero en el año 2007.

150 Trabajadores rurales y colonos del litoral norte se concentraron
en el predio de Thedy en solidaridad el 26 de abril a ejercer la
resistencia pacífica en el predio para evitar el desalojo. Pero este
jueves 28 unos 80 efectivos policiales cercaron la zona y expulsaron a
los trabajadores rurales del sindicato de UTAA y gremiales de
pequeños productores.
Don Ney Thedy, trabajador rural de 70 años, fue internado hoy en un
sanatorio de Bella Unión durante el operativo policial llevado
adelante para expulsarlo del campo.

Colonización y la justicia actúan muy rápido para desalojar a los
pobres y el estanciero César Melo sigue con los campos del pueblo
otorgados por Gonzalo Gaggero sin que haya concretado la promesa de
sacarlo.


Ney Thedy Pintos:
Don Ney Thedy Pintos de 70 años de edad, nació en la zona de cómo el
dice “la Calpica”, y comenzó a trabajar en las azucareras a los 7
años, donde según cuenta les daban a los gurises “los gringos” unos
escardillos para limpiar los yuyos de las cañas. Plata no conocían,
les pagaban con vales que tenían que gastarlos en la cantina del
patrón. Nunca aprendió a leer o a escribir.
En los años 60 acompaña a Sendic en las marchas a Montevideo,
denunciando las explotaciones antes mencionadas, y es detenido por la
policía por varios días. Sus hijos los cría en una pequeña chacra
fiscal sobre el Rió Cuareim, donde complementaba su trabajo de
cortador de caña con la cría de animales; vacas, chanchos, etc.
Ya en el año 1984, trabajó en una estancia entre Bella Unión y Tomás
Gomensoro, donde cría animales a cambio de su trabajo, sin salario;
situación que cambia en el año 90, donde debe retirarse ya que es
despedido.
Sin querer desprenderse de sus bichos vive en los callejones de la
zona pastoreando los animales; comenzando así gestiones ante el
Instituto Nacional de Colonización, esperanzado de contar con algún
pedazo de tierra con el miedo según cuenta: “vaya a ser que éstos
viejos no se enteren que yo era de UTAA y no me den nada”; dando sus
frutos en el año 1991 cuando es contemplado con una pequeña fracción
de 218 hectáreas.
Se traslada con su familia a la Colonia y allí hay que hacer todo:
corrales alambrados, pozo semisurgente, casa, etc; y vaya ironía del
destino es el único peludo que le toca un pedazo de tierra del
latifundio Silva y Rosas que fueron reclamados en su juventud. En ésta
zona de la Colonia Eduardo Acevedo, tendría que terminar de criar sus
hijos que formarían familia.
Actualmente después de mantener algunas rentas impagas el Instituto
Nacional de Colonización, le quiere retirar el campo, donde ha mal
vendido animales con tal de no perder el predio, haciendo entrega de
una abultada suma que no es reconocida por la la insensibilidad de
quienes están frente al Instituto Nacional de Colonización, que lo
consideran “colono incumplidor”.
No ha cumplido ¿con quien?, ¿con el país?;a pesar de que nunca fue a
una escuela, sus hijos son gente de bien, inclusive su hija es
maestra, sus nietos estudian, algunos en escuela agraria, y otros
prontos para ingresar a la universidad.
Esa persona analfabeta ha tenido la sabiduría de conservar en su
predio los últimos ejemplares añejos de algarrobos e Ñandubay que hay
en la zona (técnicos de INIA, han recogido semillas de éstos
ejemplares para reproducirlos).
Habrá que preguntarle a los señores directores si todo tiene para
ellos valor monetario qué valor tiene todo esto, el que sus hijos y
nietos no sean una carga para la sociedad, o nunca haya estado en el
INAU, ni sean delincuentes, ni drogados.

Quizás su equivocación fue enseñarles a trabajar y a agachar la cabeza.


“Tierra pa’l que la trabaja”, ¡¡no a este injusto desalojo en Colonia
Eduardo Acevedo ¡¡


Grupo de Lecheros Mandiyú.

Colectivo de organizaciones sociales de lucha por la tierra.